Fallece el escritor Francisco Ayala

El escritor Francisco Ayala ha muerto hoy a las 103 años de edad en Madrid según informaron fuentes de la Fundación Ayala.

A lo largo de su carrera literaria, Francisco Ayala se erigió como uno de los escritores más importantes en lengua hispana, cosechando numerosas menciones por la calidad semántica y formal de sus escritos como demuestran el Premio de la Crítica en 1972, el Premio Nacional de Narrativa en 1983, el Premio de las Letras Españolas y andaluzas en 1988 y 1990 respectivamente.

Además, Ayala también se alzó con los dos galardones más importantes del ámbito cultural español, como el caso del Premio Cervantes en 1991 por su labor como escritor y el Premio Príncipe de Asturias por la relevancia de su figura en la esfera cultural.

Francisco Ayala nació en Granada en 1906. Se traslado a Madrid para iniciar estudios universitarios, licenciándose en derecho en 1929 por la Universidad Complutense de Madrid. Además se trasladó a Alemania para estudiar Filosofía Política y Sociología; prosiguiendo su carrera curricular en la universidad al doctorarse también en Sociología, disciplina de la que ejercería como Catedrático en la Universidad Complutense desde 1932 hasta el inicio de la Guerra Civil española.

Ya durante su etapa universitaria comenzó a desarrollar su expresión literaria. Aunque si bien sus primeras novelas, Historia de un amanecer (1926) y Medusa artificial (1927), están influenciadas por el realismo, son la vanguardias artísticas de principios de siglo las que condicionan las pautas de su literatura. El boxeador y el ángel (1929), Cazador en el alba y Medusa Artificial. (1930).

Sin embargo, con el final de la Guerra civil española, Ayala se ve forzado a vivir en el exilio. Residió en Buenos Aires impartiendo clases de Sociología en la Universidad de La Plata de 1939 a 1950, y fundó la revista literaria Realidad. Ayala estuvo ligado a la Universidad y la docencia hasta 1977, fecha en la que se jubilaría de la carrera académica.

Luego se trasladó a Puerto Rico, donde fundó la conocida revista La Torre. Nueva York y Chicago serían sus destinos en EE.UU, para regresar a España definitivamente en 1980, si bien, desde 1960 había acudido esporádicamente a España cuando áun estaba vigente el régimen fraquista.

Ya en España, Ayala ingresó en la Real Adamedia Española de la lengua en 1984 con el discurso 'La retórica del periodismo'. Posteriormente se casó en 1999 con la hispanista Carolyn Richmond con la que mantenía una relación desde hacía años.

Entre sus títulos más destacados , se encuentran, La cabeza del cordero. (1949), 'Los usurpadores' (1949), 'Historia de macacos' (1954), 'Muertes de perro' (1958), 'El fondo del vaso' (1962) 'El as de bastos' (1963), 'De este mundo al otro' (1963), 'El rapto' (1965), 'El jardín de las delicias' (1971), 'El inquisidor' (1972), 'El tiempo y yo' ; 'El jardín de las delicias' (1978), 'De raptos, violaciones, macacos y demás inconveniencias' (1982), 'De mis pasos en la tierra' (1996), 'Cazador en el alba' (2002) y 'Recuerdos y Olvidos', siendo esta última una obra autobiográfica.

También abordó otros géneros como el ensayo, donde abordó cuestiones de sociología, como demuestran títulos como 'Tratado de sociología' (1947 y 1959), 'Introducción a las ciencias sociales' (1952). 'El escritor en la sociedad de masas' (1956). Tampoco renunció a la profundicación sobre la actividad literaria como, 'Reflexiones sobre la estructura narrativa' (1970), 'Cervantes y Quevedo' (1974) o 'El escritor en su siglo' (1990), 'Palabras y letras' (1983), 'La invención del Quijote'.

