Blogia

vocessusurrosrumorygritos

Revista Megafòn

Revista Megafòn

www.revistamegafon.com.ar

Editorial

 

El tercer número de esta revista, no puede menos que hablar también de su nueva edición, que saldrá en formato impreso hacia el mes de Septiembre. El lector podrá encontrar aquí, en la sección Megafón Impresa, el índice de la revista, con la variedad de secciones y temas que presenta.

Sin diferir una de la otra, la transposición resultará ventajosa e incluso complementaria, para demarcar la clara tendencia que se propone.

El contenido de este número es muy variado: desde un exhaustivo estudio de la poesía de San Juan de la Cruz, hasta el entrecruzamiento de la obra y vida de Borges y Neruda; majestuosas reseñas del libro Desde el Jardín de Jorzy Kinski, y del olvidado argentino Arturo Cancela.

Encontraremos también una justa y elaborada sentencia sobre Xul Solar, y un apartado literario sobre la fotografía y su vida en las calles; además de las poesías, reseñas musicales, y films, que siempre incluímos y que nos ennoblece presentar.

Los cuentos que aquí se proponen, intentan, de alguna manera, brindarle al lector la comodidad de la síntesis; aquella forma única de lograr la complejidad, pero a través de un lugar sencillo y modesto.

Agradecemos, por último, a todos aquellos lectores que han enviado sus trabajos, y que desfavorablemente no se incluyen entre estas páginas.

» J.A

Leonardo de León - Un jardín de ironía "Desde el Jardín” es la sátira más relevante que se ha escrito hacia el sistema político de los Estados Unidos, y hacia la hipocresía de algunos estratos sociales.
El protagonista es el señor Chance, un adulto jardinero que vive en la casa de su patrón y se deja entretener frente a la pantalla a colores de la televisión. Nunca ha salido de la casa (pues no se lo permiten) y cuida del jardín de la vivienda."

 

 

 

 

 

 

Jorge Carrasco - La mujer en la obra de Borges y Neruda "Enfrentar la vida a la obra permite un conocimiento más fiable del pensamiento real de los autores. En Borges y Neruda está la prueba de que lo irreconciliable se atenúa cuando se toman en cuenta los avatares de su contingencia existencial. La conjetura de que los destinos humanos mantienen entre sí una unidad esencial, aparece repetida en la obra de Borges."

 

 

 

 

S.L. Cruz - La poesía de San Juan de la Cruz "Los límites siempre son ahogamientos que trazaron otros. Dios, la eterna especulación. Vida, gracia de la materia inerte. Todo encuentro es una ficción pura. Semejante entre ver a Dios y pelear con él. La suprema soledad es lo que nos hace ver a Dios, mezquino de un mundo, de nosotros mismos. Dios, amor absoluto, nos quiere solo para él. (...). Todo encontrar implica un desafío. Una violación. Entonces la poesía debe ser perpetuamente ese encuentro, una recuperación, un éxtasis, un retorno en la naturaleza siempre impura por principio."

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Augusto Munaro - Arturo Cancela y la novela digresiva "Cancela cultivó la sátira con humor, género cáustico inaugurado en la antigüedad por Petronio cuyo fin era combatir la siempre defectuosa realidad con la ironía. Regaló a la posteridad un puñado de obras delirantes, sobresaliendo con su magna: Historia funambulesca del profesor Landormy; por ser un libro decisivo para la evolución de la narrativa argentina."

 

 

 

 

 

Leticia Castro - Xul Solar "Una certeza queda y es  la maravillosa originalidad de este artista, un hombre visionario, incomprendido por la mayoría de sus contemporáneos, un alma sensible y lúdica. La  definición más apropiada fue, tal vez, la que esbozó  Leopoldo Marechal cuando afirmó que cada creación de Solar era, por sobre todas las cosas, un acto de amor. "

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marina Dragonetti - La calle en fotografías: la vida misma "Lejos de lo que expresa la opinión común, la calle no es aquel lugar impasible, vacío y tácito que nos ve pasar día a día como meros transeúntes agolpados sobre el asfalto; sino que, por el contrario, se nos hace presente en toda su vitalidad y cada lugar deviene en algo eminentemente subjetivo, y personal; en otras palabras, es aquel lugar que nos muestra algo de nosotros mismos y de nuestra propia historia."

 


Serie Poesía/Argentina/ El Viento/ Zulma Casas

Serie Poesía/Argentina/ El Viento/ Zulma Casas

 FEDERICO BRANDTNo disponible
Interior con Balcón
1931  | óleo sobre tela | 65 x 54 cms.
El viento

Publicado por zulma, 05 sep 2007

 

¡No entiendo!
¿D ónde están mis
palomas blancas y
mis rosas?

¿Acaso es el viento que
viene atrapar mis sueños?

Después de tanto tiempo
tira de mis cabellos y ríe
sin clemencia.

¡No!¡No entiendo!
Si él me ha visto mojar
mis ojos de impotencia.

Acuno mis secretos.
Me ayudo a cruzar puentes
y ríos para encontrar la flor
de un buen soneto.

Pasamos días y noches
inventando aromas.
Risas y lamentos.

¡ Sí ! Amigos mios.
Es el viento de la tristeza.

Alocado en las alturas
traspasa el espacio y va
deshojando todas las rosas
que encuentra a su paso.

¿Será el momento de buscar
otros rumbos'?
¿Otros sueños?

Mejor esperar que soplen
otros vientos...........................Zulma

Inventiva Social Edición Septirmbre 2007

INVENTIVASocial
Edición SEPTIEMBRE 2007
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmen sual-subscribe@ gruposyahoo. com.ar
Era el tiempo*
Era el tiempo
en que la luna caía
degollada en los brocales
cuando guardé mi llanto
en aquel cuarto
que olía a azahares, a naftalina
y a cáscaras de naranjas secas.
Era el tiempo
en que los niños
existían como ángeles
o fantasmas quietos
o dormidos
y los grandes se secaban el vino
de los labios con la manga del saco
y cantaban esas canciones
donde siempre una novia italiana esperaba
y sin embargo sonreían sin llanto
aunque la voz se les quebrara
como una rama seca.
Invierno, 2004.
*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo. com.ar
-A los amigos y otros poemas-
 EL TRUCO DE OLEJ* 


  
  Apreciamos la maravillosa magia poética de la sorpresa, de lo insospechado, de la dulzura del retorno a la emoción sin explicaciones. Apreciamos lo que se presenta a si mismo sin contexto, criatura y color y sonido en un universo propio y coherente.
    Un muñeco de trazos sutiles, un personaje sin sombra surgió de la oscuridad para hacer bailar las esferas etéreas que se desplazaban como luces, jugando morosamente sobre sus brazos, acudiendo a sus manos o realizando figuras geométricas en el aire. Con el alma en vilo seguíamos las evoluciones de las esferitas verdes danzando imposiblemente en la oscuridad. La dulzura de ese momento se medía en el silencio de los espectadores, todos nosotros conteniendo la respiración frente a lo netamente bello.
    Cada uno de los muñecos estaba creado como desprendimiento de un sueño. Y ese sueño se adivinaba dulce y sereno, coloreado con los distintos y vibrantes colores de la infancia. Rojo, azul, verde. No hacían falta más que tres notas para componer esa sinfonía.
    Y en esa hora que duró el espectáculo, no hubo titiriteros vestidos de negro que propiciaran la ceremonia. Las marionetas caminaron e hicieron acrobacias movidas por la fuerza de nuestra imaginación que no quería despertar de su arrobamiento.
    No hay mayor logro de un artista que el hacer olvidar las varillas y las tramoyas, los hilos o el enorme esfuerzo del ejecutante oculto por detrás de la representació n, que se vuelve realidad única.
    Música, relato simple, movimiento. Sólo ocurría en la sala lo que nos atrapaba por completo la atención y el sentimiento.
    No había en el público ningún adulto. Todos aceptábamos infantilmente la magia, porque la magia era clara, amable y poética. Y los niños, por fin, los niños podían allí darse a la niñez más entrañable.
    Sin gritos ni golpes, sin violencias. Magia.
    El teatro negro del grupo Bosquimanos Koryak nos demostró lo que ya sabemos. Nos demostraron que aún en estos tiempos la niñez es poética, los adultos conservamos la ingenuidad, y los seres humanos por definición somos capaces de apreciar la belleza cuando nos la ofrecen.
    Olej es el pequeño personaje que una y otra vez intentaba realizar su truco. El enorme presentador una y otra vez se lo impedía para presentar otros ejecutantes. Nosotros, claro, una y otra vez estábamos con Olej, porque, como debe ser, otorgábamos nuestro favor al más pequeño, al más débil.
    Olej, finalmente, nos regala para nuestra perfecta alegría la maravilla única de hacer surgir de una caja vacía una paloma. El mejor truco de magia. Porque la magia es magia no porque ocurra por primera vez, sino porque sucede. 


                                              
 *de Mónica Russomanno.  russomannomonica@ hotmail.com 
Personajes*

 
De Rebecca, Una Mujer Inolvidable, el castillo después del incendio. Acción en todo el predio. Nuestros personajes memorizaron —algunos— sus parlamentos. Hay de los que jamás farfullarán. Incluso un gran puñado no habrá de darse a conocer. Apenas se humedecen cuando diluvia, y las espectrales ruinas no son escondite. Advertimos sobre la conveniencia de aspirar a la aprehensión sintetizadora. Hallaréis acaso humor y descrédito; perspicacia y barullo; fundamentalmente, espejismo. Acaso.
De cara a las olas, La Novia, treinta y nueve años, fogosa. Su vestido anti-inflamable, por detalles en el modelito, nos remite a la década del cuarenta. La fijeza de su mirada se disipa al declarar:
—Mis amigos: en esta escena nos diferimos: para más luego, para otra etapa.
Es de gran estatura, pero no soberbia; es pura, pero no ignorante; sus pestañas son largas, pero no tupidas. Belígera, en ocasiones. Ríe y se desgrana. Ofertaría sus incontables suspiros a sucesivos postores; y a postores para toda la vida. No es todavía de noche.
—Debo enfatizarlo: tengo un entripado. De no ser así no estaría acá. Con ustedes. Resquebrajándome.
Se pasa la lengua por el labio superior.
—Se me murió el poeta. A él fui prometida. Obsequio y musa. No logró captarme como sí otros hombres. Y como las damas. Muy bajo en el ranking mi poeta. Versos menudos, hálito íntimo. Flaco, clásico.
Sus manos unidas en el ramo de novia.
—El no vino: se me murió. Y me mandaron sola. Me arrasaron sin forcejeos. Ataviada. Hubo emoción. Contenida. ¿Por qué nosotros, por qué ahora, por qué aquí?... Los designados. El ser visuales pronuncia el desafío. Señan con una caricia.
Su vestido: es de cola.
—Encuentran abiertas las ventanas o se arraciman. Soy el móvil. O bien, es preciso que lo sea.
Piensa. Solloza. Debajo de su tocado.
—Mi belleza es una confabulación. Paradigmática. Los menos, agonizan. Los escabulleron. Sustraídos y depositados. Pasan letra o la olvidan. Aquí caímos de pie los sobremurientes. Los imperecederos. Se adivina.
Piensa. Solloza.
—Tuve mis encantos laxos cuando jovencita. Hubo contramarchas. Hoy es de un modo, pero mañana... Un gigante triste mi mamá. Un gigante triste en su cumpleaños. 
El Hada Madrina no está lejos. Indescriptible a simple vista. Procura aprender un libreto. Nadie distinguiría las frases que desacomoda, que trueca, que zangolotea.
—“El drama de lo monocorde. ¿Y qué del drama de lo monocorde?.. . Mi hermana me dio el ultimátum, mi maestro se distrae, mi amante me dejó.”
Repite. Dos veces.
—“No soy lo que se espera de mí. ¿Quién es lo que se espera, quién lo logra?”
Memoriza sin voz. Hojea nerviosamente. Se sienta sobre una roca.
—“Sé que me dilapidan invocándome. Sabemos hasta un punto. Hasta un punto final.”
Repite varias veces (como al “padre nuestro” o al preámbulo de la Constitución) .
—“Si no nos atuviéramos sería aún espantoso. El desgarramiento. El desgarramiento. El desgarramiento.”
Repite leyendo. Así como:
—“En efecto, soy quien supone. Admitiré errores y poderíos. Me esfumaré sin lágrimas. Elusiva, muy elusiva. Permitiré que me restañe. No cejaré en mi propósito, si lo tengo. Alucinaré, abdicaré. Me constituyo en cada sílaba. Argucia mínima, apretada. El rey asomará y asombrará. Bello como una bandada. Límite para los circunflejos. Tremolantes los enormes senos de La Monja. Los míos en paz. Los enormes, incandescentes. Ahora, beben. Pero los míos, nunca.” 
Subido a un árbol, contempla Otelo las estrellas. Se organiza, siempre se organiza. Su vozarrón estremece. Cuelga de sus vestiduras una larga y lacia peluca blonda.
— ¡Ay, qué solos se quedan los vivos! ¡Qué vacilantes, con tanta mocha reciedumbre! ¡Con tanta descomedida lucidez!
Canturrea:
—“Un Antonio me miró
y un José y un Rafael...”
Sigue:
— ¡Qué impávidos, qué solos se quedan! Apelmazados, estoicos. Transliterados. Colinas, inútil terciopelo.
Un mástil, al que se halla atado por una pata, El Pato Salvaje de Ibsen. Con un cable telefónico. 
La Novia posa para cámaras fotográficas imaginarias. Estornuda. Arregla su atuendo. Maldice inaudible. 
Shakespeare, descalzo. Se despereza. Corretea seiscientos metros hasta donde ha dejado su calzado, en la entrada de la finca. Simula sorpresa al encontrar una bicicleta de carrera (turquesa) al lado de su calzado. Soba a la bicicleta. Retorna cansino a la espesura. Simula dormir. Duerme. Se despabila. Se despereza. Corretea hasta donde ha dejado su calzado. Simula sorpresa al encontrar la bicicleta. La soba. Retorna cansino. Simula dormir.
Personaje de Schiller: más de un cartelito indica: “Personaje de Schiller”. Denota desorientació n. Se saca y pone los cartelitos. También sus prendas.
—Soy los hombros de Wallenstein. Los dedos de Amalia de Edelreich, pero, de ningún modo su paladar. El brío y la intemperancia de... Presunto desdichado, romántico y autocompasivo.
Teme a los rayos.
—Temo a los rayos, a la ira.
El Hada Madrina fuma y tose. Los pómulos con esparadrapo. 
El Pato Salvaje de Ibsen tironea del cable, lo muerde. 
La Novia ha ido descangayándose. Orina creída que lo hace para admiradores.
Shakespeare infla las cubiertas de la bicicleta. Silba. La monta y da vueltas complacido, cabellos al viento. Tiene hambre. 
Landrú y La Monja, despatarrados. Una mano de Landrú, debajo de las faldas de La Monja. Palpa. 
Otelo palpa su muserola en el ñandubay. Sufre. Se aplica la peluca con esmero exquisito. Se posesiona. Sacúdese, fusiónase. Pronto tendrá sueño.
La Novia ofrenda su ramo a quienes la injurian. Se calman los injuriantes. La besan. La besan y se van. 
A El Pato Salvaje de Ibsen le sangran las encías. Traga. 
Un corifeo escruta el anuncio del periódico: paredes de una gruta. Pintura abstracta lo matiza. El corifeo no es un lince. Y el periódico —dijimos— no es manuable: “Intelectual rudimentario, aliancista, nada socrático, anhela mantener lazo con joven que se emperifolle dentro de una gama estólida, no afrentosa, alerta a estímulos discontinuos, sin embargo.” “Una Empresa hay que se dedica (la nuestra) a subvertir (al destino sería presuntuoso) un cierto ordenamiento de lo fortuito, dentro del campo del conocimiento entre aquellos cuyos proyectos de vínculo sea la unión sexual.”

