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Cuando Tenga la Tierra

Cuando Tenga la Tierra

 Pintura  la Casa del Rio

Pintor Juan Carlos Gayoso 

 

 

 

 

 

Letra y Música: D. Toro / A. Petrocelli

Cuando tenga la tierra sembraré las palabras
que mi padre Martín Fierro puso al viento,
cuando tenga la tierra la tendrán los que luchan
los maestros, los hacheros, los obreros.

Cuando tenga la tierra
te lo juro semilla que la vida
será un dulce racimo y en el mar de las uvas
nuestro vino, cantaré, cantaré.

Cuando tenga la tierra le daré a las estrellas
astronautas de trigales, luna nueva,
cuando tenga la tierra formaré con los grillos
una orquesta donde canten los que piensan.

Cuando tenga la tierra
te lo juro semilla que la vida
será un dulce racimo y en el mar de las uvas
nuestro vino, cantaré, cantaré.

HABLADO:
'Campesino, cuando tenga la tierra
sucederá en el mundo el corazón de mi mundo
desde atrás de todo el olvido secaré con mis lágrimas
todo el horror de la lástima y por fin te veré,
campesino, campesino, campesino, campesino,
dueño de mirar la noche en que nos acostamos para hacer los hijos,
campesino, cuando tenga la tierra
le pondré la luna en el bolsillo y saldré a pasear
con los árboles y el silencio
y los hombres y las mujeres conmigo'.

Cantaré, cantaré, cantaré, cantaré.

 

Sri Siddharmeshwar Maharaj/

Sri Siddharmeshwar Maharaj/

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      Contenidos del número 168

 Proposición reveladora (Sri Siddharameshwar Maharaj) El conocimiento es la mayor ignorancia 
 Conocimiento e ignorancia son de la mente (Sri Ramana Maharshi) Pregunta: Yo comprendo que el Sí mismo está más allá del ego. Mi conocimiento es teórico, no práctico. ¿Cómo obtendré la realización práctica del Sí mismo? Maharshi: La realización no es nada nuevo que tenga que ser obtenido. Ya está aquí. Todo lo que se necesita es librarse de este pensamiento: «Yo no he realizado». Pregunta: Entonces, uno no necesita intentarlo. Maharshi: No. La quiescencia de la mente, o paz, es realización. No hay ningún momento en el que el Sí mismo no sea.Mientras hay duda o la sensación de no-realización, debe efectuarse el intento para librarse uno mismo de estos pensamientos.Los pensamientos se deben a la identificación del Sí mismo con el no-sí mismo. Cuando el no-sí mismo desaparece, sólo queda el Sí mismo. Para hacer sitio en cualquier parte, es suficiente que las cosas sean eliminadas de allí. No es que se haga un sitio nuevo. No; es más —el sitio está ahí aunque sea angosto.La ausencia de pensamientos no significa un vacío. Debe haber alguien que conozca ese vacío. El conocimiento y la ignorancia son de la mente. Nacen de la dualidad. Pero el Sí mismo es más allá del conocimiento y la ignorancia. Es la luz misma. No hay ninguna necesidad de ver al Sí mismo con otro Sí mismo. No hay dos sí mismos. Lo que no es Sí mismo, es no-sí mismo. El no-sí mismo no puede ver al Sí mismo. El Sí mismo no tiene vista ni oído. Es más allá de éstos —totalmente solo, como consciencia pura. 
 El conocimiento más noble (Sri Siddharameshwar Maharaj) De todos los conocimientos, el conocimiento del Sí mismo es el más noble; y detodos los dharmas el swadharma es el más noble. Estos Mahatmas mismos difunden el conocimiento del Sí mismo entre los hombres y les enseñan el significado del swadharma. En este mundo se enseña el conocimiento de la astrología, de la magia negra, de las relaciones públicas, los cuatro tipos de ciencias y las sesenta y cuatro artes. Pero todo ese conocimiento, exceptuando el conocimiento del Sí mismo, es conocimiento falso. Los santos se niegan a reconocerlos y difunden solamente el arte del conocimiento del Sí mismo.[...]El santo Ramdas dijo, «Si hay alguna religión en el mundo que sea la más noble detodas, es el swadharma, es decir, vivir en la propia naturaleza de uno». Vivir en lapropia naturaleza innata de uno es swadharma, sea cual sea la casta, la religión o la nación a las que un hombre pertenezca. Para comprender el swadharma, uno debe entender que existe en todas las formas de vida, ya se trate de una hormiga o de un insecto. Sólo esto es swadharma, y todos los demás cultos que se presentan como religiones son paradharma, es decir, son religiones de lo que no es el Sí mismo, o que son extrañas al Sí mismo. Estas religiones establecen ciertas reglas y métodos que son ajenos a nuestra naturaleza real. Así es como podemos definir swadharma y paradharma. 
 Conocimiento desaparece en no-conocimiento (Sri Nisargadatta Maharaj) Pregunta: ¿Nosotros venimos del estado parabrahman y regresamos después de que la «sensación siendo» parte?Respuesta: El descenso dentro de este mundo desde lo absoluto es algo como la aparición de un sueño. En un sueño, ¿va usted a alguna parte? La ignorancia raíz es la aceptación de que usted es el cuerpo. Saber que usted es lo manifiesto es conocimiento, y el conocimiento desaparece en no-conocimiento, parabrahman. No hay ningún descenso dentro de este mundo desde lo absoluto. No hay absolutamente nada que descienda dentro de este mundo desde lo absoluto. ¿Cómo podría ese supuesto descenso acontecer? Ello supondría tres en escena, lo absoluto, lo que desde él desciende adentro de este mundo, y este mundo que atrapa ese descenso y lo esclaviza en esta cámara de terrores. ¿Quién ha visto jamás producirse ese descenso desde lo absoluto dentro de este  mundo? Yo no sé debido a qué acabo de decir que hay un descenso desde yo adentro de este mundo. Esas palabras encierran un concepto erróneo que normalmente dará muchos quebraderos de cabeza. Si se ha producido un descenso desde yo adentro de este mundo, ello quiere decir que algo de mí ha salido de mí. ¿Con cuál forma, me pregunto yo? ¿Cómo sabía ese algo de mí dónde se encontraba este mundo para entrar en él? Ese algo de mí, lo absoluto, para entrar adentro de este mundo, debía necesariamente ser más pequeño que el mundo. ¿Cómo de pequeño era ese algo de mí? ¿Digamos como un cuerpo, como un óvulo fecundado? ¿Por qué atribuirme a mí mismo de esta manera la identidad cuerpo-mente? ¿Cómo puede ese supuesto algo de mí descender adentro de este mundo de otro modo que como un algo, de otro modo que como un alguien? Adentro de este mundo, de cualquier modo que ello se comprenda, quiere decir «contenido en el mundo». ¿De qué otro modo puede estar algo contenido en el mundo, de qué otro modo puede estar algo adentro del mundo, si ello no es bajo la forma de un cuerpo? ¿Por qué atribuirme a mí mismo un descenso adentro de este bajo mundo? Saber que yo soy lo manifiesto, el saboreador del sabor «sensación siendo», es conocimiento, y el conocimiento desaparece en no-conocimiento, parabrahman. ¿Cómo ocurre este hecho extraordinario de mi retorno a mi verdadero estado? Esta realización espiritual suprema, pretendidamente buscada por tantos espirituales de culto y relumbrón, ¿cómo tiene lugar ella? Habrá que preguntarle a mi sentido del gusto cómo vuelve él a su estado original sin sabor alguno una vez cesada la saboreación de un sabor. Decir que este sentido del gusto ha descendido al bajo mundo del sabor es una falsedad categórica. Decir que este sentido del gusto ha aparecido en el bajo mundo del sabor es una falsedad categórica. Decir que este sentido del gusto parte del bajo mundo del sabor para retornar a su verdadero estado limpio de todo sabor es una falsedad categórica. Decir que ha habido algún esfuerzo o mérito por parte de alguien en el hecho de que este sentido del gusto se esté conociendo a sí mismo como él es verdaderamente, absolutamente limpio de todo sabor, es una falsedad categórica. ¿Cómo ocurre entonces este hecho extraordinario, este hecho tan difícil, de mi retorno a mi verdadero estado «ausencia total de sensación siendo», parabrahman? Hay una sensación poderosa, intensa, completamente embriagante, por imperativo de la cual hay relaciones sexuales. Este placer completamente intenso, esta sensación completamente sutil pero tangible, completamente sensible pero inaprensible, este placer, yo me pregunto, ¿cómo quedo yo absolutamente limpio de él cuando él cesa? ¿Cesa él debido a algún esfuerzo mío? Cuando él cesa, ¿cesa él o ceso yo? Cuando él cesa, ¿a dónde va él? ¿a dónde voy yo? Cuando esta sensación intensa placer sexual cesa, ¿cómo quedo yo limpio de ella?; el retorno a mi estado sin ella, ¿cómo se produce?   
 El conocimiento es ego (Sri Ranjit Maharaj) 