Durante su singladura literaria, Ayala se fijó y reflexionó sobre otras disciplinas artísticas, en concreto, sobre la influencia del cine y su condición de arte masivo, así como en las pautas formales y en las figuras de directores e interpretes. De este compendio de escritos destacan 'Indagación del cinema' (1929) o El cine, arte y espectáculo (1969

 

Fuente Noticias Yahoo.es

03/11/2009 11:27 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

tokamat

tokamak
Ante la perspectiva de agotamiento, más tarde o más temprano, de las reservas de petróleo en el subsuelo del planeta y la necesidad de una fuente de energía que emplee un combustible renovable, muchos científicos, empresas y gobiernos han impulsado el desarrollo de diversas fuentes alternativas: la energía de los vientos o eólica, la de las mareas, el aprovechamiento de la energía solar o el empleo de combustibles de origen vegetal. Pero en todos los casos se trata de energías caras, insuficientes o que generan nuevos problemas, como está ocurriendo con los precios de los alimentos debido al uso de grandes extensiones de tierra para producir alcohol de maíz o de caña de azúcar.

Algunos investigadores pensaron en desarrollar una fuente de energía semejante a la que se produce en el Sol, donde las altísimas temperaturas y presiones permiten la fusión de átomos de hidrógeno para formar helio, liberando grandes cantidades de energía. Para lograr esa fusión en la Tierra en forma controlada se pensó en una cámara de forma toroidal (semejante a un salvavidas) en el interior de la cual un gran caudal de ondas electromagnéticas permita que átomos de hidrógeno circulen a grandes velocidades, elevando la temperatura a niveles semejantes los del Sol. Es la idea de los grandes aceleradores de partículas, con los que hasta ahora no se ha logrado resolver el problema de la estabilidad de las reacciones.

LA PALABRA DEL DÍA


En los experimentos de este tipo desarrollados en Rusia, se designó este dispositivo con el nombre tokamak, un acrónimo de las palabras rusas para "cámara toroidal axial" (toroidal kamera aksial). A pesar del origen ruso, la palabra está formada por tres vocablos grecolatinos: el latino torus, del griego toros; el latino camara, del griego kamara (bóveda), y el latino axis (eje). Actualmente existen grandes aceleradores de partículas que se emplean para estudiar el comportamiento de las partículas elementales de la materia. La palabra fue acogida en español e incluida en el Diccionario de la Academia.




LA PALABRA DEL DÍA

http://www.elcastellano.org/palabra.php

20/07/2009 12:09 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

cuentos de invierno/ Carmen María Camacho Adarve

MIS QUERIDAS MARIPOSAS
 
   Aquella noche de verano de calor sofocante Gabriel jubilado desde hace
mucho tiempo y amante de la soledad.  Paseaba por su jardín en busca de
brisa fresca, cuando vio cómo cantidades de mariposas volaban alrededor del
farol, atraídas por la luz.  Se acercó a mirarlas con más detenimiento, cazó
algunas y las llevó a su cuarto para poder verlas de cerca.
 
Las encerró, en un gran frasco tapado con una malla de alambre, las
mariposas murieron pocas horas después.  Gabriel las puso con mucho
cuidado entre dos placas de cristal.  Fascinado por la variedad increíble de
insectos y por el maravilloso y perfecto diseño y colores de sus alas. 
 Desde ese momento se dedicó a estudiarles con pasión, leyendo todo lo que
caía en sus manos y llegó a diferenciar cada especie, anotando sus
peculiaridades, en una libreta que llevaba siempre para tales ocasiones.
 
  En el jardín montó una trampa de luces destinada a atraer las mariposas de la
noche y preparó un   lucernario en el garaje de la casa para guardar las
colecciones.
 
Empezó a fotografiarlas y a ampliar a tamaño grande las fotos de sus amadas
mariposas.
 
Cada día estaba más ocupado en su oficio. 
 
 La empleada que hacía la limpieza una vez por semana comenzó a notar con
preocupación grandes cambios en sus costumbres:  Tenia la cara   pálida en
extremo y ojos enrojecidos, ya casi no salía de casa, rechazaba la luz del día,
apenas se alimentaba y su carácter se torno más áspero y avinagrado.
 
La colección aumento durante los meses siguientes.  Había mariposas en
todas partes en la casa, fotos de mariposas en las paredes, restos de
mariposas: alas, patas, antenas, hasta en el más recóndito   rincón de su casa.
 