El Hada Madrina gesticula, se rasca. Áfona se encamina hacia La Novia, hacia los animalejos que se dispersan junto con lugareños, gnomos e infinitesimales. La Novia, exangüe, yace. El Hada Madrina le alcanza su libreto. Áfonas gesticulan: macabro. El Hada Madrina, febricitante, se zambulle entre las piernas de La Novia. La Novia se inclina. Lee:
—“El drama de lo monocorde. ¿Y qué del drama de lo monocorde?”
Lee gritando:
—“¡Mi hermana me dio el ultimátum! ¡Mi maestro se distrae! ¡Mi amante me dejó!” 
Magallanes es un recién venido. Su simpatía, su exultación... ¿pueden criar adeptos? ¿Cree que es una isla este paraje? ¿Es una isla? Formúlase interrogantes de variada incidencia en la cotidianeidad. Lo trajo el mar. Perora. Lo hizo también al descender de su barca, al aposentarse y reconocer la playa. La playa de juguete. Solázase con la gratitud del vecindario. Trénzase con el rufián, con la doncella. Siempre desde su plinto. Incrépase con tonsurados y correveidiles. Desgañítase con las incorregibles, con los bufones. Adora la intemperie. Refriega su prosapia a los empedernidos. Agente viajero.
— ¿Qué es viajar? Viajar es despejar. Desde el lugar común. O la frase: “Nos convendría despejarnos”. Cuando a la aventura de la existencia le birlamos la aventura, no sólo la aventura le birlamos. Hay otro desposeimiento, otro poseer. No se posee la propia existencia si no se la arriesga. Si no se la recorre, si no se la mora. Si no se la viaja, si no se la etcétera.
Landrú y La Monja duermen despatarrados.
Otelo sueña que Shakespeare lo come. Le pasa por arriba, y previamente deshuesado, con parsimonia, lo manduca. Con todos los dientes y en su propia salsa. Ya no sufre, objeto de esa pasión.
Por delante del telón, El Personaje de Schiller, ridículo oriflama.
—Únome a lo prístino de su escepticismo. Y a lo prístino de aquélla... —señala a La Monja—, que no cesa de dormir.
La Monja despierta, sobresaltada. Piel blanquísima. Landrú despierta. La llama, la invita. La Monja sonríe. Sin acudir. El Personaje de Schiller se masajea las sienes. Landrú invita. La Monja acude. Sin sonreír. Se entrelazan encarnizadamente. El Personaje de Schiller se masajea las sienes, ahora, en cuclillas. “Y cae, cae el cielo a terrones.”
*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo. com.ar
XXXVII*
No hay duendes
en la lluvia.
No hay una huella
que caiga
insana
entre los pastos.
Un robledal
arde
en la lluvia
y entre tus piernas
soy el vencido feliz.
*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo. com.ar
-Áspero cielo. Poemas. 2002-
Contextos encontrados*
El hombre entra a la exposición de la escuela de arte escuchando su monólogo interno, ese acompañamiento en silencio al que ya esta acostumbrado como en un matrimonio de viejos.
Ese llevarse a uno mismo con palabras que no tienen voz ni luz, que circulan en algun lugar impreciso de su cabeza. Palabras que no salen pero que se plasman en emociones, en piel de gallina, en palpitaciones inexplicables, en sensaciones que aparecen siempre fuera de contexto. Fuera de lo que le resulta posible verbalizar y explicar a otros. Incluso a sí mismo.
El mundo es tan proyectivo. -se dice.
Tan de poner afuera y ver sólo lo que el mundo interno nos permite ver. -insiste mientras se mueve algo ajeno al desarrollo del evento. Lo invitan a ver trabajos. Quiza a elegir uno para dedicarle algunas
palabras. Se detiene ante una foto, la elige inmediatamente. La chica de la imagen esta tendida sobre un suelo de baldosas oscuras. Su blanca piel de brazos y rostro contrasta con la oscuridad del pudor con la que gran parte de su cuerpo piel se oculta debajo de una manta fucsia que se pierde en sombras de la cintura hacia abajo, hacia un final que no llega a la extensión de ese cuerpo curvado al que hay que imaginarle piernas y rodillas y pies tan blancos como el color de sus brazos.
Ella y su mirada puesta en la naranja que sostiene con su mano izquierda. 
Enseguida le surgen ideas imprecisas y una canción cantada en la voz de Horacio Molina.
Era más blanda que el agua
que el agua blanda
Era más fresca que el río,
naranjo en flor

Es por su piel tan blanca en flor, que piensa en ella cómo la continuación de una raíz bien hundida en la tierra. (si uno observa con detenimiento se ven las costuras de flor y flor en los surcos de piel, flor con flor unidas en piel que la costumbre de ver piel y no otra cosa no dan a entrever a la mirada inocente).
 Y ese ser de unos 18 años que observa la piel naranja del fruto es también Hegel, y su dialéctica. Árbol humano que sostiene su fruto con dedos finos y delicados.

Hilachas,  hilachas de su vida ve. En el negro pelo de la chica, tan negro como el infinito, ve el color del portalaminas donde guarda enrollado su título de sociólogo.
Encuentra en el rostro perfil de la muchacha un rastro de sus labios y ve el color de los labios de un tenue rosa viejo que lo enamoraron de su compañera.
En esas cosas piensa aleatoriamente el hombre, en esos contextos encontrados a partir de la imagen de aquella chica con su piel de Naranjo en Flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó.
*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial( arroba)hotmail. com




NARANJO EN FLOR*


Letra: Homero Expósito
Música: Virgilio Expósito
Era más blanda que el agua
que el agua blanda
Era más fresca que el río,
naranjo en flor
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó.

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento.
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon en el viento.

Después, qué importa del después
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado
Eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.

Que le habrán hecho mis manos?
Que le habrán hecho,
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina,
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.
*Fuente: http://www.robertog oyeneche. tango-tour. com.ar/naranjoen flor.htm


LA ESCRIBIENTE* 



    La Leo es la viejita siempre niña, una ancianita que las convulsiones infantiles fijaron eternamente en unos siete años inmóviles de picardía en los ojitos pequeños, siete años de cabecita rizada y risa y llanto fácil.
    Llora cuando recuerda a la mamá, que la acompañó en el geriátrico hasta los cien años pero se fue un día, el año pasado, y la dejó solita. Se ríe cuando alguna cosa le hace gracia, y entonces gorjea y cloquea y se dice a sí misma “esta Leo, esta Leo”, la frase que otros le prodigaron a lo largo de sus más de siete décadas de vida.
    Y la Leo escribe. Escribe, trabajosa y concentradamente. Escribe en su mesa, ajena a las visitas de los otros, o a los compañeros de vejez, tan próximos y a la vez tan lejanos, que se marchitan a su alrededor y ya renunciaron a la esperanza. Ella escribe porque la niñez no renuncia a la esperanza. La Leo escribe con las manitas de dedos cortos, y cada tanto se levanta con pasos bamboleantes a mostrar cómo escribió allá debajo del punto cruz con lapicera “Leonor Taborda”. A veces copia palabras de libros o revistas. Y esconde las letras debajo de enmarañadas líneas en negro, azul, verde. Otras veces, escribe cartas. Cartas donde cuenta que se murió la mamá, que se murió el hermano, que en su cumpleaños esperó que fuesen a visitarla para tomar té o mate con bombilla, y no fueron. Son cartas de palabras inconexas en las que alguna vez se adivinan frases pero en las que siempre se comprende el llamado, la esperanza de que sirvan de señal luminosa para que algún lejano barco se acerque a su naufragio.
    Las cartas ocupan carillas de papeles doblados torpemente. Cuántas cartas, me pregunto, cuántas cartas a esos destinatarios que hace sesenta años fueron niños que su mamá recibía como alumnos particulares en la casa. Y que ahora son también ancianos o que han muerto en lejanas camas y ciudades distantes.
    Ella recuerda bíblicas genealogías, recita los nombres de los ausentes, el nombre de los padres y de sus hijos. En su universo infantil siempre se han de nombrar padres e hijos, y los recuerda a todos. La dirección que indica es “Calchaquí”, “Santo Tomé”, alguna vez el nombre de una calle o el lugar preciso: enfrente de la farmacia, justo en la esquina.
    Padres e hijos en una topografía de peatón o de vecino. La vida sencilla, los mapas de la infancia, las décadas superpuestas y las cartas que nunca llegarán a los difuntos o los que hace mil años tomaron otros rumbos o se diluyeron en una Historia que sepulta las historias.
    La Leo escribe, y entre las palabras indescifrables anota bien clarito “Salta 3534”, para intentar forzar al destino de soledad con su correcto remitente en “Las diamelas”. “Mamá murió”, y otra vez recuadrado en un trazo temblequeante mamá murió. Hay que contar la noticia. Vengan, escriban. Estoy sola. Los niños del segundo grado de hace sesenta años, los fantasmas, los médicos que la atendieron cuando era pequeña y aprendió a cocinar carbonada. Vengan.
    Y escribe las cartas para la legión de ausentes que pueblan su memoria exacta con precisiones ingenuas “fue a las cuatro de la tarde, un jueves”. “Llovía”.
    Escribe y agota lapiceras, gasta lápices de colores, alegra los renglones con fibras. La Leo escribe al universo, tiende puentes de papel y tiempo elástico. Tiene fe en esos emisarios que dejamos las cartas en cajones, sobre las repisas, cree en la eficiencia de esos extraños devenidos en correos que finalmente desechan las misivas con los residuos cotidianos y los objetos inútiles.
    Y yo escribo sobre la Leo para tender puentes de palabras en un universo indiferente, para darle pelea al tiempo, para enviar una señal luminosa que atraiga barcos a su naufragio, a mi naufragio. Pero yo, ingenua Leonor, yo no tengo fe en emisarios ni en misivas. Yo, afortunada Leonor, yo desde mi adulta tristeza percibo la ferocidad de las distancias y la temible ausencia de los destinatarios. Yo, mientras escribo, te veo en tu silla afanándote en tus cartas y, como siempre, envidio la pueril, maravillosa felicidad de los creyentes. 

                                                                                     
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@ hotmail.com 
Voyager*

 
La noche soñaba
que no te contenía
y te arrojó cual pétalos
sobre las vías muertas del universo
se aceleraban los núcleos de tus células
se expandía tu corazón
hasta que se convertia en luz
y sus  átomos veloces se impulsaban
hacia los brazos en espiral de la galaxia.