Si la comprensión está firmemente establecida, no puede haber vuelta atrás. Si frente a usted hay un frasco que pone «veneno», ¿le tocaría usted? Al contrario, usted le alejará de su vista. Se dice, «¡fuera de la vista, fuera de la mente!» ¿Qué decir de aquel que vuelve a la ilusión del mundo, sino que es un loco que ha tenido la comprensión pero la ha perdido? La comprensión debe ser completa y bien digerida; así pues, el que vuelve a la ilusión no ha comprendido. Ha llegado simplemente hasta la fuente del conocimiento, que considera verdadero. Pero el conocimiento es ego. Así pues, el verdadero Maestro le dice que olvide igualmente la ignorancia y el conocimiento. El recuerdo puede transformarse en olvido, y eso quiere decir que el conocimiento no es verdadero. Usted se acuerda de algo en este momento, pero al instante siguiente lo olvida, ¿no es así? Lo que cambia no es verdadero; así pues, el conocimiento no es verdadero. Usted debe ir más allá de la ignorancia y del conocimiento. El conocimiento mismo viene de la ignorancia, del olvido de la realidad. El conocimiento es el más grande de los egos. Sócrates ha dicho, «yo sé que no sé nada». Lo que usted sabe es nada, no es verdadero; el conocimiento es siempre falso. El conocimiento ha aparecido debido a la ignorancia; así pues, si usted olvida el conocimiento, la ignorancia desaparecerá automáticamente. En el sueño profundo, usted es la realidad pero no lo sabe; ése es el problema. Vaya a cero pero no permanezca ahí; comprenda que yo soy más allá de cero, más allá del vacío.

  
 Recesión del conocimiento al inconocimiento (Ativarnashramî) No os preguntéis cómo recede uno y se abisma en su verdadera naturaleza…˜ No hay ningún cómo…˜ Ello es completamente natural y conforme al orden de nuestro ser real…˜ Es una operación espontánea…˜ no sabida cómo ella tiene lugar…˜ No hay ningún conocimiento del cómo la recesión tiene lugar…˜ Ella es una recesión del conocimiento al inconocimiento…˜ del exilio al Reino…˜ Sólo en el Reino se tiene conocimiento del Reino…˜ En el exilio nadie sabe nada sobre el Reino…˜ Cuando nosotros recedemos a nosotros mismos…˜ ello es una sorpresa inaudita…˜ Nosotros no sabemos nada del Reino…˜ Es el Reino el que se abre a nosotros y nos absorbe…˜ Entonces sí…˜ entonces nosotros venimos a saber todo del Reino…˜ Pero el conocimiento del Reino no es un conocimiento de otro que nosotros mismos…˜ de manera que lo que allí nos vemos ser en nosotros mismos deviene una llama de amor tan grande como lo que ella ama…˜ idéntica a lo que ella ama…˜ inmediatamente saciada en lo que ella ama…˜ Por este amor indescriptible de nosotros mismos como nosotros nos estamos viendo ser…˜ nosotros nos exilamos completamente del exilio del mundo al refugio de nuestro verdadero Reino…˜ A esto se llama entrar en la Peregrinación de la recesión a nosotros mismos…˜ a nuestro verdadero Reino…˜ Cuanto menos ego queda en nosotros más fácil e incesante es la recesión a nosotros mismos…˜ La recesión a nosotros mismos no admite ninguna intencionalidad de nuestra parte…˜ Es sólo por amor como la puerta de la recesión se abre…˜ El ego jamás puede cruzar el umbral de la recesión…˜ De manera que receder no es un acto intencionado…˜ sino una operación amada…˜ Sólo el amor da la suficiente pericia para que el ego cese…˜ Y una vez cesado el ego…˜ aunque sólo sea un instante…˜ la recesión se produce instantáneamente y naturalmente…˜ Uno se encuentra entonces hecho antorcha de amor vivo…˜ iluminando un ámbito pasmosamente familiar…˜ No familiar como es familiar el mundo…˜ “yo aquí…˜ y el mundo ahí”…˜ Sino familiar por identidad…˜ por no ser otro que en lo que así recede y se refugia uno…˜ Sólo entonces cobra sentido la proposición…˜ “Esto es verdaderamente lo que yo era…˜ cuando yo era…˜ y absolutamente nada más era conmigo”…˜ ¿Qué es lo que no era conmigo…˜ cuando yo era…˜ y absolutamente nada más era conmigo?…˜ El mundo jamás había sido visto…˜ Lo que no era conmigo…˜ cuando yo era…˜ y absolutamente nada más era conmigo es este exilio del conocimiento de que yo soy…˜ Exilarnos de este exilio hecho de conocimiento de que nosotros somos…˜ es receder y refugiarnos en nuestra verdadera naturaleza eterna…˜  
 Palabras finales de sabiduría (Dattatreya) Yo no soy alcanzado por el conocimiento, el samadhi, ni el yoga,Ni por el paso del tiempo, ni las instrucciones del Gurú;Yo soy la Consciencia Misma, la Realidad última.Como el cielo, aunque cambio, siempre soy el mismo.  
© 2008- AtivarnAshram.com - Distribución libre y gratuita
 Comentarios a: BoletinSinNombre@gmail.com
Pintura 
Avila -Grande
Pintor Carlos Gayoso Venezolano
 

