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Un fantasma entre la luz

Un fantasma entre la luz

Meditación

pintura de Natalie Patrizi

olio sobre lienzo

UN  FANTASMA  ENTRE  LA  LUZ

Para Mirta

         Amanece, la claridad que empieza a entrar a la casa, no parece despertar ninguna emoción. Tomas tu café con ambas manos. Piensas ensimismada en tu soledad, esa forzada que te llega hasta lo huesos.

         Te pesan los párpados, las mejillas se te caen, se deslizan con sentimiento de pesar hacia abajo, en la boca hay una mueca de u invertida que forman tus labios, y en los ojos que se achinan, el verde se apaga, tornándose casi gris.

         Tú bata de algodón pesa, te sientas en ese sitio, de esa mesa que te produce recuerdos; algunos  gratos, otros, de querer olvidar.

         Te sientas en esa mesa como sea, desgarbada, con las piernas abiertas, frente a esas frutas de adorno, de mentiras, como todo lo que te rodea, que te da la impresión de una gran falsedad... y ese día triste; donde no se siente el calor de la luz, que quiere entrar por los ventanales.

         Cierras lo ojos y los abres, y en ese instante, estoy yo; aparezco con una simple sonrisa, te quito la taza de las manos y arrojo su contenido, todo ese líquido negro, aguado, frío. Te empiezo a preparar uno nuevo, te levantas, vas a tu habitación y regresas de nuevo, renovada, regresas con el pantalón azul, el celeste, aquel de lino, vienes con tus sandalias, las de medio tacón esas que hacen lucir tus dedos y tus uñas color de rosa. La que te da más altura y esbeltez Vienes con esa blusa, también la azul, que realza y rejuvenece tus formas. Traes un poco de carmín en los labios, y una sonrisa cómplice. Tus ojos se  tornan grandes y redondos y  la mirada se alegra, Hay un poco de sombra y algo de azul debajo de esas cejas.

         Te sientas, ahora cierras las piernas, te tomo por los hombros, te abrazo con mis manos y te doy calor, te toco el mentón  levanto tu rostro, te digo "voila, que cambio amiga". Me miras  y sonríes.

          Te sirvo de nuevo  el café,  en ese platico rojo y en esa cuchara diminuta, la que brilla; te ofrezco un poco de pastel, y  te doy una servilleta blanca, muy blanca.

          Ahora la claridad entra por las ventanas, ilumina el azul de la cocina, ilumina las habitaciones, toda la casa. La luz del amanecer brilla intensamente, entra a borbotones cambiando ese día que era parecía triste, y lo cambia todo.

Das un sorbo a ese café aromático, humeante, caliente, espeso, y me voy... Me alejo junto a ese humo volátil, me esfumo entre la luz que te va alegrando  el día, y que entra sin miedo, aclarando. Me llevo la servilleta untada de carmín.......

Dejando el verde de tus ojos, que irradia una luz nueva intensa llena de color y alegría.

 

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