En realidad el universo
era tu barrio y los rostros conocidos
                                 multiplicados
los mismos gestos de interrogación
de los que no podías huir tu
ni la noche

la noche soñaba
que te detenías con la expansión
eras un instante de materia oscura
un momento de letargo
superando enseguida apenas a la lava
como un arn
otra vez a miles de años
de trabajar la piedra
y no saber como describir
un horizonte una caricia el dolor
no sabías
la noche no sabía

 Hasta
que en un destello un puñado de siglos
veías la ilusión a la luz( veía ella)
con tanta forma
tanto hecho inexplicable otra vez..

-“Cuando 
lo onírico mío
te vomite
y aprendas a ser
entonces  ángel....(“- Ángel, bella palabra. Pensó la noche)!

-“¡Qué se yo
como registrarán tus pupilas
ni si serán como dicen: puras,
tanta contaminación ambiental,
tanto error humano,
tanto desorden climático,
tantos kilómetros de hijos del hambre?
Yo soy solo la noche.
Tú solo eres producto
de mi ocio  desordenado.
El rompecabezas de mi tiempo libre
se lo cedí al hombre.”
*de Victor M. Falco vittoriofa9@ hotmail.com
las ángeles no tienen sexo*

   a Lord Cheselin y Big Leroy 
 
ayer me morí/
estaba leyendo “Mein Kampf” de un tal Adolf Videla Camps
y de golpe me morí.
  
subí al cielo volando o algo así
me veía ahí abajo
el velador encendido/ los cigarrillos
los ojos húmedos/ cada vez más pequeño
una hormiguita con una lanza en la mano
hasta que llegué al cielo.
 
me recibió un viejo barbado con cara de loco
- usted se ha ganado el cielo por ser poeta – me dijo.
- que bueno!/ ésta es finalmente la recompensa
  a tantas palabras inútiles intentando decir algo  –.
- sí/ ésta es la recompensa
pero hay cada poeta!/ que la verdad
deberían irse directo al infierno – dijo malhumorado.
- usted/ se salvó raspando/ dígame que le apetece? -.
- un ron lento y dos chicas rápidas – le dije sin pensar.
- Ja!/ vaya por ese pasillo -.
   
el ron estaba bueno
las dos ángeles de alas rosadas mejor
las desplumé de a poco
mientras sonreían tímidamente/
y cuando llegué a lo que buscaba
una etiqueta decía
 “Made in Taiwán”.
  
después/ como en una inmensa pollería
desplumé sin descanso cientos de ángeles rosadas
hasta el calambre total de los brazos.
   
esta mañana con el cuerpo dolorido
desperté en mi pieza
apagué el reloj/ miré hacia arriba
y entonces me di cuenta
que siempre hay un lugar
donde se puede estar peor.- 
   
*de aldo luis novelli. aldonovelli@ yahoo.com
 (desde los bordes del cielo)
http://la-sed- infinita. blogspot. com
http://fluidos- virtuales. blogspot. com 
EN LA ASOCIACIÓN YAGE Y EL MAGAZIN CULTURAL XICóATL CELEBRAMOS 15 AÑOS DE ACTIVIDADES. *
 
Queridos(as) socios(as) y amigos(as) de YAGE,
Apreciados(as) lectores(as) de XICóATL en el mundo,
 
Constituye una alegría inmensa el poder celebrar ahora los primeros 15 años de trabajo ininterrumpido de YAGE, Asociación pro Arte Ciencia y Cultura Latinoamericanos y del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”. 
 
El 29 de enero de 1992 fue presentada a la BPD Salzburg la proposición de fundación de la Asociación por parte de Christine Reisenberger, Thekla Waltl y yo. El 5 de marzo realizamos la primera asamblea general en la sala de actos de la Katholische Hochschulgemeinde Salzburg, en la Wiener Philharmoniker Gasse 2, en la cual participaron más de 60 personas entre latinoamericanos y austriacos. Aquella primera asamblea será siempre uno los recuerdos más hermosos de mi vida: la espectativa generada pues era el primera asociación latinoamericana que iba a ser fundada en Salzburgo, el recital de Joaquín Clerch Díaz con obras de Barrios Mangoré, entre otros, la presentación y discusión de los primeros proyectos, la elección de la primera junta directiva y para culminar la música interpetada por Thekla Waltl, Peter Schwarzenbauer y Jorge Eduardo García, además de la dinámica atmósfera que vivimos y los deliciosos pasabocas vegetarianos servidos para la ocasión. El 11 de marzo fueron aprobados los estatutos por parte de la BPD Salzburg.
 
El 1. de mayo de 1992 apareció el primer número del trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”, el cual llega hoy a la edición número 80, un verdadero récord en Europa en cuanto a publicaciones de este tipo se refiere. También el número de autores publicados en nuestras páginas resulta grandioso: exactamente 450 autores latinoamericanos y 17 austriacos hasta la presente edición, presentados en el idioma materno, con traducción al alemán o al español. De los trabajos presentados un 90 % de ellos son literarios, especialmente ensayos, cuentos y poemas, y un 10 % corresponden a otros géneros, especialmente a la protección ambiental.
Durante los 10 primeros años XICóATL se publicó bimestralmente, pero a partir del 2002 aparece trimestralmente debido al desarrollo de otros proyectos, especialmente vinculados con nuestra página en internet. Es de destacar entre ellos los Puentes Culturales que hemos impulsado entre Austria y Argentina, Colombia, Costa Rica, Cuba y México, además de uno latinoamericano general para los países restantes. Mediante ellos hemos logrado presentar internacionalmente una gran cantidad de escritores, artistas plásticos, compositores, músicos y otros creadores latinoamericanos y austriacos. Además de su presentación virtual, hemos mediado también en algunos desplazamientos intercontinentales de ellos a fin de participar en eventos de carácter nacional o internacional.
 
A nivel de Austria, y especialmente de la provincia de Salzburgo, resultaría demasiado largo y tedioso enumerar el gran número de eventos realizados: conciertos de música latinoamericana erudita y popular, exposiciones de pintura, lecturas de autores latinoamericanos, conferencias sobre temas científicos, artísticos o culturales vinculados con Latinoamérica, exposiciones y conferencias sobre temas ecológicos en universidades y colegios, fiestas y diversos tipos de actividades sociales. A nivel internacional hemos realizado 4 Concursos Literarios, 2 Concursos de Composición Musical y 2 Concursos de Fotografía Ecológica en los cuales han participado más de 1000 personas de más de 35 países. En esta multitud de proyectos, las características principales han sido la eficiencia, el cumplimiento exacto de los planes trazados y el éxito, lo cual nos ha hecho merecedores de la confianza y el apoyo de las autoridades de Salzburgo y de una enorme red internacional de trabajadores de la cultura.
 
Otro proyecto que deseo recordar en esta fecha especial es nuestra emisión radial “Poesía y Música Latinoamericana” que presentamos todos los domingos entre las 19:06 y las 20:00 horas, con repetición los días jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas, en la Radiofabrik de Salzburgo ( www.radiofabrik. at ). “Poesía y Música Latinoamericana” es la emisión más antigua que tiene la Radiofabrik. La iniciamos en los albores de la radio, a finales del siglo pasado, cuando ésta apenas contaba con una licencia de emisión los días miércoles entre las 18:00 y la 24:00 horas. En aquel tiempo “Poesía y Música Latinoamericana” se presentaba de manera intermitente, en audiciones de 15 minutos. Al ser ampliada la licencia de emisión aumentamos a media hora semanalmente, y a partir del 6 de enero del 2002, nuestro programa tiene la duración habitual antes descrita: 54 minutos. A propósito de celebraciones, el próximo 7 de octubre realizaremos el programa número 300, contados desde el 2002, a cuya audición quedan invitados desde ahora muy cordialmente.
 
Todos los proyectos de estos primeros 15 años de trabajo no se hubiesen podido adelantar sin la cooperación de una infinidad de personas: además de los miembros de los jurados, los participantes en los concursos y el número de autores publicados mencionado anteriormente, en XICóATL han colaborado un total de 78 traductores( as) y 50 moderadores( as) lo han hecho en el programa radial: para todos ellos nuestro más profundo agradecimiento por el impulso brindado, en el momento oportuno. Además, un sinnúmero de personas en Austria, Latinoamérica y Europa han colaborado de manera directa o indirecta en otras pequeñas o grandes realizaciones de la Asociación YAGE, para ellos también nuestras gracias sinceras y felices.
 
Nuestros agradecimientos se extienden también a quienes conmigo comparten actualmente la dirección de YAGE, esto es, el compositor argentino Juan María Solare, Mag. Thekla Schirz, Wolfgang Hirsch y Dominique von Loebel. Un agradecimiento muy especial merecen quienes desde la fundación de YAGE, o después de la misma, siempre han estado presentes y colaborado en los diversos proyectos: Lic. Angelika Moser, Lic. Ulrike Zomorrodian- Santner, Dr. Jorge Antunes en Brasil, Lic. Judith Moser-Kroiss, Ing. Jorge Martínez Villaseñor en México, Lic. Christoph Lukits, Dr. Nicolás Cosío Sierra en Cuba, Dr. Friedrich Frosch, Horacio Rossi y Eduardo Coiro en Argentina, Mag. Josef Lanner, Chano Delgado de Schlachter, Anna Maria Kalcher, Veronika Gruber, Lic. Silvia Amberger, Waltraud Hostalek-Rehbogen y Renato Vecellio, estos dos últimos, para nuestro infortunio, fallecidos en 2005. Sólo me resta agradecer a mis hijos Krysthal y Leo, fundadores espirituales y quienes ya colaboran activamente en los proyectos; también agradecer vuestra afabilidad y apoyo, queridos socios, lectores y amigos, y desear una larga vida a este emprendimiento que en 15 años ha podido hermanar tantos pueblos, culturas y esperanzas, para la construcción de un mundo mejor mediante el trabajo creativo de sus hijos.
 
*de Luis Alfredo DUARTE-HERRERA. euroyage@utanet. at
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage. com
Correo:
Por medio del presente el Com.It.Es. (Comitato degli Italiani all'Estero) Circunscripció n Consular de Rosario, a través de su Comisión Pari Opportunità, junto con la Universidad Nacional del Litoral invitan a Ud. a la presentación del libro Homenaje a la mujer italiana - Mujeres destacadas de la colectividad y de la nueva publicación Homenaje a la mujer italiana -
Voces escritas 1, que contiene relatos, poesías y refranes de  mujeres  de Santa Fe, Recreo, Paranà y Concordia.
La misma tendrá lugar en la XIII Feria del Libro de Santa Fe -Centro de Convenciones y Predio Ferial "Agustín Zapata Gollán", Las Heras 2889 (detrás de Estación Terminal de Omnibus) Santa Fe, el sábado 15 de Septiembre de 2007, a las 16 hs, Sala Luis De Filippo.
Se ruega dar difusión.
A la espera de contar con su grata presencia, saludamos cordialmente.
 homenajemujeritalia na@yahoo. com.ar
clareandoazul@ yahoo.com. ar

Cav. Erugelio Carloni
Presidente Com.It.Es.

Susana E. Colombo
Coordinadora Comisión Pari Opportunità

Ing. Mario Barletta
Rector Universidad Nacional del Litoral
InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial( arroba)yahoo. com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Edición Mensual de Inventiva.
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmen sual-subscribe@ gruposyahoo. com.ar
INVENTREN
Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe @gruposyahoo. com.ar
Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.
Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura

¿ Otras preguntas o consultas? escribi a inventivasocial( arroba)yahoo. com.ar 

La màquina de escribir /Revista literaria

he acabado de verlo

domingo 22 de abril de 2007

Rubén Vedovaldi: Cuatro textos breves

El Borrador

Un hombre salta una tapia y cae muerto en medio de un jardín.Toda la vida del jardín se conmueve y viene a pedirme que deje mi cuartilla a medio hacer y mi lapicera y mi escritorio y salte la tapia para averiguar allá afuera quién lo mató. (Yo soy el autor y lo tengo que saber y lo tengo que contar). Pero yo tengo miedo de saltar esa tapia y caer muerto del otro lado. Entonces vuelvo a mi escritorio y a mi hoja a medio narrar y concluyo:-Queridas flores y queridos bichitos del jardín, mejor tiremos el muerto otra vez afuera y borremos estas líneas y escribamos otro cuento sin muerte y sin miedo, ¿eh? ¿Qué les parece?


Sed y palabras

Es la alta noche. Un hombre tiene sed, pero lo único que hay es silencio y una que otra palabra. El hombre abre una palabra y se mete desnudo y entero adentro de la palabra. Adentro está más oscuro que afuera. El hombre enciende un deseo amoroso y trata de ver en la oscuridad, pero el amor es ciego y lo lleva a cualquier parte. Cuando el amor se apaga, el hombre enciende una locura y ve muchas cosas o espectros dentro de la palabra. Las cosas le sacan la lengua y se le ríen en la cara o le hacen cosquillas en los pies y el hombre busca infructuosamente la salida.Un cartel le indica: Espera a que se apague la locura. El hombre espera a que se apague la locura y enciende un olvido profundo.Baja por el hondo y oscuro camino del olvido, y sale de la palabra.Afuera la gente le pregunta:-¿Qué sed tuviste, qué palabra abriste?A lo que el hombre solamente puede balbucear.-No sé, no me acuerdo.Todos se alejan del olvidadizo, menos una niña.La niña extiende una mano hacia la sed del hombre y le regala otra palabra.Y otra vez, después de la profunda oscuridad, amanece.