Libro Nueva poesìa Hispanoamericana, Pintura de Vanessa Balleza Gente

Libro Nueva poesìa Hispanoamericana, Pintura de Vanessa Balleza Gente

The day after tomorrow

La   mañana

 quería ser

alondra.

 Y la  tarde

quería ser

ser gorrión.

 Yo   digo

océanos

de tonterías.

Y, de todos modos

los días se suceden

unos tras otros...

Martes

miércoles

 Y,   viernes.

In the morning

the day after tomorrow

tomorrow morning.

Poema editado en el libro, NUEVA POESÍA HISPANOAMERICANA, vigésima  edición, www.edicioneslorbyron.blogspot.com

©Carmen María Camacho Adarve 

 LUNA ROJA

Los ritmos

 De la luna

 Tejen:

  Armonías,

 Simetrías,

 Analogías

 Y participaciones

 Que componen

 Un tejido

 Sin fin,

 Una red

De hebras

  Invisibles

 Que atan

 A la humanidad,

 La lluvia,

 La vegetación,

 Fertilidad,

 Salud,

 Animales,

 Muerte,

 Regeneración,

 Vida después

 De la muerte,

 Y más.

  La luna

 Una divinidad,

 Y actúa

A veces

 A través

 De un animal,

 Lunar,

 Tejiendo

 Un velo cósmico,

 O, los destinos

De aquel primer

 Hombre y ser. 

                              

Poema editado en el libro, NUEVA POESÍA HISPANOAMERICANA, vigésima  edición, www.edicioneslorbyron.blogspot.com

©Carmen María Camacho Adarve

Como el Agua que pasa

Como el Agua que pasa

El Sofa Oleo sobre lienzo 
Pintura de vanessa Balleza
Venezuela
Como el agua que pasa            
está la soberana atravesando                                    
la dulce escarcha de los huesos                    
volcánica                                                                   
 sedienta                                            
     seductora                    
desmenuza paredes                    
colapsa a las dentritas                                 
y como la marea                   
que juega con la luna                   
hace bailar los dedos                   
por la espuma en el barro                   
transforma laberintos                                               
donde la luz se esconde                                 
vestida de princesa                   
a su selva deshoja                   
provoca al universo                   
e incita a los fantasmas                   
a acariciar cornisas                   
a la huella que busca                                               
su gorrión en la lluvia                   
alambrado que crece                             
y hace brotar jazmines                   
en las púas del tiempo                   
prestidigitadora                             
esclava del aullido                   
se reinventa                   
se nutre                   
 desafiando al espacio                                               
desierta ante la duda                   
hasta olvidar su sombra                   
  en el centro del prisma                                   
donde el ojo se pierde                    
así es la poesía                   
esquiva de mis manos                   
como el agua que pasa                                           
como el agua que pasa
 ©Silsh                    
(Silvia Spinazzola)                            
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Las siete maravillas

Las siete maravillas

Las siete Maravillas del Mundo fueron nombradas por primera vez por Antíparo de Sidón en el siglo II AC:  Las pirámides de Giza (Egipto), los jardines colgantes de Babilonia (Irak), la estatua de Zeus en Olimpia (Grecia), el templo de Artemisa en Efeso (Turquía), la tumba del rey Mausoleo (Turquía), el coloso de Rodas y el faro de Alejandría (Egipto).

 Pintura de la Venezolana

Vanessa Balleza

Zoidìaco Variedades 2008

 

La Tragedia del Pañuelo Michael Innes

Michael Innes.La tragedia del pañuelo. 

Título del original inglés: Tragedy of a Handkerchief.

Traducción de Eugenia Candelón.

  Michael Innes, cuyo verdadero nombre es John Innes McKintosh Stewart, nació en Edimburgo en 1906. Es hijo de un erudito escocés; se educó en la Edinburgh Academy y luego en Oriel College, Oxford, donde logró, en 1929, el Matthew Arnold Memorial Prize. Hace algunos años estuvo en Buenos Aires. Ahora reside en Adelaide, Australia, en cuya Universidad es profesor de literatura. Su primera obra es una edición crítica del Montaigne, de John Florio. Entre sus libros policiales cabe señalar: Seven Suspecís, Death at the President’s Lodging, Hamlet, Reentfor a Maker, The Weight qf Evidente, etc. Estas cuatro últimas obras han aparecido traducidas en la colección El Séptimo Circulo con los títulos de Los otros y el rector, ¡Hamlet, venganza!, La torre y la muerte y El peso de la prueba, respectivamente.Desde las primeras lecturas es un ferviente admirador de Stevenson, cuya melodiosa pasión y romántica lucidez resuenan en sus páginas. Innes, escritor evidentemente complejo, abunda en magistrales efectos melodramáticos; sus personajes son vividos, sus argumentos inquietan y avasallan, y el signo fundamental de su obra es una irresistible fuerza mágica.       

El telón se levantó para la última escena de Otelo, de Shakespeare; aquella en que Desdémona muere estrangulada, escena que según el doctor Johnson no se puede soportar. Pero en esta representación, según le pareció al inspector Appleby, ese momento pasaría casi inadvertido para la concurrencia. Esta escena culminante se representaría en la forma desvaída, propia de compañías en gira, que subsisten gracias al apoyo que les presta la asistencia de grupos escolares. Ahora bien, si a éstos les producen mayor efecto los espectáculos truculentos, sus profesores piensan de otra manera. Si deben llevar a sus alumnos a presenciar un crimen abominable, aunque éste se cometa en nombre de Shakespeare, al menos que pase inadvertido en algún rincón oscuro del escenario.

Pero si el público no iba a sentirse horripilado, tampoco, al menos hasta entonces, estaba emocionado. Cualesquiera que fueran los sentimientos demostrados en ese escenario, nada tenían que ver con la intención del dramaturgo. O más bien, pensó el inspector Appleby, era como si el torrente de pasiones descrito por Shakespeare estuviera cruzado por pequeños ríos de pasiones privadas, borroneando y oscureciendo la idea central. Claro que uno está acostumbrado a estas cosas que suceden en las compañías teatrales formadas por aficionados, en las que los mutuos celos y envidias de sus componentes salen a relucir en forma incongruente durante la función. Naturalmente, esto no ocurre en las compañías profesionales; por esto, tal ve2, el público se mostraba tan inquieto y poco convencido. El espectador más concentrado en la representación era probablemente Appleby, quien había entrado en aquel destartalado teatro de provincia sólo por no tener nada que hacer esa noche. En derredor, oía las risas de los chicos aburridos y el crujido constante de las bolsas de caramelos. A pesar de esto, Appleby se dedicó a mirar con atención el dormitorio de Desdémona.

Era el momento en que Otelo debía entrar con una vela en la mano, y decir:

 Es la causa, es la causa, alma mía... 

Pero Otelo no apareció. El escenario estaba vacío; la durmiente Desdémona era apenas visible tras las cortinas de su lecho, que estaba en un rincón alejado. Este atraso fue uno de los indicios de que no todo andaba bien detrás del escenario.

Los espectadores tuvieron otro indicio en una escena del cuarto acto. Otelo humilla a su esposa delante de extraños, pegándole una bofetada. El golpe dado con la mano abierta se simula perfectamente bien en el teatro; el que debe pegar, hace ademán, su víctima trastabilla, y alguien situado entre bastidores golpea las manos para producir el efecto deseado. En aquella ocasión se oyeron claramente dos golpes: el encargado de dar el efecto, y el otro en el escenario. Cuando Desdémona cayó, se le pudo ver una mejilla súbitamente enrojecida, y además le salía sangre por la nariz... Como en una tragedia vulgar (alguna crítica acerba ya la había calificado de tal), el héroe, en este caso Otelo, abofetea a su esposa y le aplasta la nariz. Las frases que siguieron resultaron algo borrosas, ya que Desdémona se llevaba continuamente el pañuelo a la cara para aliviar los desperfectos, y trataba de sobreponerse al shock recibido.

Claro es que algunos artistas se posesionan de su papel, pero el que un Otelo se deje llevar por este celo artístico resulta un poco peligroso. ¿Qué pasaría si se entusiasma en el momento de estrangular a Desdémona?

El inspector Appleby sacudió la cabeza mientras contemplaba el escenario vacío. Había vislumbrado otros indicios de pasiones contenidas que saltaban como chispas detrás de la conocida tragedia. La trama de Otelo está basada en las sospechas que concibe el personaje central, quien, impulsado por su temperamento celoso, llega hasta el asesinato de su esposa. Otelo comete este crimen gracias a las intrigas de Yago, que presentan a Desdémona como una esposa adúltera. Pero entre los artistas de aquel escenario las sospechas no eran exclusivas de una persona, sino que estaban repartidas entre todas. Detrás de los dramáticos versos, detrás del tema central, una oscura y perversa cautela estaba en acecho; era como si cada uno de ellos tratara de adivinar lo que pensaban los demás. Appleby podía jurar que Desdémona estaba más aterrorizada de lo necesario para representar a la heroína de Shakespeare; Yago actuó como a la defensiva, cuando, en realidad, el carácter de su personaje es cruel y solapado. La mujer de Yago, Emilia, a pesar de representar con eficiencia su papel de criada honesta que quiere pasar inadvertida, manifiesta detrás de sus palabras y ademanes un ardiente deseo de mandar a algunos de sus compañeros al infierno. En cuanto a Michael Casio, demostraba estar más cansado y fastidiado de lo que su papel requería. Appleby, que nada sabía de estos actores sin nombre ni fama, malició que Casio era el director de la compañía; un director bien enterado de que la representación estaba resultando algo desfigurada.

A un lado de Appleby estaba sentada una niñita que exhalaba un penetrante olor a pastillas de menta; al otro lado, un niño más pequeño aún se entretenía en convertir su programa en bolitas de papel que tiraba a las personas sentadas más adelante.

Al fin apareció Otelo, caracterizado en la forma que Paul Robeson puso de moda al triunfar en ese papel. Lo malo en aquel actor era su aire de cómico de la legua; desde un principio se había notado que la llama sagrada no ardía en su interior.

La sala quedó silenciosa al aparecer Otelo con la consabida vela encendida en la mano. Los ojos recorrían el escenario, se detenían en un punto, y los volvía a revolear, mientras con la mano libre hacía ademanes exagerados. Estaba violando en todas sus formas posibles los cánones del arte. Sin embargo, produjo una impresión, al menos de asombro. La niñita sentada a la derecha de Appleby se atragantó con una pastilla de menta, y el niño de la izquierda dejó en paz sus municiones. En algún lugar de la galería un chico gritó asustado.

Otelo se adelantó unos pasos y quedó iluminado por un reflejo amarillo verdoso que le dio el aspecto de un cadáver en avanzado estado de descomposición.

La intolerable escena había comenzado con cuarenta y cinco segundos de atraso.

 Es la causa, es la causa, alma mía.¡No la nombraré ante vosotras, castas estrellas!Es la causa... 

Las misteriosas palabras se perdieron en las tinieblas del auditorio. Nada podía disminuir su grandeza, ni la luz amarilloverdosa, ni aun un Otelo que hiciera tales ridículos visajes mientras hablaba.

 Aunque no derramaré su sangre;ni heriré su piel más blanca que la nieve... 

Ante esta terrible amenaza, Desdémona despertó; otra vez la luz amarillenta contrarrestó cualquier efecto escenográfico, por artístico que pretendiera ser.

 ¿Os acostaréis en el lecho, señor?

La escena proseguía con creciente tensión; Otelo, que al menos era alto, se inclinaba sobre la mujer.