Tres deseos del crédulo pescador

Un hombre pesca a orilla del río una lámpara que parece mágica. El hombre la frota hasta que sale la voz antigua de un genio:-"A tus órdenes, amo. Pídeme tres deseos y te serán concedidos ya ya ya.El pescador piensa muy bien sus deseos y pide:-Primero quiero la salvación y gloria eterna para todas las almas pasadas, presentes y futuras de este mundo y de cualquier otro lugar en donde las hubiere.-El genio pareció dudar un momento y preguntó: ¿Y cuál es tu segundo deseo?-Segundo: que tú seas feliz y libre para siempre de toda servidumbre y que quien te encerró en esta lámpara sea perdonado.-Ya veremos si perdono a ese malvado. ?murmuró el genio? ¿Y cuál es tu tercer deseo?-Tercero: que esto esté sucediendo de verdad y no sea cuento.Y pasó el tiempo y los tiempos y el genio no pudo concederle el tercer deseo. Y el cumplimiento del segundo deseo y del primero, el pescador todavía los está esperando.


Ida y vuelta multiplicada

Una mujer estira su mano hacia la copa del árbol de la lengua y del habla y desprende una palabra de jugoso aroma y dulce color. La mujer abre con su lengua la palabra y se mete toda ella dentro de la palabra, hasta el carozo. Luego monta el carozo de esa palabra y viaja sensorialmente y va visitando las costas de los siete mares del silencio. De las orillas de los mares del silencio viene un aire de verbos que acaricia el vientre y peina los cabellos de la mujer. La mujer lleva el carozo a la mejor playa y lo deja encallado en la arena y se adentra en la tierra firme de las voces. Las voces son en esa parte todas masculinas y reciben a la mujer en interminables orgías.La mujer vuelve preñada hasta el carozo y monta y vuelve por los mares hasta el centro oceánico de la palabra que la contiene. Y sube por una liana hasta el cenit. Y sale de la palabra por donde había entrado y se arrodilla a parir siete hijos junto al árbol de la lengua y el habla. Y canta. Y va dejando cada hijo prendido como fruto de una rama del árbol y luego se tiende a descansar y viene el viento y algunos animales se asustan o huyen a esconderse, pero la mujer se confía al árbol y duerme en paz el mejor de sus sueños y siete sueños más, porque ella sabe que a las palabras que echaron raíces en la vida, no se las lleva ningún viento.

Rubén Vedovaldi
vedonet@netcoop.com.ar
Contratapa Rosario/12Miércoles, 18 de Abril de 2007

0 comentarios:

Enfocarte.com - Revista de Arte y Cultura en la Red -Poesía

Enfocarte.com - Revista de Arte y Cultura en la Red -Poesía

 MANUEL QUINTANA CASTILLO
El Frasco de Aceite
1968 | óleo sobre tela | 35 x 40 cms.
Pintor venezolano

Aunque sea un instante
Jaime Gil de Biedma

Aunque sea un instante, deseamos
descansar. Soñamos con dejarnos.
No sé, pero en cualquier lugar
con tal de que la vida deponga sus espinas.

Un instante, tal vez. Y nos volvemos
atrás, hacia el pasado engañoso cerrándose
sobre el mismo temor actual, que día a día
entonces también conocimos.

Se olvida
pronto, se olvida el sudor tantas noches,
la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro
levvándonos a él de antemano rendidos
sin más que ese vacío de llegar,
la indiferencia extraña de lo que ya está hecho.

Así que a cada vez que este temor,
el eterno temor que tiene nuestro rostro
nos asalta, gritamos invocando el pasado
-invocando un pasado que jamás existió-

para creer al menos que de verdad vivimos
y que la vida es más que esta pausa inmensa,
vertiginosa,
cuando la propia vocación, aquello
sobre lo cual fundamos un día nuestro ser,
el nombre que le dimos a nuestra dignidad
vemos que no era más
que un desolador deseo de esconderse.




*Jaime Gil de Biedma, poeta español nacido en Barcelona en 1929 en el seno de una familia de la alta burguesía. Inició sus estudios de Derecho en Barcelona y los continuó en Salamanca, por cuya universidad se licenció. Su poesía, de tono elegíaco, enlaza con la de Vallejo, Antonio Machado y con el delicado erotismo de Cernuda. Aunque su obra no es muy extensa, es una de las que más influencia ha ejercido en las generaciones recientes. Su primer libro, «Según sentencia del tiempo», se publicó en 1953. Luego, «Compañeros de viaje» en1959, «En favor de Venus» en 1965, «Moralidades» en1966, «Poemas póstumos» en1968, «Las personas del verbo» en 1975 y 1982, donde recoge su poesía hasta esas fechas. Escribió agudos ensayos literarios, y después de su muerte se editó un diario suyo, «Retrato del artista». Murió en Barcelona en 1990.

Cuentos y leyendas

Cuentos y leyendas

 

 CARLOS GONZÁLEZ BOGENNo disponible
Abstracto

1949 | acrílico sobre cartón | 65 x 55 cms.

 

 

 

DEL RATONCITO, EL PAJARITO Y LA SALCHICHA
Hermanos Grimm
Érase una vez un ratoncito, un pajarito y una salchicha que habían formado
socie­dad y un hogar y llevaban mucho tiempo viviendo muy bien y
maravillosamente en paz y sus bienes habían aumentado admirablemente. El
trabajo del pajarito consistía en volar todos los días al bosque y llevar
leña a casa. El ratón tenía que llevar el agua, encender el fuego y poner la
mesa, y la salchi­cha tenía que cocinar.
¡Pero al que bien le va siempre le apetece hacer cosas nuevas! Y un día el
pajarito se encontró por el camino con otro pájaro y le contó, elogiándola
mucho, la mara­villosa vida que llevaba. El otro pájaro, sin embargo, le
dijo que era un desgraciado que hacía el peor trabajo mientras los otros dos
se pasaban el día muy a gusto en su casa. Que cuando el ratón había
encendido su fuego y llevado el agua se metía en su cuartito a descansar
has­ta que le decían que pusiera la mesa. Y que la salchichi­ta se quedaba
junto a la olla mirando cómo se hacía la comida y que cuando se acercaba la
hora de comer no tenía más que pasarse un poco por el puré o por la ver­dura
y ya estaba todo engrasado, salado y preparado. Y que cuando el pajarito
llegaba finalmente a casa y deja­ba su carga ellos no tenían más que
sentarse a la mesa y después de cenar dormían a pierna suelta hasta la
mañana siguiente, y que eso sí que era pegarse una buena vida.
Al día siguiente el pajarito, instigado por el otro, se negó a volver al
bosque diciendo que ya había hecho bastante de criado y ya le habían tomado
bastante por tonto y que ahora tenían que cambiarse y probar de otra manera.
Y por mucho que el ratón se lo rogó, y también la salchicha, el pájaro se
salió con la suya, y se lo echaron a suertes, y a la salchicha le tocó
llevar la leña, al ratón hacer de cocinero y al pájaro ir a por agua.
¿Y qué pasó? Pues la salchichita se marchó a por le­ña, el pajarito encendió
el fuego y el ratón puso la olla, y los dos se quedaron solos esperando que
volviera a casa la salchichita con la leña para el día siguiente. Pero la
salchichita llevaba ya tanto tiempo fuera que los dos se temieron que no
había ocurrido nada bueno y el pa­jarito voló un trecho en su busca. No muy
lejos, sin em­bargo, se encontró con un perro en el camino que ha­bía tomado
por una presa a la pobre salchichita, la había atrapado y la había matado.
El pajarito protestó mucho y acusó al perro de haber cometido un crimen
manifiesto, pero no hubo palabras que le valieran, pues el perro dijo que le
había encontrado cartas falsas a la salchicha y que por eso había sido
víctima de él.
El pajarito, muy triste, recogió la madera y se fue a casa y contó lo que
había visto y oído'. Estaban muy afli­gidos, pero decidieron poner toda su
buena voluntad y permanecer juntos. Por eso el pajarito puso la mesa, y el
ratón hizo los preparativos para la comida y se puso a hacerla e igual que
había hecho antes la salchichita se metió en la olla y se puso a remover la
verdura y a escu­rrirse entre ella para darle sabor; pero antes de llegar a
la mitad tuvo que pararse y dejar allí el pellejo y con ello la vida.
Cuando el pajarito fue y quiso servir la comida allí no había ya ningún
cocinero. El pajarito, desconcertado, tiró la leña por todas partes y lo
buscó y lo llamó, pero no pudo encontrar a su cocinero. Por descuido el
fuego llegó hasta la leña y provocó un incendio; el pajarito sa­lió
rápidamente a buscar agua, pero entonces se le cayó el cubo al pozo y él se
fue detrás y ya no pudo recuperar­se y se ahogó.

EL GATO CON BOTAS
Hermanos Grimm - Cuentos de Siempre

Érase una vez un molinero que tenía tres hi­jos, su molino, un asno y un
gato. Los hijos tenían que moler, el asno tenía que llevar el grano y
acarrear la harina y el gato tenía que cazar ratones. Cuando el molinero
murió, los tres hijos se repartieron la herencia. El mayor heredó el molino,
el segundo el asno y el tercero el gato, pues era lo único que quedaba.
Entonces se puso muy triste y se dijo a sí mismo:
"Yo soy el que ha salido peor parado. Mi hermano ma­yor puede moler y mi
segundo hermano puede montar en su asno, pero ¿qué voy a hacer yo con el
gato? Si me hago un par de guantes con su piel, ya no me quedará nada."
-Escucha -empezó a decir el gato, que lo había en­tendido todo-, no debes
matarme sólo por sacar de mi piel un par de guantes malos. Encarga que me
hagan un par de botas para que pueda salir a que la gente me vea, y pronto
obtendrás ayuda.
El hijo del molinero se asombró de que el gato habla­ra de aquella manera,
pero como justo en ese momento pasaba por allí el zapatero, lo llamó y le
dijo que entrara y le tomara medidas al gato para confeccionarle un par de
botas. Cuando estuvieron listas el gato se las calzó, tomó un saco y llenó
el fondo de grano, pero en la boca le puso una cuerda para poder cerrarlo, y
luego se lo echó a la espalda y salió por la puerta andando sobre dos patas
como si fuera una persona.
Por aquellos tiempos reinaba en el país un rey al que le gustaba mucho comer
perdices, pero había tal mise­ria que era imposible conseguir ninguna. El
bosque en­tero estaba lleno de ellas, pero eran tan huidizas que ningún
cazador podía capturarlas. Eso lo sabía el gato y se propuso que él haría
mejor las cosas. Cuando llegó al bosque abrió el saco, esparció por dentro
el grano y la cuerda la colocó sobre la hierba, metiendo el cabo en un seto.
Allí se escondió él mismo y se puso a rondar y a acechar. Pronto llegaron
corriendo las perdices, encon­traron el grano y se fueron metiendo en el
saco una de­trás de otra. Cuando ya había una buena cantidad den­tro el gato
tiró de la cuerda, cerró el saco, corriendo hacia allí y les retorció el
pescuezo. Luego se echó el saco a la espalda y se fue derecho al palacio del
rey.
La guardia gritó:
-¡Alto! ¿Adónde vas?
-A ver al rey-respondió sin más el gato.
-¿Estás loco? ¡Un gato a ver al rey!
-Dejadle que vaya-dijo otro-, que el rey a menu­do se aburre y quizás el
gato lo complazca con sus gruñi­dos y ronroneos.
Cuando el gato llegó ante el rey, le hizo una reveren­cia y dijo:
-Mi señor, el conde -aquí dijo un nombre muy lar­go y distinguido- presenta
sus respetos a su señor el rey y le envía aquí unas perdices que acaba de
cazar con lazo.
El rey se maravilló de aquellas gordísimas perdices. No cabía en sí de
alegría y ordenó que metieran en el saco del gato todo el oro de su tesoro
que éste pudiera cargar.
-Llévaselo a tu señor y dale además muchísimas gra­cias por su regalo.
El pobre hijo del molinero, sin embargo, estaba en casa sentado junto a la
ventana con la cabeza apoyada en la mano, pensando que ahora se había
gastado lo úl­timo que le quedaba en las botas del gato y dudando que éste
fuera capaz de darle algo de importancia a cambio. Entonces entró el gato,
se descargó de la espal­da el saco, lo desató y esparció el oro delante del
moli­nero.
-Aquí tienes algo a cambio de las botas, y el rey te envía sus saludos y te
da muchas gracias.
El molinero se puso muy contento por aquella rique­za, sin comprender
todavía muy bien cómo había ido a parar allí. Pero el gato se lo contó todo
mientras se qui­taba las botas y luego le dijo:
-Ahora ya tienes suficiente dinero, sí, pero esto no termina aquí.. Mañana
me pondré otra vez mis botas y te harás aún más rico. Al rey le he dicho
también que tú eras un conde.
Al día siguiente, tal como había dicho, el gato, bien calzado, salió otra
vez de caza y le llevó al rey buenas piezas.
Así ocurrió todos los días, y todos los días el gato lle­vaba oro a casa y
el rey llegó a apreciarlo tanto que po­día entrar y salir y andar por
palacio a su antojo.
Una vez estaba el gato en la cocina del rey calen­tándose junto al fogón,
cuando llegó el cochero maldi­ciendo:
-¡Que se vayan al diablo el rey y la princesa! ¡Quería ir a la taberna a
beber y a jugar a las cartas, y ahora resul­ta que tengo que llevarles de
paseo al lago!
Cuando el gato oyó esto, se fue furtivamente a casa y le dijo a su amo:
-Si quieres convertirte en conde y ser rico, sal con­migo y vente al lago y
báñate.
El molinero no supo qué contestar, pero siguió al gato. Fue con él, se
desnudó por completo y se tiró al agua. El gato, por su parte, tomó la ropa,
se la llevó de allí y la escondió. Apenas terminó de hacerlo, llegó el rey y
el gato empezó a lamentarse con gran pesar:
-¡Ay, clementísimo rey! ¡Mi señor se estaba bañan­do aquí en el lago y ha
venido un ladrón que le ha roba­do la ropa que tenía en la orilla, y ahora
el señor conde está en el agua y no puede salir, y como siga mucho tiempo
ahí, se resfriará y morirá!
Al oír aquello, el rey dio la voz de alto y uno de sus sier­vos tuvo que
regresar a toda prisa a buscar ropas del rey. El señor conde se puso las
lujosísimas ropas del rey y, como ya de por sí el rey le tenía afecto por
las perdices que creía haber recibido de él, tuvo que sentarse a su lado en
la carroza. La princesa tampoco se enfadó por ello, pues el conde era joven
y bello y le gustaba bastante.
El gato, por su parte, se había adelantado y llegó a un gran prado donde
había más de cien personas reco­giendo heno.
-Eh, ¿de quién es este prado? -preguntó el gato.
-Del gran mago.
-Escuchad: el rey pasará pronto por aquí. Cuando pregunte de quién es este
prado, contestad que del con­de. Si no lo hacéis así, seréis todos muertos.
A continuación el gato siguió su camino y llegó a un trigal tan grande que
nadie podía abarcarlo con la vista. Allí había más de doscientas personas
segando.
-Eh, gente, ¿de quién es este grano?
-Del mago.
-Escuchad: el rey va a pasar ahora por aquí. Cuando pregunte de quién es
este grano, contestad que del con­de. Si no lo hacéis así, seréis todos
muertos.
Finalmente el gato llegó a un magnífico bosque. Allí había más de
trescientas personas talando los grandes robles y haciendo leña.
-Eh, gente, ¿de quién es este bosque?
-Del mago.
-Escuchad: el rey va a pasar ahora por aquí. Cuando pregunte de quién es
este bosque, contestad que del conde. Si no lo hacéis así, seréis todos
muertos.
El gato continuó aún más adelante y toda la gente lo siguió con la mirada, y
como tenía un aspecto tan asom­broso y andaba por ahí con botas como si
fuera una per­sona, todos se asustaban de él.
Pronto llegó al palacio del mago, entró con descaro y se presentó ante él.
El mago lo miró con desprecio y le preguntó qué quería. El gato hizo una
reverencia y dijo:
-He oído decir que puedes transformarte a tu anto­jo en cualquier animal. Si
es en un perro, un zorro o también un lobo, puedo creérmelo, pero en un
elefan­te me parece totalmente imposible, y por eso he venido, para
convencerme por mí mismo.
El mago dijo orgulloso:
-Eso para mí es una minucia.
Yen un instante se transformó en un elefante.
-Eso es mucho, pero ¿puedes transformarte tam­bién en un león?
-Eso tampoco es nada para mí -dijo el mago, que se convirtió en un león
delante del gato.
El gato se hizo el sorprendido y exclamó:
-¡Es increíble, inaudito! ¡Eso no me lo hubiera ima­ginado yo ni en sueños!
Pero aún más que todo eso se­ría si pudieras transformarte también en un
animal tan pequeño como un ratón. Seguro que tú puedes hacer más cosas que
cualquier otro mago del mundo, pero eso sí que será imposible para ti.
El mago, al oír aquellas dulces palabras, se puso muy amable y dijo:
-Oh, sí, querido gatito, eso también puedo hacerlo. Y, dicho y hecho, se
puso a dar saltos por la habita­ción convertido en ratón. El gato lo
persiguió, lo atrapó de un salto y se lo comió.
El rey, por su parte, seguía paseando con el conde y la princesa y llegó al
gran prado.
-¿De quién es este heno? -preguntó el rey.
-¡Del señor conde! -exclamaron todos, tal como el gato les había ordenado.
-Ahí tenéis un buen pedazo de tierra, señor conde -dijo.
Después llegaron al gran trigal.
-Eh, gente, ¿de quién es este grano?
-Del señor conde.
-¡Vaya, señor conde, grandes y bonitas tierras tenéis! A continuación
llegaron al bosque.
-Eh, gente, ¿de quién es este bosque?
-Del señor conde.
El rey se quedó aún más asombrado y dijo:
-Tenéis que ser un hombre rico, señor conde. Yo no creo que tenga un bosque
tan magnífico como éste.
Al fin llegaron al palacio. El gato estaba arriba, en la escalera, y cuando
la carroza se detuvo bajó corriendo de un salto, abrió las puertas y dijo:
-Señor rey, habéis llegado al palacio de mi señor, el señor conde, a quien
este honor le hará feliz para todos los días de su vida.
El rey se apeó y se maravilló del magnífico edificio, que era casi más
grande y más hermoso que su propio palacio. El conde, por su parte, condujo
a la princesa es­caleras arriba hacia el salón, que deslumbraba por
com­pleto de oro y piedras preciosas.
Entonces la princesa le fue prometida en matrimo­nio al conde, y cuando el
rey murió se convirtió en rey. Y el gato con botas, por su parte, en primer
ministro.

HURLEBURLEBUTZ
Hermanos Grimm
Érase un rey que estaba cazando y se perdió; entonces se le apareció un
pequeño hom­brecillo de pelo blanco y le dijo:
-Señor rey, si me dais a vuestra hija me­nor, os sacaré del bosque.
El rey, por el miedo que tenía, se lo prometió; el hom­brecillo le llevó por
el buen camino, se despidió de él y cuando el rey se iba le gritó aún:
-¡Dentro de ocho días iré a recoger a mi novia!
En casa, sin embargo, el rey se puso muy triste por lo que había prometido,
pues la hija menor era a la que más quería. Las princesas se lo notaron y
quisieron saber qué era lo que le preocupaba. Finalmente tu­vo que admitir
que había prometido que le daría a la más joven de ellas a un pequeño
hombrecillo de pelo blanco que se le había aparecido en el bosque, y que
éste iría a recogerla dentro de ocho días. Pero ellas le dijeron que se
animara, que ya engañarían ellas al hom­brecillo.
Después, cuando llegó el día señalado, vistieron a la hija de un pastor de
vacas con sus vestidos, la sentaron en su habitación y le ordenaron:
-¡Si viene alguien a recogerte, ve con él!
Ellas, en cambio, se marcharon todas de la casa.
Apenas se habían ido llegó al palacio un zorro y le dijo a la muchacha:
-¡Móntate en mi ruda cola, Hurleburlebutz! ¡Vá­monos! ¡Al bosque!
La muchacha se sentó en la cola del zorro y, así, se la llevó al bosque.
Pero en cuanto los dos llegaron a un bello y verde lugar donde el sol
brillaba bien claro y cálido, dijo el zorro:
-¡Bájate y quítame los piojos!
La muchacha obedeció.
El zorro colocó la cabeza en su regazo y empezó a despiojarlo.
Mientras lo estaba haciendo dijo la muchacha:
-¡Ayer a estas horas el bosque estaba aún más her­moso!
-¿Cómo es que viniste al bosque? -le preguntó el zorro.
-¡Pues porque saqué con mi padre las vacas a pastar!
-¡O sea, que tú no eres la princesa! ¡Móntate en mi ruda cola! ¡Volvemos al
palacio!
El zorro la devolvió y le dijo al rey:
-Me has engañado: ésta es la hija de un pastor de vacas. Dentro de ocho días
volveré a recoger a la tuya.
Al octavo día, sin embargo, las princesas vistieron lu­josamente a la hija
de un pastor de gansos, la dejaron allí sentada y se marcharon. Entonces
llegó de nuevo el zorro y dijo:
-¡Móntate en mi ruda cola, Hurleburlebutz! ¡Vá­monos! ¡Al bosque!
En cuanto llegaron al lugar soleado del bosque, dijo de nuevo el zorro:
-¡Bájate y quítame los piojos!
Y mientras la muchacha estaba despiojando al zorro suspiró y dijo:
-¿Dónde estarán ahora mis gansos? -¿Qué sabes tú de gansos?
-Mucho, pues todos los días los sacaba con mi padre al prado.
-¡O sea, que tú no eres la hija del rey! ¡Móntate en mi ruda cola,
Hurleburlebutz! ¡Volvemos al palacio!
El zorro la devolvió y le dijo al rey:
-Me has vuelto a engañar: ésta es la hija de un pastor de gansos. Dentro de
ocho días volveré y como enton­ces no me des a tu hija, te irá muy mal.
Al rey le entró miedo y cuando volvió el zorro le dio a la princesa.
-¡Móntate en mi ruda cola, Hurleburlebutz! ¡Vá­monos! ¡Al bosque!
Entonces ella tuvo que marcharse montada en la cola del zorro, y cuando
llegaron al lugar soleado le dijo a ella también:
-¡Bájate y quítame los piojos!
Pero cuando el zorro le puso la cabeza en su regazo la princesa se echó a
llorar y dijo:
-¡Yo que soy hija de un rey tengo que quitarle los
piojos a un zorro! ¡Si ahora estuviera en mi alcoba, po­dría ver mis flores
en el jardín!
Entonces el zorro vio que tenía a la verdadera novia, se transformó en el
pequeño hombrecillo de pelo blan­co, y aquél era ahora su marido y tuvo que
vivir con él en una pequeña cabaña, hacerle la comida y coserle, y así se
pasó una buena temporada.
El hombrecillo, sin embargo, hacía cualquier cosa por ella.
Una vez le dijo el hombrecillo:
-Me tengo que marchar, pero pronto llegarán vo­lando tres palomas blancas,
pasarán volando muy a ras del suelo. Coge la que esté en el medio y cuando
la ten­gas córtale enseguida la cabeza, pero ten cuidado de no coger otra
que no sea la del medio u ocurrirá una gran desgracia.
El hombrecillo se marchó. Y no pasó mucho tiem­po hasta que, efectivamente,
llegaron volando las tres palomas blancas.
La princesa puso mucha atención, agarró la del me­dio, cogió un cuchillo y
le cortó la cabeza. Pero en cuan­to cayó al suelo apareció ante ella un
joven y hermoso príncipe, y dijo:
-Un hada me encantó y me condenó a perder mi fi­gura humana durante siete
años, al cabo de los cuales, convertido en paloma, pasaría volando al lado
de mi es­posa entre otras dos palomas, y si ella no me atrapaba o si
atrapaba a otra y yo me escapaba estaría todo perdido y
ya no habría salvación para mí. Por eso te pedí que pusie­ras mucha atención
pues yo soy el hombrecillo canoso y tú mi esposa.
La princesa se quedó entonces muy complacida y se fueron juntos a casa del
padre, y cuando éste murió he­redaron su reino.