 Ese pañuelo que tanto apreciaba y que te di,se lo diste a Casio... 

Esta obra había sido llamada con desdén "La Tragedia del Pañuelo", y, según recordaba el inspector Appleby, la traducción francesa llevaba la palabra más delicada de Bandeau...

 ¡Por el cielo!, que he visto mi pañuelo en su mano.¡Oh mujer perjura! Has endurecido mi corazón;y me haces llamar a lo que tengo intención de hacerun crimen, que creí un sacrificio.He visto mi pañuelo... 

Las luces disminuyeron, para alivio de la susceptibilidad de las maestras de escuela; Otelo era apenas visible cuando tomó un gran almohadón de sobre la cama. El eco de las palabras se había apagado; no se oían más que unos sonidos inarticulados. Parecía que, después de todo, los niños verían un espectáculo digno del dinero que habían pagado por la entrada. Los actores, en la semioculta alcoba, hacían lo imposible para que la escena resultara real: la respiración acelerada de Otelo, mientras apretaba la almohada, y las súplicas ahogadas de la moribunda Desdémona. En eso, los golpes dados en la puerta al lado del lecho, y los gritos de Emilia pidiendo que la dejen entrar; Otelo corre los cortinados de la cama, empieza a andar hacia atrás tropezando como un borracho, y se sumerge otra vez en su oratoria, mientras los gritos de Emilia van en aumento.

 ¡Mi esposa! ¡Mi esposa! ¿Qué esposa? No tengo esposa. 

Al darse cuenta de lo que ha hecho, su voz adquiere más volumen, al llegar a la cima de esa retórica teatral.

Tras las cortinas, se alcanzaban a distinguir los gemidos vacilantes de Desdémona.

 ¡Oh insoportable! ¡Oh pesada hora!Me parece estar en un terrible eclipsede sol y de luna, y que el afligido globose abrirá... 

Emilia seguía llamando; Otelo juntó más las cortinas, y caminando vacilante hacia la puerta, la abrió. La mujer trae las desastrosas noticias por las que Otelo se entera de que su complot para asesinar a Casio ha fallado. Otra vez su voz se eleva con desesperación:

 ¡No ha muerto Casio! Los crímenes no pueden ser.La dulce venganza se amarga... 

De pronto, sobrevino un completo silencio en el escenario. Otelo y Emilia permanecían inmóviles, esperando algo... Otra vez, y con ansiedad, Otelo exclamó:

 La dulce venganza se amarga...

El inspector Appleby se estremeció; el silencio continuaba, y la frase quedaba sin respuesta. Era entonces cuando Desdémona debía pedir auxilio, y cuando Emilia, apartando las cortinas del lecho, trataría en un supremo esfuerzo de evitar que la culpa cayera sobre su amo. Pero el silencio continuó.

El telón cayó con un golpe seco, quedando oculto el escenario. Los niños sentados junto a Appleby empezaron a llorar.

  

—¿Los nombres? —preguntó el inspector Appleby—. Por ahora nos atendremos a los de Shakespeare para evitar confusiones. Creo que Casio es el director de la compañía, ¿no?

El sargento de policía asintió. No sabía si sentirse aliviado o fastidiado por aquella súbita y autoritaria ayuda de un inspector de Scotland Yard.

—Así es, señor, y aquí está —dijo el sargento.

Ráfagas de aire cruzaban el escenario moviendo el telón; a través de éste se oían los murmullos y correteos de los niños al ser sacados del teatro. El escenario parecía algo irreal con sus colgaduras y muebles chillones. La mujer muerta yacía en lo que aparentaba ser una cama; su maquillage era tan oscuro como el de Otelo. Los actores, con sus trajes, barbas y pelucas, eran algo incongruente; se movían en un plano entre la fantasía y la realidad. En medio de ellos, Casio jugueteaba nerviosamente con la empuñadura de un florete; su rostro, de rasgos débiles y distinguidos, mostraba una desesperación bien estudiada.

El inspector Appleby se dirigió a él.

—Esta es su compañía, ¿no? —preguntó el inspector—. ¿Y la muerte de Desdémona le pondrá punto final?

—Así es, además de ser una horrible y... —miró en dirección al lecho— dolorosa desgracia.

—Por lo que veo, si alguien se propuso arruinarlo, buscó un método bien eficaz. ¿No es así?

—Muy eficaz. —El director pareció sobresaltado—. El público jamás gastará en una entrada para vernos... Pero no creo...

—Estoy de acuerdo. Es un motivo posible, pero no probable. Ahora deseo que me diga qué relaciones o lazos de parentesco existen entre los miembros de su compañía.

El director titubeó antes de contestar.

—Yo estoy casado con Blanca.

"Casi una maldición", pensó Appleby. Después dijo:

—¿La muerta estaba casada con Otelo?

—Sí; y Yago con Emilia.

—Ya veo. Sus lazos de parentesco resultan extrañamente iguales a los de la obra. ¿Ustedes van de ciudad en ciudad, y emplean sólo unos pocos extras?

Casio se humedeció los labios.

—Esa es la verdad. No podemos permitirnos mucho.

—Al menos no pueden permitirse un crimen —Appleby miró a los actores que lo rodeaban—. Supongo que se dieron cuenta de que su actuación de hoy fue mediocre, ¿no? —señaló a Otelo con un dedo—. ¿Por qué le pegó a su mujer? Hasta los niños estaban inquietos.

—Sí. ¿Por qué le pegó? —Emilia avanzó unos pasos; sus ojos, enrojecidos por el llanto, despedían chispas—. ¿Por qué la asesinó?

—¿Golpearla? —Otelo había estado mirando a Yago con ojos relampagueantes; al oír la acusación se encaró con la mujer de Yago—. Entrometida y...

—Basta —la voz de Appleby resonó tranquila en el escenario—. El estado emocional de ustedes seis (me refiero a Otelo y Desdémona, Yago y Emilia, y Casio y Blanca) saltaba a la vista esta noche, reflejando sórdidas pasiones que no pudieron controlar. Quiero saber de qué se trata; si no me dicen lo que les preocupa, algún miembro de la compañía me lo dirá.

— ¡Pero esto es inconcebible! —dijo Blanca, una hermosa mujer joven y que parecía tener dominio de sí misma—. No puede tratarnos así —miró con cierto desafío a la inmóvil figura del lecho, y después a su marido—-. ¿No te parece?

Fue Yago y no Casio el que contestó. Era un hombre moreno de mirar inquieto. Al hablar le temblaban desagradablemente los labios.