Blancanieves
Hermanos Grimm
Era un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del cielo como
blancas plumas. La Reina cosía junto a una ventana, cuyo marco era de ébano.
Y como mientras cosía miraba caer los copos, con la aguja se pinchó un dedo,
y tres gotas de sangre fueron a caer sobre la nieve. El rojo de la sangre se
destacaba bellamente sobre el fondo blanco, y ella pensó: "¡Ah, si pudiere
tener una hija que fuere blanca como nieve, roja como sangre y negra como el
ébano de esta ventana!". No mucho tiempo después le nació una niña que era
blanca como la nieve, sonrosada como la sangre y de cabello negro como la
madera de ébano; y por eso le pusieron por nombre Blancanieves. Pero al
nacer ella, murió la Reina.
Un año más tarde, el Rey volvió a casarse. La nueva Reina era muy bella,
pero orgullosa y altanera, y no podía sufrir que nadie la aventajase en
hermosura. Tenía un espejo prodigioso, y cada vez que se miraba en él, le
preguntaba:
"Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?
. Y el espejo le contestaba, invariablemente:
"Señora Reina, eres la más hermosa en todo el país".
La Reina quedaba satisfecha, pues sabía que el espejo decía siempre la
verdad. Blancanieves fue creciendo y se hacía más bella cada día. Cuando
cumplió los siete años, era tan hermosa como la luz del día, y mucho más que
la misma Reina. Al preguntar ésta un día al espejo:
"Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?
. Respondió el espejo:
"Señora Reina, tú eres como una estrella, pero Blancanieves es mil veces más
bella".
Se espantó la Reina, palideciendo de envidia y, desde entonces, cada vez que
veía a Blancanieves sentía que se le revolvía el corazón; tal era el odio
que abrigaba contra ella. Y la envidia y la soberbia, como las malas hierbas
crecían cada vez más altas en su alma, no dejándole un instante de reposo,
de día ni de noche.
Finalmente, llamó un día a un servidor y le dijo:
-Llévate a la niña al bosque; no quiero tenerla más tiempo ante mis ojos. La
matarás, y en prueba de haber cumplido mi orden, me traerás sus pulmones y
su hígado. Obedeció el cazador y se marchó al bosque con la muchacha. Pero
cuando se disponía a clavar su cuchillo de monte en el inocente corazón de
la niña, se echó ésta a llorar:
-¡Piedad, buen cazador, déjame vivir! -suplicaba-. Me quedaré en el bosque y
jamás volveré al palacio.
Y era tan hermosa, que el cazador, apiadándose de ella, le dijo:
-¡Márchate entonces, pobrecilla! Y pensó: "No tardarán las fieras en
devorarte". Sin embargo, le pareció como si se le quitase una piedra del
corazón por no tener que matarla. Y como acertara a pasar por allí un
cachorro de jabalí, lo degolló, le sacó los pulmones y el hígado, y se los
llevó a la Reina como prueba de haber cumplido su mandato. La perversa mujer
los entregó al cocinero para que se los guisara, y se los comió convencida
de que comía la carne de Blancanieves.
La pobre niña se encontró sola y abandonada en el inmenso bosque. Se moría
de miedo, y el menor movimiento de las hojas de los árboles le daba un
sobresalto. No sabiendo qué hacer, echó a correr por entre espinos y piedras
puntiagudas, y los animales de la selva pasaban saltando por su lado sin
causarle el menor daño. Siguió corriendo mientras la llevaron los pies y
hasta que se ocultó el sol. Entonces vio una casita y entró en ella para
descansar.
Todo era diminuto en la casita, pero tan primoroso y limpio, que no hay
palabras para describirlo.
Había una mesita cubierta con un mantel blanquísimo, con siete minúsculos
platitos y siete vasitos; y al lado de cada platito había su cucharilla, su
cuchillito y su tenedorcito. Alineadas junto a la pared veíanse siete
camitas, con sábanas de inmaculada blancura.
Blancanieves, como estaba muy hambrienta, comió un poquito de legumbres y un
bocadito de pan de cada plato, y bebió una gota de vino de cada copita, pues
no quería tomarlo todo de uno solo. Luego, sintiéndose muy cansada, quiso
echarse en una de las camitas; pero ninguna era de su medida: resultaba
demasiado larga o demasiado corta; hasta que, por fin, la séptima le vino
bien; se acostó en ella, se encomendó a Dios y quedó dormida.
Cerrada ya la noche, llegaron los dueños de la casita, que eran siete enanos
que se dedicaban a excavar minerales en el monte. Encendieron sus siete
lamparillas y, al iluminarse la habitación, vieron que alguien había entrado
pues las cosas no estaban en el orden en que ellos las habían dejado al
marcharse.
Dijo el primero:
-¿Quién se sentó en mi sillita?
El segundo:
-¿Quién ha comido de mi platito?
El tercero:
-¿Quién ha cortado un poco de mi pan?
El cuarto:
-¿Quién ha comido de mi verdurita?
El quinto:
-¿Quién ha pinchado con mi tenedorcito?
El sexto:
-¿Quién ha cortado con mi cuchillito? Y el séptimo:
-¿Quién ha bebido de mi vasito? Luego, el primero, recorrió la habitación y,
viendo un pequeño hueco en su cama, exclamó alarmado:
-¿Quién se ha subido en mi camita? Acudieron corriendo los demás y
exclamaron todos:
-¡Alguien estuvo echado en la mía! Pero el séptimo, al examinar la suya,
descubrió a Blancanieves, dormida en ella.
Llamó entonces a los demás, los cuales acudieron presurosos y no pudieron
reprimir sus exclamaciones de admiración cuando, acercando las siete
lamparillas, vieron a la niña.
-¡Oh, Dios mío; oh, Dios mío! -decían-, ¡qué criatura más hermosa!
Y fue tal su alegría, que decidieron no despertarla, sino dejar que siguiera
durmiendo en la camita. El séptimo enano se acostó junto a sus compañeros,
una hora con cada uno, y así transcurrió la noche. Al clarear el día se
despertó Blancanieves y, al ver a los siete enanos, tuvo un sobresalto. Pero
ellos la saludaron afablemente y le preguntaron:
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Blancanieves -respondió ella.
-¿Y cómo llegaste a nuestra casa? -siguieron preguntando los hombrecillos.
Entonces ella les contó que su madrastra había dado orden de matarla, pero
que el cazador le había perdonado la vida, y ella había estado corriendo
todo el día, hasta que, al atardecer, encontró la casita.
Dijeron los enanos:
-¿Quieres cuidar de nuestra casa? ¿Cocinar, hacer las camas, lavar, remendar
la ropa y mantenerlo todo ordenado y limpio? Si es así, puedes quedarte con
nosotros y nada te faltará.
-¡Sí! -exclamó Blancanieves- . Con mucho gusto -y se quedó con ellos.
A partir de entonces, cuidaba la casa con todo esmero. Por la mañana, ellos
salían a la montaña en busca de mineral y oro, y al regresar, por la tarde,
encontraban la comida preparada. Durante el día, la niña se quedaba sola, y
los buenos enanitos le advirtieron:
-Guárdate de tu madrastra, que no tardará en saber que estás aquí. ¡No dejes
entrar a nadie!
La Reina, entretanto, desde que creía haberse comido los pulmones y el
hígado de Blancanieves, vivía segura de volver a ser la primera en belleza.
Se acercó un día al espejo y le preguntó:
"Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?
. Y respondió el espejo:
"Señora Reina, eres aquí como una estrella; pero mora en la montaña, con los
enanitos, Blancanieves, que es mil veces más bella".
La Reina se sobresaltó, pues sabía que el espejo jamás mentía, y se dio
cuenta de que el cazador la había engañado, y que Blancanieves no estaba
muerta. Pensó entonces otra manera de deshacerse de ella, pues mientras
hubiese en el país alguien que la superase en belleza, la envidia no la
dejaría reposar. Finalmente, ideó un medio. Se tiznó la cara y se vistió
como una vieja buhonera, quedando completamente desconocida.
Así disfrazada se dirigió a las siete montañas y, llamando a la puerta de
los siete enanitos, gritó:
-¡Vendo cosas buenas y bonitas!
Se asomó Blancanieves a la ventana y le dijo:
-¡Buenos días, buena mujer! ¿Qué traes para vender?
-Cosas finas, cosas finas -respondió la Reina-. Lazos de todos los colores
-y sacó uno trenzado de seda multicolor.
"Bien puedo dejar entrar a esta pobre mujer", pensó Blancanieves y, abriendo
la puerta, compró el primoroso lacito.
-¡Qué linda eres, niña! -exclamó la vieja-. Ven, que yo misma te pondré el
lazo.
Blancanieves, sin sospechar nada, se puso delante de la vendedora para que
le atase la cinta alrededor del cuello, pero la bruja lo hizo tan
bruscamente y apretando tanto, que a la niña se le cortó la respiración y
cayó como muerta.
-¡Ahora ya no eres la más hermosa! -dijo la madrastra, y se alejó
precipitadamente.
Al cabo de poco rato, ya anochecido, regresaron los siete enanos. Imagínense
su susto cuando vieron tendida en el suelo a su querida Blancanieves, sin
moverse, como muerta. Corrieron a incorporarla y viendo que el lazo le
apretaba el cuello, se apresuraron a cortarlo. La niña comenzó a respirar
levemente, y poco a poco fue volviendo en sí. Al oír los enanos lo que había
sucedido, le dijeron:
-La vieja vendedora no era otra que la malvada Reina. Guárdate muy bien de
dejar entrar a nadie, mientras nosotros estemos ausentes.
La mala mujer, al llegar a palacio, corrió ante el espejo y le preguntó:
"Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?
. Y respondió el espejo, como la vez anterior:
"Señora Reina, eres aquí como una estrella; pero mora en la montaña, con los
enanitos, Blancanieves, que es mil veces más bella".
Al oírlo, del despecho, toda la sangre le afluyó al corazón, pues supo que
Blancanieves continuaba viviendo. "Esta vez -se dijo- idearé una trampa de
la que no te escaparás", y, valiéndose de las artes diabólicas en que era
maestra, fabricó un peine envenenado. Luego volvió a disfrazarse, adoptando
también la figura de una vieja, y se fue a las montañas y llamó a la puerta
de los siete enanos.
-¡Buena mercancía para vender! -gritó.
Blancanieves, asomándose a la ventana, le dijo:
-Sigue tu camino, que no puedo abrir a nadie.
-¡Al menos podrás mirar lo que traigo! -respondió la vieja y, sacando el
peine, lo levantó en el aire. Pero le gustó tanto el peine a la niña que,
olvidándose de todas las advertencias, abrió la puerta.
Cuando se pusieron de acuerdo sobre el precio dijo la vieja:
-Ven que te peinaré como Dios manda.
La pobrecilla, no pensando nada malo, dejó hacer a la vieja; mas apenas hubo
ésta clavado el peine en el cabello, el veneno produjo su efecto y la niña
se desplomó insensible.
-¡Dechado de belleza -exclamó la malvada bruja-, ahora sí que estás lista!
-y se marchó.
Pero, afortunadamente, faltaba poco para la noche, y los enanitos no
tardaron en regresar. Al encontrar a Blancanieves inanimada en el suelo,
enseguida sospecharon
de la madrastra y, buscando, descubrieron el peine envenenado. Se lo
quitaron rápidamente y, al momento, volvió la niña en sí y les explicó lo
ocurrido. Ellos le advirtieron de nuevo que debía estar alerta y no abrir la
puerta a nadie.
La Reina, de regreso en palacio, fue directamente a su espejo:
"Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?
. Y como las veces anteriores, respondió el espejo, al fin:
"Señora Reina, eres aquí como una estrella; pero mora en la montaña, con los
enanitos, Blancanieves, que es mil veces más bella".
Al oír estas palabras del espejo, la malvada bruja se puso a temblar de
rabia. -¡Blancanieves morirá -gritó-, aunque me haya de costar a mí la vida!
Y, bajando a una cámara secreta donde nadie tenía acceso sino ella, preparó
una manzana con un veneno de lo más virulento. Por fuera era preciosa,
blanca y sonrosada, capaz de hacer la boca agua a cualquiera que la viese.
Pero un solo bocado significaba la muerte segura. Cuando tuvo preparada la
manzana, se pintó nuevamente la cara, se vistió de campesina y se encaminó a
las siete montañas, a la casa de los siete enanos. Llamó a la puerta.
Blancanieves asomó la cabeza a la ventana y dijo:
-No debo abrir a nadie; los siete enanitos me lo han prohibido.
-Como quieras -respondió la campesina-. Pero yo quiero deshacerme de mis
manzanas. Mira, te regalo una.
-No -contestó la niña-, no puedo aceptar nada.
-¿Temes acaso que te envenene? -dijo la vieja-. Fíjate, corto la manzana en
dos mitades: tú te comes la parte roja, y yo la blanca.
La fruta estaba preparada de modo que sólo el lado encarnado tenía veneno.
Blancanieves miraba la fruta con ojos codiciosos, y cuando vio que la
campesina la comía, ya no pudo resistir. Alargó la mano y tomó la mitad
envenenada. Pero no bien se hubo metido en la boca el primer trocito, cayó
en el suelo, muerta. La Reina la contempló con una mirada de rencor, y,
echándose a reír, dijo:
-¡Blanca como la nieve; roja como la sangre; negra como el ébano! Esta vez,
no te resucitarán los enanos.
Y cuando, al llegar a palacio, preguntó al espejo:
"Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?
. Le respondió el espejo, al fin:
"Señora Reina, eres la más hermosa en todo el país".
Sólo entonces se aquietó su envidioso corazón, suponiendo que un corazón
envidioso pueda aquietarse.
Los enanitos, al volver a su casa aquella noche, encontraron a Blancanieves
tendida en el suelo, sin que de sus labios saliera el hálito más leve.
Estaba muerta. La levantaron, miraron si tenía encima algún objeto
emponzoñado, la desabrocharon, le peinaron el pelo, la lavaron con agua y
vino, pero todo fue inútil. La pobre niña estaba muerta y bien muerta. La
colocaron en un ataúd, y los siete, sentándose alrededor, la estuvieron
llorando por espacio de tres días. Luego pensaron en darle sepultura; pero
viendo que el cuerpo se conservaba lozano, como el de una persona viva, y
que sus mejillas seguían sonrosadas, dijeron:
-No podemos enterrarla en el seno de la negra tierra- y mandaron fabricar
una caja de cristal transparente que permitiese verla desde todos lados. La
colocaron en ella y grabaron su nombre con letras de oro: "Princesa
Blancanieves" . Después transportaron el ataúd a la cumbre de la montaña, y
uno de ellos, por turno, estaba siempre allí velándola. Y hasta los animales
acudieron a llorar a Blancanieves: primero, una lechuza; luego, un cuervo y,
finalmente, una palomita.
Y así estuvo Blancanieves mucho tiempo, reposando en su ataúd, sin
descomponerse, como dormida, pues seguía siendo blanca como la nieve, roja
como la sangre y con el cabello negro como ébano. Sucedió, entonces, que un
príncipe que se había metido en el bosque se dirigió a la casa de los
enanitos, para pasar la noche. Vio en la montaña el ataúd que contenía a la
hermosa Blancanieves y leyó la inscripción grabada con letras de oro. Dijo
entonces a los enanos:
-Denme el ataúd, pagaré por él lo que me pidan.
Pero los enanos contestaron:
-Ni por todo el oro del mundo lo venderíamos.
-En tal caso, regálenmelo -propuso el príncipe-, pues ya no podré vivir sin
ver a Blancanieves. La honraré y reverenciaré como a lo que más quiero.
Al oír estas palabras, los hombrecillos sintieron compasión del príncipe y
le regalaron el féretro. El príncipe mandó que sus criados lo transportasen
en hombros. Pero ocurrió que en el camino tropezaron contra una mata, y de
la sacudida saltó de la garganta de Blancanieves el bocado de la manzana
envenenada, que todavía tenía atragantado. Y, al poco rato, la princesa
abrió los ojos y recobró la vida.
Levantó la tapa del ataúd, se Incorporó y dijo:
-¡Dios Santo!, ¿dónde estoy?
Y el príncipe le respondió, loco de alegría:
-Estás conmigo -y, después de explicarle todo lo ocurrido, le dijo:
-Te quiero más que a nadie en el mundo. Ven al castillo de mi padre y serás
mi esposa.
Accedió Blancanieves y se marchó con él al palacio, donde enseguida se
dispuso la boda, que debía celebrarse con gran magnificencia y esplendor.
A la fiesta fue invitada también la malvada madrastra de Blancanieves. Una
vez que se hubo ataviado con sus vestidos más lujosos, fue al espejo y le
preguntó:
"Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?
. Y respondió el espejo:
"Señora Reina, eres aquí como una estrella, pero la reina joven es mil veces
más bella".
La malvada mujer soltó una palabrota y tuvo tal sobresalto, que quedó como
fuera de sí. Su primer propósito fue no ir a la boda. Pero la inquietud la
roía, y no pudo resistir al deseo de ver a aquella joven reina. Al entrar en
el salón reconoció a Blancanieves, y fue tal su espanto y pasmo, que se
quedó clavada en el suelo sin poder moverse. Pero habían puesto ya al fuego
unas zapatillas de hierro y estaban incandescentes. Tomándolas con tenazas,
la obligaron a ponérselas, y hubo de bailar con ellas hasta que cayó muerta.

El fiel Juan
Hermanos Grimm
Érase una vez un anciano Rey, se sintió enfermo y pensó: "Sin duda es mi
lecho de muerte éste en el que yazgo". Y ordenó:
- Que venga mi fiel Juan.
Era éste su criado favorito, y le llamaban así porque durante toda su vida
había sido fiel a su señor. Cuando estuvo al pie de la cama, díjole el Rey:
- Mi fidelísimo Juan, presiento que se acerca mi fin, y sólo hay una cosa
que me atormenta: mi hijo. Es muy joven todavía, y no siempre sabe
gobernarse con tino. Si no me prometes que lo instruirás en todo lo que
necesita saber y velarás por él como un padre, no podré cerrar los ojos
tranquilo.
- Os prometo que nunca lo abandonaré -le respondió el fiel Juan-; lo serviré
con toda fidelidad, aunque haya de costarme la vida.
Dijo entonces el anciano Rey:
- Así muero tranquilo y en paz -. Y prosiguió: - Cuando yo haya muerto
enséñale todo el palacio, todos los aposentos, los salones, los soterrados y
los tesoros guardados en ellos. Pero guárdate de mostrarle la última cámara
de la galería larga, donde se halla el retrato de la princesa del Tejado de
Oro, pues si lo viera, se enamoraría perdidamente de ella, perdería el
sentido, y por su causa se expondría a grandes peligros; así que guárdalo de
ello.
Y cuando el fiel Juan hubo renovado la promesa a su Rey, enmudeció éste y,
reclinando la cabeza en la almohada, murió.
Llevado ya a la sepultura el cuerpo del anciano Rey, el fiel Juan dio cuenta
a su joven señor de lo que prometiera a su padre en su lecho de muerte, y
añadió:
- Lo cumpliré puntualmente y te guardaré fidelidad como se la guardé a él,
aunque me hubiera de costar la vida.
Celebráronse las exequias, pasó el período de luto, y entonces el fiel Juan
dijo al Rey:
- Es hora de que veas tu herencia; voy a mostrarte el palacio de tu padre.
Y lo acompañó por todo el palacio, arriba y abajo, y le hizo ver todos los
tesoros y los magníficos aposentos; sólo dejó de abrir el que guardaba el
peligroso retrato. Éste se hallaba colocado de tal modo que se veía con sólo
abrir la puerta, y era de una perfección tal que parecía vivir y respirar, y
que en el mundo entero no podía encontrarse nada más hermoso ni más delicado

Pero al joven Rey no se le escapó que el fiel Juan pasaba muchas veces por
delante de esta puerta sin abrirla, y, al fin, le preguntó:
- ¿Por qué no la abres nunca?
- Es que en esta pieza hay algo que te causaría espanto ­respondióle el
criado. Mas el Rey le replicó:
-He visto todo el palacio y quiero también saber lo que hay ahí dentro, y,
dirigiéndose a la puerta, trató de forzarla.
El fiel Juan lo retuvo y le dijo:
- Prometí a tu padre, antes de morir, que no verías lo que hay en este
cuarto; nos podría traer grandes desgracias, a ti y a mí.
- Al contrario -replicó el joven Rey-. Si no entro, mi perdición es segura.
No descansaré ni de día ni de noche hasta que lo haya contemplado con mis
propios ojos. No me muevo de aquí hasta que me abras esta puerta.
Entonces comprendió el fiel Juan que no había otro remedio, y con el corazón
en el puño y muchos suspiros sacó la llave del gran manojo. Cuando tuvo la
puerta abierta, entró el primero con intención de tapar el cuadro, para que
el Rey no lo viera. Pero, ¿de qué le sirvió? El Rey, poniéndose de puntillas
miró por encima de su hombro, y al ver el retrato de la doncella,
resplandeciente de oro y piedras preciosas, cayó al suelo sin sentido.
Levantólo el fiel Juan y lo llevó a su cama, pensando. con gran angustia:
"El mal está hecho. ¡Dios mío!, ¿qué pasará ahora?". Y le dio vino para
reanimarlo. Vuelto en sí el Rey, sus primeras palabras fueron:
- ¡Ay!, ¿de quién es este retrato tan hermoso? - Es la princesa del Tejado
de Oro -respondióle el fiel criado. Y el Rey:
- Es tan grande mi amor por ella, que si todas las hojas de los árboles
fuesen lenguas, no bastarían para expresarle. Mi vida pondré en juego para
alcanzarla, y tú, mi leal Juan, debes ayudarme a conseguirlo.
El fiel criado estuvo cavilando largo tiempo sobre la manera de emprender el
negocio. pues sólo el llegar a presencia de la princesa era ya muy difícil.
Finalmente, se le ocurrió un medio, y dijo a su señor:
- Todo lo que tiene a su alrededor es de oro: mesas, sillas, fuentes, vasos,
tazas y todo el ajuar de la casa. En tu tesoro hay cinco toneladas de oro-,
manda que den una a los orfebres del reino, y con ella fabriquen toda clase
de vasos y utensilios, toda suerte de aves, alimañas y animales fabulosos;
esto le gustará; con ello nos pondremos en camino, a probar fortuna.
El Rey hizo venir a todos los orfebres del país, los cuales trabajaron sin
descanso hasta terminar aquellos preciosos objetos. Luego fue cargado todo
en un barco, y el fiel Juan y el Rey se vistieron de mercaderes para no ser
conocidos de nadie. Luego se hicieron a la mar, y navegaron hasta arribar a
la ciudad donde vivía la princesa del Tejado de Oro. El fiel Juan pidió al
Rey que permaneciese a bordo y aguardase su vuelta:
- A lo mejor vuelvo con la princesa -dijo-. Procurarás, pues, que todo esté
bien dispuesto y ordenado, los objetos de oro a la vista y el barco bien
empavesado.
Se llenó el cinto de toda clase de objetos preciosos, desembarcó y
encaminóse al palacio real. Al entrar en el patio vio junto al pozo a una
hermosa muchacha ocupada en llenar de agua dos cubos de oro. Al volverse
para llevarse el agua que reflejaba los destellos del oro, vio al extranjero
y le preguntó quién era. Respondióle éste:
- Soy un mercader - y, abriendo su cinturón, le mostró lo que contenía.
- ¡Oh, qué lindo! -exclamó ella, y, dejando los cubos en el suelo, se puso a
examinar las joyas una por una. Luego dijo: -Es necesario que la princesa lo
vea; le gustan tanto las cosas de oro, que, sin duda, os las comprará todas.