—Claro que puede. Al interrogar a posibles testigos de un acto semejante debe atenerse a las reglas estrictas, hasta que un abogado...

— ¡Tonterías! —exclamó Emilia inesperadamente, dirigiendo una mirada de odio a su marido—. Dejen que este hombre haga lo que debe, y así terminaremos antes.

—Pero al menos deberíamos primero considerar la oportunidad material —Casio era una mezcla de cordura y nerviosidad—. ¿Cuándo sucedió? ¿Es posible que alguno de nosotros quede descartado en seguida?

El inspector Appleby asintió.

—Muy bien, primero la oportunidad y después el motivo —Appleby consultó la copia de la obra que le habían facilitado—. Al llegar a la línea 83, Desdémona estaba con vida. Al llegar a la 117, estaba muerta. Durante este lapso permaneció casi invisible, ya que, además de la oscuridad, las cortinas fueron corridas por Otelo. Lo más probable es que el propio Otelo la haya asfixiado cuando la acción lo requería, pero también hay otras posibilidades. El lecho está colocado en un lugar accesible por varios conductos. Detrás de la cabecera no hay más que una cortina; por lo tanto, cualquier persona pudo llegar hasta el lecho sin mayor inconveniente. Otelo dejó de tener a Desdémona bajo su vista más o menos desde la línea 85. Quedaban, pues, veinte líneas hasta la entrada de Emilia;  éstas se dividen entre el desesperado soliloquio de Otelo y las llamadas de Emilia para que la dejen entrar. Emilia entra, y lo hace por la puerta que está junto a la cama. De esto se deduce que Emilia pudo asfixiar a Desdémona en el curso de esas veinte líneas, cinco o seis de las cuales le pertenecen a ella. Hay que reconocer que se necesita mucha sangre fría, pero no es un acto imposible. Existe otra posibilidad. Desde el instante en que Emilia entra hasta aquel en que Desdémona grita pidiendo auxilio, hay unas doce líneas inconclusas; ese lapso se llena sobre todo con mímica destinada a acrecentar la tensión. En ese rato, cualquier otro actor pudo cometer el crimen. De modo que la situación es la siguiente: Otelo y Emilia son definitivamente sospechosos en cuanto a la oportunidad; los demás están más o menos en la misma posición, siempre que hayan podido acercarse a la cama sin ser vistos, en el tiempo transcurrido entre esas doce líneas.

—Eso me deja libre de sospecha —dijo Casio, sin demostrar mayor alivio. No había duda que para él lo peor era el desastre que arruinaba su compañía—. Yo estaba con el electricista en el lado opuesto, cuando oímos el aviso para que entrara Emilia. Y no pude cometer el crimen.

—Pero su mujer pudo —interrumpió Emilia dirigiendo una mirada venenosa a Blanca—. Estaba no muy lejos de mí, cuando entré en el escenario.

—No lo pongo en duda, y también vi a su marido. —Blanca observaba una calma perfecta, y echando una ojeada que podía interpretarse como cargada de odio, agregó señalando a Yago—: Lo vi parado en uno de los pasillos, y me pregunté qué estaría haciendo.

Los labios de Yago se torcieron más violentamente que antes, y después se rió roncamente, y habló:

—Esto no le servirá de nada a la policía. ¿Qué hay de las convencionales preguntas, como quién vio a la víctima con vida por última vez?

De pronto, Otelo exclamó:

— ¡Mi Dios! —se dio vuelta y enfrentó a Emilia—. Usted sabe que yo no fui. Todos conocen esa costumbre suya.

—¿Qué quiere decir? —Emilia se llevó la mano al pecho; estaba pálida a pesar de la grasienta pintura.

—Siempre que entraba abría las cortinas a la cabecera del lecho, y se inclinaba sobre Desdémona, tal vez para susurrarle algo; no me imagino por qué, ya que la amistad que las unía no era muy estrecha. Pero lo hacía cada vez. Bien. ¿Estaba viva o muerta esta noche?

Emilia caviló un momento antes de contestar.

—Estaba con vida. No dijo nada, y estaba muy oscuro. Pero pude ver que estaba sollozando.

—Era muy natural después de la cachetada que le dio su marido —el sargento habló por primera vez—. Si me permiten...

Appleby lo interrumpió.

—¿Sollozando? ¿Tenía pañuelo?

—Claro —Emilia lo miró con ojos saltones.

Appleby fue hasta la cama, y en seguida volvió con un minúsculo pañuelo arrugado y húmedo.

—Es cierto, y estaba debajo del cuerpo. Pero no es el mismo que usaba al principio, y que estaba manchado de sangre de resultas del golpe. Ese debe de estar en su camarín, así que...

— ¡Sí! Es el talismán de amor, el pañuelo mágico de Otelo que Desdémona extravía —dijo Casio perdiendo momentáneamente su compostura.

El inspector Appleby asintió sombríamente.

—Claro —dijo en voz baja—. Hay algo en este pañuelo.

 

La investigación continuó implacable. Casio fue la última persona en tocar el pañuelo, pero al volver del escenario lo había tirado sobre una silla, y cualquiera lo pudo tomar. Tal vez la misma acongojada Desdémona.

La historia de Emilia era muy plausible, y si se pudiera comprobar, alejaría las sospechas de ella y de Otelo. ¿Y después? Parecía que los únicos en tener oportunidad de deslizarse hasta la cabecera del lecho fueron Yago y Blanca, y también de cometer el asesinato entre el momento en que Emilia va hacia el escenario y el brusco y desastroso final. Appleby, viendo que no conseguía nada más satisfactorio, se dedicó a estudiar los posibles motivos.

Los personajes centrales del drama eran: Otelo y Desdémona, Yago y Emilia, Casio y Blanca. Desdémona había sido asesinada. Casio no era el asesino. Y durante la representación de la tragedia shakespiriana los indicios de conflictos privados habían sido algo así como un telón de fondo.  ¿Qué situación se desprendía de esos hechos?

Appleby pensaba que ésta no era una situación reciente; ya que la compañía debía de llevar un tiempo largo en aquellas giras. Lo que pasaba era que estos conflictos habían llegado al límite de lo soportable en el transcurso de esa noche. Tal vez alguna súbita revelación fue el toque final.