Y, cogiendo al hombre de la mano, condújolo al interior del palacio, pues
era la camarera principal. Cuando la hija del Rey vio aquellas maravillas,
se puso muy contenta y exclamó:
- Está tan primorosamente trabajado, que te lo compro todo.
A lo que respondió el fiel Juan:
- Yo no soy sino el criado de un rico mercader. No es nada lo que traigo
aquí en comparación de lo que mi amo tiene en el barco: lo más bello y
precioso que jamás se haya hecho en oro.
Pidióle ella que se lo llevaran a palacio, pero él contestó:
- Hay tantísimas cosas, que precisarían muchos días y más salas que vuestro
palacio tiene.
- Estas palabras sólo sirvieron para estimular la curiosidad de la princesa,
la cual dijo al fin:
- Acompáñame al barco, quiero ir yo misma a ver los tesoros de tu amo.
El fiel Juan, muy contento, la condujo entonces al barco, y cuando el Rey la
vio, parecióle que su hermosura era todavía mayor que la del retrato, y el
corazón empezó a latirle con tal violencia que se lo sentía a punto de
estallar. Subió la princesa a bordo, y el Rey la acompañó al interior de la
nave; pero el fiel Juan se quedó junto al piloto y le dio orden de zarpar:
- ¡Despliega todas las velas, para que el barco vuele más veloz que un
pájaro!
Entretanto, el Rey mostraba a la princesa la vajilla de oro, pieza por
pieza: fuentes, vasos y tazas, así como las aves y los animales silvestres y
prodigiosos. Transcurrieron muchas horas así, y la princesa, absorta y
arrobada, no se dio cuenta de que el barco se había hecho a la mar. Cuando
ya lo hubo contemplado todo, dio las gracias al mercader y se dispuso a
regresar a palacio-, pero al subir a cubierta vio que estaba muy lejos de
tierra y que el buque navegaba a toda vela:
- ¡Ay de mí! -exclamó-. ¡Me han traicionado, me han raptado! ¡Estoy en manos
de un mercader! ¡Mil veces morir!
Pero el Rey, tomándole la mano, le dijo:
- Yo no soy un comerciante, sino un Rey, y de nacimiento no menos ilustre
que el tuyo. Si te he raptado con un ardid, ha sido por el inmenso amor que
te tengo. Es tan grande, que la primera vez que vi tu retrato caí al suelo
sin sentido-. Estas palabras apaciguaron a la princesa, y como ya sentía
afecto por el Rey, aceptó de buen grado ser su esposa.
Ocurrió, empero, mientras se hallaban aún en alta mar, que el fiel Juan,
sentado en la proa del barco tocando un instrumento musical, vio en el aire
tres cuervos que llegaban volando. Dejó entonces de tocar y se puso a
escuchar su conversación, pues entendía su lenguaje.
Dijo uno:
- ¡Fíjate! se lleva a su casa a la princesa del Tejado de Oro.
- Sí -respondió el segundo-. Pero aún no es suya.
Y el tercero:
- ¿Cómo que no es suya? Si va con él en el barco.
Volviendo a tomar la palabra el primero, dijo:
- ¡Qué importa! En cuanto desembarquen se le acercará al trote un caballo
pardo, y él querrá montarlo; pero si lo hace, volarán ambos por los aires, y
nunca más volverá el Rey a ver a su princesa.
Dijo el segundo:
- ¿Y no hay ningún remedio?
- Sí, lo hay: si otro se adelanta a montarlo y, con una pistola que va en el
arzón del animal, lo mata de un tiro. Sólo de ese modo puede salvarse el Rey
pero, ¿quién va a saberlo? Y si alguien lo supiera y lo revelara, quedaría
convertido en piedra desde las puntas de los pies hasta las rodillas.
Habló entonces el segundo:
- Todavía sé más. Aunque maten el caballo, tampoco tendrá el Rey a su novia.
Cuando entren juntos en palacio, encontrarán en una bandeja una camisa de
boda, que parecerá tejida de oro y plata, pero que en realidad será de
azufre y pez. Si el Rey se la pone, se consumirá y quemará hasta la medula
de los huesos.
Preguntó el tercero:
- ¿Y no hay ningún remedio?
- Sí, lo hay -contestó el otro-. Si alguien coge la camisa con guantes y la
arroja al fuego, el Rey se salvará. ¡Pero eso de qué sirve! Si alguno lo
sabe y lo dice al Rey, quedará convertido en piedra desde las rodillas hasta
el corazón.
Intervino entonces el tercero:
- Pues yo sé más todavía. Aunque se queme la camisa, tampoco el Rey tendrá a
su novia. Cuando, terminada la boda, empiece la danza y la joven reina salga
a bailar, palidecerá de repente y caerá como muerta. Si no acude nadie a
levantarla enseguida y no le sorbe del pecho derecho tres gotas de sangre y
las vuelve a escupir inmediatamente, la reina morirá. Pero quien lo sepa y
lo diga quedará convertido en estatua de piedra, desde la punta de los pies
a la coronilla.
Después de haber hablado así, los cuervos remontaron el vuelo, y el fiel
Juan, que lo había oído y comprendido todo, permaneció desde entonces triste
y taciturno; pues si callaba, haría desgraciado a su señor, y si hablaba, lo
pagaría con su propia vida. Finalmente, se dijo, para sus adentros: "Salvaré
a mi señor, aunque yo me pierda".
Al desembarcar sucedió lo que predijera el cuervo. Un magnífico alazán
acercóse al trote:
- ¡Ea! -exclamó el Rey-. Este caballo me llevará a palacio.
Y se disponía a montarlo cuando el fiel Juan, anticipándose, subióse en él
de un salto y, sacando la pistola del arzón, abatió al animal de un tiro.
Los servidores del Rey, que tenían ojeriza al fiel Juan, prorrumpieron en
gritos:
- ¡Qué escándalo! ¡Matar a un animal tan hermoso, que debía conducir al Rey
a palacio!
Pero el monarca dijo:
- Callaos y dejadle hacer. Es mi fiel Juan. Él sabrá por qué lo hace.
Al llegar al palacio y entrar en la sala, puesta en una bandeja, apareció la
camisa de boda, resplandeciente como si fuese tejida de oro y plata. El
joven Rey iba ya a cogerla, pero el fiel Juan, apartándolo y cogiendo la
prenda con manos enguantadas, la arrojó rápidamente al fuego y estuvo
vigilando hasta que la vio consumida. Los demás servidores volvieron a
desatarse en murmuraciones:
- ¡Fijaos, ahora ha quemado la camisa de boda del Rey!
Pero éste dijo:
- ¡Quién sabe por qué lo hace! Dejadlo, que es mi fiel Juan.
Celebróse la boda, y empezó el baile. La novia salió a bailar; el fiel Juan
no la perdía de vista, mirándola a la cara. De repente palideció y cayó al
suelo como muerta. Juan se lanzó sobre ella, la cogió en brazos y la llevó a
una habitación; la depositó sobre una cama, y, arrodillándose, sorbió de su
pecho derecho tres gotas de sangre y las escupió seguidamente. Al instante
recobró la Reina el aliento y se repuso; pero el Rey, que había presenciado
la escena y desconocía los motivos que inducían al fiel Juan a obrar de
aquel modo, gritó lleno de cólera:
- ¡Encerradlo en un calabozo!
Al día siguiente, el leal criado fue condenado a morir y conducido a la
horca. Cuando ya había subido la escalera, levantó la voz y dijo:
- A todos los que han de morir se les concede la gracia de hablar antes de
ser ejecutados. ¿No se me concederá también a mí este derecho?
- Sí -dijo el Rey-. Te lo concedo-. Entonces el fiel Juan habló de esta
manera:
- He sido condenado injustamente, pues siempre te he sido fiel.
Y explicó el coloquio de los cuervos que había oído en alta mar y cómo tuvo
que hacer aquellas cosas para salvar a su señor. Entonces exclamó el Rey:
- ¡Oh, mi fidelísimo Juan! ¡Gracia, gracia! ¡Bajadlo!
Pero al pronunciar la última palabra, el leal criado había caído sin vida,
convertido en estatua de piedra.
El Rey y la Reina se afligieron en su corazón.
- ¡Ay de mí! -se lamentaba el Rey-. ¡Qué mal he pagado su gran fidelidad!
Y, mandando levantar la estatua de piedra, la hizo colocar en su alcoba, al
lado de su lecho. Cada vez que la miraba, no podía contener las lágrimas, y
decía:
- ¡Ay, ojalá pudiese devolverte la vida, mi fidelísimo Juan!
Transcurrió algún tiempo y la Reina dio a luz dos hijos gemelos, que
crecieron y eran la alegría de sus padres. Un día en que la Reina estaba en
la iglesia y los dos niños se habían quedado jugando con su padre, miró éste
con tristeza la estatua de piedra y suspiró:
- ¡Ay, mi fiel Juan, si pudiese devolverte la vida!
Y he aquí que la estatua comenzó a hablar, diciendo:
- Sí, puedes devolverme a vida, si para ello sacrificas lo que más quieres.
A lo que respondió el Rey:
- ¡Por ti sacrificaría cuanto tengo en el mundo!
- Siendo así -prosiguió la piedra-, corta con tu propia mano la cabeza a tus
hijos y úntame con su sangre. ¡Sólo de este modo volveré a vivir!
Tembló el Rey al oír que tenía que dar muerte a sus queridos hijitos; pero
al recordar la gran fidelidad de Juan, que había muerto por él, desenvainó
la espada y cortó la cabeza a los dos niños. Y en cuanto hubo rociado la
estatua con su sangre, animóse la piedra y el fiel Juan reapareció ante él,
vivo y sano, y dijo al Rey:
- Tu abnegación no quedará sin recompensa - y, cogiendo las cabezas de los
niños, las aplicó debidamente sobre sus cuerpecitos y untó las heridas con
su sangre. En el acto quedaron los niños lozanos y llenos de vida, saltando
y jugando como si nada hubiese ocurrido.
El Rey estaba lleno de contento. Cuando oyó venir a la Reina, ocultó a Juan
y a los niños en un gran armario. Al entrar ella, díjole:
- ¿Has rezado en la iglesia?
- Sí -respondió su esposa-, pero constantemente estuve pensando en el fiel
Juan, que sacrificó su vida por nosotros.
Dijo entonces el Rey:
- Mi querida esposa, podemos devolverle la vida, pero ello nos costará
sacrificar a nuestros dos hijitos.
Palideció la Reina y sintió una terrible angustia en el corazón; sin embargo
dijo:
- Se lo debemos, por su grandísima lealtad.
El rey, contento al ver que su esposa pensaba como él, corrió al armario y,
abriéndolo, hizo salir a sus dos hijos y a Juan, diciendo:
- ¡Loado sea Dios; está salvado y hemos recuperado también a nuestros
hijitos!
Y le contó todo lo sucedido. Y desde entonces vivieron juntos y felices
hasta la muerte.


Graciela E. Prepelitchi
"Las personas no discuten contenidos, apenas los titulos."
Mario Andrade

REVISTA DESTIEMPOS

REVISTA DESTIEMPOS

Revista Destiempos  www.destiempos.com   Mexico

Serie por nuestros caminos/Camino de Santiago/España

lunes 18 de junio de 2007

El Camino de Santiago en monociclo

lunes 14 de mayo de 2007

Roncesavalles-Fisterra: Una aventura cósmica.


Déajte llevar, como sea, por la increible libertad de un viaje... Éste narra la aventura en mountain bike desde la localidad navarra de Roncesvalles hasta Fisterra. Diez días de navegación en solitario que han dado como resultado esta bitácora de bicigrino. Espero que la disfruteis.

Salu2,
jafobi

sábado 21 de abril de 2007

Etapa peregrina

Hola,
hoy me he subido a lomos de "Bala roja" para evocar una etapa mítica del Camino de Santiago desde Madrid. Partiendo de Cercedilla he ascendido el puerto de la Fuenfría por el camino de la República y he bajado por los enormes pinares silvestres hasta Valsaín y posteriormente La Granja de San Ildefonso. En total 75 kms. que me han hecho recordar los días de esfuerzo y alegrías que experimenté en el Camino Francés hace ahora casi un mes.


Si algun@ no conoceis esta zona de Madrid/Segovia, en especial los pinares segovianos de Valsaín... Os recomiendo que vayais, tiene enormes posibilidades y además siempre puedes completar la etapa con una visita turística al palacio de La Granja, famoso por sus jardines y en las faldas del "techo" de la Comunidad de Madrid: la cima del Peñalara ( 2.430 mts).
Os dejo con una foto que da muestra de lo grandes que son los pinos silvestres que pueblan la falda norte de la Sierra de Guadarrama, y muy rectos!!!... Muchos entre 20 y 30 metros de altura. Fijaros la referencia de "Bala roja".

Salu2,
;D

jueves 5 de abril de 2007

Mago de Oz...


...Sigue el camino de baldosas amarillas.
Haz tu camino, da igual cuál sea... Mientras disfrutes haciéndolo siempre merecerá la pena...
Y es que sólo nos arrepentimos de lo que no hemos hecho.
Bueno, después de este sermón de filosofía de bolsillo (Alfaguara...) os dejo pensando en vuestra próxima efeméride...
Por último quiero agradeceros a todos vuestro apoyo, especialmente a Leticia y mi family que han estado siempre ahí cerca y también a mis respectivas abuelas y a mi abuelo. Gracias por estar ahí también, un beso a todos.
Nos vemos en los caminos.

"I would ride to ride my bike..."

miércoles 4 de abril de 2007

Etapa 10: Santiago de Compostela-Cabo de Finisterre.

Distancia: 115 kms.
Pobre de mí, pobre de mí... Que ya se acabó el camino de santiaguín... En total, 975 kms de viaje, "aventura" y emociones encontradas... Algo que recomiendo hacer a cualquiera y de la manera que sea... Que haga su camino, cada uno en su estilo.
Ah, en cuanto a la etapa de hoy... Dura pero muy bonita, con casi 2.000 mts de desnivel y con una "meteo" pletórica, la mejor en 10 días... Pero por lo menos leticia me pudo llevar las bolsas marsupiales en el coche. Y la verdad es que iba como un tiro (imaginaros llevar 10 kgs menos por los rotos camiños galegos...).
Y por fin llego el mar!, cuya imagen vale más que 100 monumentos... Tremendo horizonte el de esta costa da morte.
Besos y abrazos. Ya colgaré mañana fotos, en el fin del mundo es difícil surfear en la red...

martes 3 de abril de 2007

Etapa 9.1: Santiago-Santiago.

Distancia: 4,5 kms. andando por Santiago.
No puedo comenzar esta crónica sin retratar primero un par de ribeiros que ayer nos mamamos a vuestra salud... Después de comer un poco de pulpo y pescado de las Rías Baixas.
Hoy hemos ido a la misa crismal de las 12:oo hrs., llena de seminaristas y con una homilía conservadora (..bueno para que no se enfade nadie, "continuista"...). Aprovechamos también para abrazar al Apóstol y también partirnos la crisma con la columna de la entrada. Lo mejor de la misa, que recomiendo a todo tipo de individuo, es la música... Colosal. Órgano y coro se sintetizan de manera perfecta para hacer descansar cuerpo y alma.
También visitamos la Oficina de Turismo de Galicia para informarnos de los accesos hacia Finisterre, todo está preparado para afrontar los cerca de 90-100 kms. finales que nos harán descubrir el fin del mundo, o parte de él...
Mañana mais...

Paz y amolllll!!!

lunes 2 de abril de 2007

Etapa 9: Arzúa-Santiago de Compostela

Distancia: 40,5 kms.

Hoy fue un día de fiesta, el kilometraje, los caminos y la llegada a Santiago han hecho olvidarme del barro que nuevamente abrazaba a "bala roja" con suma pasión.
Me crucé con menos peregrinos, aunque hoy era todo chavalería. Se nota que empezaron las vacaciones escolares y muchos se han echado el morral a la espalda.
En cuanto a la meteorología, si bien en estos instantes jarrea por las calles de Santiago, fue la mejor de todos estos días que llevo pedaleando... Nubes y sol me recibieron en el Monte do Gozo y no pude resistirme a la tentación de bajarlo "fuera pista", por la hierba... Al llegar al albergue me encontre con 4 ó 5 chic@s tocando sus gaitas al unísono,circunstancia que me hizo recorrer un escalofrío por todo el cuerpo (demasiadas emociones y vivencias acumuladas...). Pero para escalofrío cuando llegué a la "Praza do Obradoiro" y oí mi nombre... quién coño me llama, seguro que no es para mí... Pues sí, era el cicloturista Kiko que acababa de llegar también a Santiago... Le había remontado por caminos todo lo que montó por carreteras. Luego fuimos a por la compostelana y creo que dejaré el abrazo con el apostol para mañana en misica de 12:00 hrs.
Y finalmente me encontré con Leticia por las calles del casco viejo, "¡¡¡cuánto tiempo peladilla!!!...". Una vez acomodados, me propuso seguir el viaje hasta "donde acaba La Tierra"...
Cojonudo!, pero antes un día de paseo turístico-gastronómico por la ciudad. El miércoles seguiremos con nuestro viaje hasta Finisterrae y pegaré un grito en vuestro honor que igual oís por cada uno de vuestros lares.
Ah, toca cena de gala: pulpiño con brebaje galego, haremos un brindis por todos vuestros incesantes ánimos.
Besos y abrazos.
;-)