Se trataba de tres matrimonios que vivían juntos y con un standard de pobreza evidente. No era difícil adivinar lo que pasaba. El adulterio o alguna otra depravación, fruto de la constante promiscuidad, serían los motivos del asesinato de Desdémona. Appleby se sintió momentáneamente deprimido. Las investigaciones de esta naturaleza son algo más que el examen de las huellas dactilares o el análisis de colillas de cigarrillos. Este proceso requiere el arte de leer las mentes, estudiar los caracteres, y adivinar los sentimientos que anidan en los corazones. ¿Qué clase de emociones sentían estos actores en aquel momento?

Otelo demostraba horror y desesperación; para él, como para Casio, pero en forma más oscura, las cosas habían llegado a su fin. La mujer de Otelo había sido asesinada poco después de que su marido la golpeara brutalmente en la cara; en un sentido, Otelo tenía razón al mostrarse horrorizado.

¿Qué pasaba con Yago? Este estaba a la defensiva, y esto demuestra una especie de culpabilidad. Parecía encontrarse, de pronto, con más maldad de la que pensaba o sabía. Cualquiera que fuera su situación, poco consuelo recibía de su esposa. Emilia lo odiaba. ¿Databa este sentimiento de algún tiempo? Appleby juzgaba que no; era un odio nacido de una impresión repentina, o de la revelación que precedió a la catástrofe.

Blanca, la mujer de Casio, era un enigma; sus emociones permanecían ocultas. Su marido no tenía mucho que ver en ellas; era el tipo de hombre constantemente preocupado, y que emplearía sus ansiedades en vigilar las finanzas para mantener a flote a su compañera; aparte esto, desempeñaba pequeños papeles en las giras. No sería un modelo de marido para Blanca; las mujeres de este tipo necesitan algo más excitante.

El análisis estaba completo. Appleby meditó un poco más, y después dijo con calma:

—Voy a decirles lo que ha sucedido; sólo los actores principales se deben quedar.

Hubo un suspiro de alivio. Desaparecieron como sombras; algunos en forma rápida, como quien se ha sacado un peso de encima; otros se arrastraban con fatiga. Hacía mucho frío, y el telón se agitaba como una gran mortaja que fuera a caer para envolverlos a todos.

—Empezó con la infidelidad de Desdémona. ¿No es así? —Appleby miró a los presentes. Hubo un silencio absoluto—. ¿No es así? —repitió suavemente, pero el silencio continuó. Appleby se volvió a Otelo—. ¿No fue por eso que la golpeó?

De pronto, Otelo gimió; el rostro pintarrajeado se contrajo.

—Sí, le pegué porque había descubierto que me era infiel.

Appleby se volvió y enfrentó a Yago. —Usted sedujo a la esposa de este pobre hombre; el resultado ha sido un crimen brutal. ¿Sabía que los demás estaban al corriente de su intriga? ¿O fue usted el que la asesinó para impedirle que hablara?

Yago retrocedió y gritó:

— ¡No tiene pruebas contra mí, no diré nada! Desde este momento no diré una palabra más...

Appleby se encaró con Emilia.

—Su marido le era infiel, y usted lo había descubierto. ¿No la asesinó usted en el paroxismo de los celos?

Los rasgos de Emilia se endurecieron y contestó con altanería:

—Esas acusaciones no significan nada. Nadie sospecha quién la asesinó, y usted no lo sabrá nunca.

Hubo una pausa, después de la cual Appleby se dirigió a Blanca.

—¿Desde cuándo es usted la amante de Yago? ¿Qué hizo cuando vio que ya no significaba nada para él?

— ¡Nadal ¡No hice nada! Emilia tiene razón. Nadie vio nada, y nadie puede decir nada.

—¿Y el misterio quedará sin resolver? Tal vez tenga razón. Pero ya lo sabremos mañana —se volvió hacia Casio y le preguntó—: ¿Tenía Desdémona un camarín privado? Me gustaría echar un vistazo antes de irme.

—Tal vez no la ejecuten —decía el inspector Appleby al sargento a la mañana siguiente—. Fue un crimen cometido bajo un impulso violento, provocado por la infidelidad que acababa de descubrir —hizo una pausa y agregó—: ¿Será un consuelo para ella, cuando esté en la prisión, el saber que sienta un precedente en la medicina forense?

—Casi perfecto, y fuera de nuestro alcance, lo admito —dijo el sargento—. ¿Pero cómo supo usted que había sido Emilia?

—Fue por cambiar de parecer acerca de a quién había de culpar. Primero resolvió echar la culpa a Otelo, simplemente porque era la persona más a propósito. "¿Por qué la asesinó?", le dijo; pero después contó una historia que señalaba a Blanca o a su propio marido, Yago, al que odiaba. Según Emilia, Desdémona estaba con vida cuando miró por la cortina entreabierta; con eso Otelo quedaba descartado, ya que no tuvo más oportunidad de cometer el crimen. Yo me pregunté qué significaba este cambio de frente. ¿Era simplemente porque Emilia no tenía nada contra Otelo y sí contra su marido infiel? Pero no me parecía que fuera por eso. De pronto, recordé el gesto de Emilia cuando Otelo habló de la costumbre que tenía de hablar a Desdémona antes de entrar en el escenario. ¿Se acuerda?

El sargento meditó antes de contestar.

—Me pareció que se llevaba la mano al pecho. En ese momento lo consideré un gesto demasiado teatral, como para demostrar que estaba nerviosa..., y no estaba representando en ese momento.

—No era exactamente eso. Lo que usted vio fue una mano que en forma rápida se acercó al lugar donde debía haber algo..., algo que se había extraviado. Ese algo era un pañuelo; el pañuelo que perdió mientras ahogaba a Desdémona. Esta verdad se me presentó de pronto... El pañuelo empapado en lágrimas, que encontré debajo del cuerpo. Por eso decidió el cambio de frente, para explicar la presencia de ese pañuelo.

—Ya veo —dijo el sargento—. Fue inteligente, pero peligroso el inventar esa mentira.

—Resultó fatal para ella. Pero antes noté varias cosas. Un hombre puede llorar, pero no usa un pañuelo pequeño. Emilia parecía haber llorado; en cambio, Blanca estaba tranquila. Así que lo sucedido me resultó claro. Emilia, habiendo descubierto la infidelidad de su marido, es presa de una emoción intensa. Sin darse cuenta toma el pañuelo de Otelo, el pañuelo mágico del drama; una vez en su camarín, llora sobre el pañuelo. Cuando la llaman a escena, se lo guarda en el pecho. Después, al asesinar a Desdémona obedeciendo a un impulso, se le cae el pañuelo, y éste queda oculto por el cuerpo de la víctima. Usted me preguntará cómo voy a probar esto. Como esa gente decía, tal vez nunca lo hubiera descubierto. Pero había una posibilidad de saber si Emilia había mentido. En medicina, la gente se divide en grupos según la sangre y las secreciones. Las lágrimas son una secreción. Por las lágrimas se puede saber a qué grupo sanguíneo pertenecen. Ahora bien, yo tenía un pañuelo con sangre de Desdémona y otro con lágrimas. Fui directamente al Instituto de Investigaciones Médicas. Allí me dijeron lo que esperaba saber. Esas lágrimas no podían provenir de una persona del grupo sanguíneo de Desdémona.

—Sí, está muy claro, realmente —dijo el sargento, maravillado.

—Y pronto sabremos, en cuanto la ley lo permita, que las lágrimas tienen que ser de Emilia, ya que Blanca permitió que se le sacara sangre para un análisis y quedó descartada.

El inspector se levantó diciendo:

—Se puede sacar una moraleja de todo esto.

—¿Una moraleja?

—La moraleja que un viejo y amargado crítico sacó de la obra de Shakespeare: "Las amas de llaves deben vigilar la ropa de casa..." En otras palabras, es peligroso perder pañuelos, sobre todo en la vecindad de un cadáver.

La Màquina de escribir

Quisiera hacerlo personalmente un@ por un@  pero son tant@s que me resulta imposible, entonces lo hago con este correo masivo a tod@s quienes me acompañaron durante este año y espero lo sigan haciendo en los que vendrán, agradeciéndoles todo lo que me han brindado y los gratificantes momentos compartidos.
Reciban mi abrazo GIGANTE abarcándol@s a tod@s  
Con todas las letras,
Aníbal Jorge Sciorra
(más allá de ser el editor-responsable, un AMIGO)
Una canción posible
(Letra y Música: Víctor Heredia)

Dadme una leve canción,
Un trozo de pan,
La lucha de cada día,
Que vivir sin esta vida
Es imposible para mí

Dadme las uvas y el sol
La bella emoción de amar
Bajo las estrellas
Que vivir sin esta vida
Es imposible para mí

Dadme una nueva ilusión
La luz de un volcán,
La rueca de la esperanza,
Que esta tierra sea posible,
Por sus viejas cicatrices,
Por sus tristes mutilados,
Los que han muerto despojados,
Los que nombro enamorado
Los que lloro derrumbado
Los que canto desangrado

Los que van siempre a mi lado,
Con sus sueños desvelados
Los que han dado su costado
Para los desamparados
Victoriosos torturados
Pero nunca derrotados
El futuro esta en mis manos
En mi amor apasionado
El futuro esta en mis manos
Y en tu amor

 

El Fantasma de las Milongas...Lili Freza Argentina

El Fantasma de las Milongas...Lili Freza Argentina

EL FANTASMA DE LAS MILONGAS
Sale a la oscura y acechante noche de esta “speedyca ciudad”. Sus zapatos, de un material que alguna vez fue charol, extraños y puntiagudos, brillantes por el loco trapo furibundo, gastados de tanto uso. Pero los nuevos son caros, y con esos, el baile es otra cosa.
Hombre común y corriente que se disfraza de tango. Medianas amas de casa que rondan las milongas con su ropa del mercado, el jogging con manchitas de lavandina de la baldeada del sábado, que de noche se convierte en traje de gala sólo por los zapatos de taco aguja, deformes y arrugados, pero que le dan el “toque” de elegancia necesario, creyendo que ese calzado especial de Cenicienta será el toque de distinción que las transformará en princesas de cuentos de hadas
Sin embargo esa imagen deprimente me despertó una incisiva envidia, la pasión los envolvía.
1,2,3,4 – 1,2,3,4 – 1,2,3,4: paso básico, atrás adelante, vueltas dirigidas, y el alma de la danza queda perdida en el agujero donde las emociones se reprimen. Una clase de tango y una de gimnasia casi no difieren.
¿Dónde están los giros que te salen de las entrañas, dónde el esquivo corte y el desconcierto que da la seducción de alguna voltereta improvisada?
Pedro escuchaba tangos en su niñez, las voces familiares dejaron huellas que fueron olvidadas durante los años del rock, la furia beat, el pelo largo y los sueños que estrenaba e iba dejando en el camino, como casi todos los de su generación. Pero fue creciendo, el pelo largo se perdió en el -“pibe cortáte el pelo”- frase lapidaria que hacía nacer su rebeldía escondiéndolo debajo del cuello de la camisa hasta que el jefe de preceptores le decía: - Mañana no entrás -
Tango viejo que se te mete dentro sin pedir permiso y te surge tal vez cuando pasaste los cuarenta, cuando el sueño del pelo largo quedó atrás y solamente, en el mejor de los casos te conformás con tener pelo. Amores, ilusiones y sueños fueron muriendo y en ese entierro doloroso, las letras de tango te vienen al pelo, quién no fue engañado por alguna mina, ese “verás que todo es mentira” o “volver con la frente marchita” a “la casita de los viejos” donde tu “madre querida” la de los disgustos te seguirá bancando aunque seas un grandulote con pelos en las piernas que se convierte en niño sólo por el roce de su mano. Comenzás a escucharlos con más atención, te crece la nostalgia de aquello que fue, lo que no fue, lo que perdiste, que añorás…”tres cosas lleva el alma herida amor, pesar, dolor”…
Pedro compra un cassette de Gardel y tararea su letra, lee libros sobre tango, recuerda a los viejos, a la mina, a la época dorada donde los sueños estaban aún despiertos y el alma vestida de fiesta estaba viva.
Lleva a cuestas desamores, desengaños, el tango le viene de perlas y en esa soledad que le dejo la vida va por primera vez a una clase de tango donde humanos tan golpeados como él mismo se reúnen para disfrazar su soledad de sábado.
Descubre el “sanguchito”, la “sentada”, los “ochos” que se multiplican hasta hacerle creer que esa es su verdadera vida, pero cuando vuelve al “cotorro desarreglado” sin aquellos frascos con un moñito todos del mismo color, se saca los zapatos y vuelve a ser Pedro, el gris, el del delivery, la picadita, el partido y a dormir, con esas dudas, frustraciones y ese dolor lacerante de la soledad sin remedio, sin esos pies que te calientan el alma.

Hasta que al sábado siguiente, que como Travolta se viste de gala para ese ratito en que la juega de hombre, de malevo, apretando minas que ni siquiera recordarán su nombre y que no le dejarán el calorcito aquél que perdió en el camino.

Lili Frezza