Un mañana como era habitual la empleada llamo al timbre no hubo respuesta. 
 Le pareció extraño pero pensó que Gabriel habría salido sin avisarle -pensó- 
 Lo llamo por teléfono, pero sólo el contestador automático recibió sus
llamadas.
 
Regresó a la semana siguiente y  tampoco hubo respuesta, decidió avisar a un
pariente de Gabriel, el único familiar que tenía.
 
Llegaron a la casa.  Las persianas estaban bajadas y las luces apagadas.
 
  La puerta estaba cerrada.  Se dirigieron al garaje. 
 
 Al entrar oyeron un extraño   e inquietante murmullo acompañado por un
sonoro zumbido.  Cuando los ojos se acostumbraron a la oscuridad.  Ninguno
de los dos salía de su asombro.  
 

 Ante ellos una gigantesca mariposa con el rostro de Gabriel movía
suavemente sus alas.

 

Cuentos de invierno

 

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Sección: Prosa 
Idioma: Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. 
Tamaño: 606 KB 
Páginas: 101 
Publicada:  9.05.2009
http://www.publicatuslibros.com/bibliotec/libro/cuentos-de-invierno/

Cuentos de invierno

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de Carmen María Camacho Adarve

Relatos de invierno hablan de  sentimientos, donde sus personajes pasan por todo tipo de situaciones. Nos harán sonreír,  olvidarnos de la crisis. Se pueden leer en cualquier parte; en el autobús, en el metro, en el tren o paseando por un parque. Nos sorprenderán gratamente. Relatos de invierno para leer en verano.

La autora

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NARRADORA Y POETA.

Ha publicado en distintos medios de comunicación, poemas y relatos, publicaciones en periódico Ideal (España), Atinachile. Es redactora de MUNDO CULTURAL HISPANO.

Tiene poema publicados en antologías hispanoamericanas (Editorial Lord Byron), fotoblog en Hoycinena del grupo Vocento, el Reino azul, blog El patio de los leones del grupo Vocento, revista AUCA, REVISTA CONTRALUZ.

Miembro de IFLAC ESPAÑA, ESCRITORA Y POETISA ESPAÑOLA INTEGRANTE DE DIFERENTES INSTITUCIONES DE LITERATURA DE HABLA HISPANA ACTUALMENTE ES REPRESENTANTE DE LA COBIMEP DDHH EN LA COMUNIDAD EUROPEA

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21/05/2009 21:57 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

inventiva social

D E S D E   M I   V E R E D A*



 prefiero la muchacha de ropas simples
la que no saca notas sobresalientes en el colegio
me gusta la muchacha
               que no viste de lujo cuando pasa
la que no pasa como fuego artificial
la que habla como es y es como habla
aquella con quien podamos querer un mismo cielo
un mismo perro
                           un mismo libro
                                                     un mismo árbol


prefiero la muchacha que no se cree
             todo lo que le dicen cuando pasa
la que no pasa como espuma de mar
ni se deja llevar por un auto flamante
un avenegra un ingeniero un militar un contador
un gran señor fornicador casado
                                         cansado y cansante
de esos que en vez de amor
ofrecen una póliza de seguro y aburrimientos
             garantía sólida y confortable
             de morir de tristeza y T.V. Color


me gusta la que mira dulce y manso
la que no es inútilmente agresiva
la que no lee revistas "femeninas"
ni sigue los concursos de "belleza"


la que entra a gusto en una rueda de mate y guitarras
y sabe que aquí no estamos en Londres, París, Nueva York
la que no se cuelga al cuello del automovilista ganador


yo quiero la muchacha que no elige
su joven galán paquete hueco
para lucirlo por ahí
como una prenda más  según se estile
la que jamás será dama de beneficencia
ni sueña con casarse de largo vestido blanco
la que no quiere cambiar por cambiar
como cambian los que siguen siempre igual
la que no gasta por gastar su flor


me gustan las simples
muchachas de los pueblos simples
las sudamericanas en zapatillas
sencillas                        humildes
las que no se las saben todas
              ni parecen tan lindas
                                                  pero lo son



*De Rubén VEDOVALDI.
RubenVedovaldi@netcoop.com.ar

De CULTURICIDIO EN ARGENTINIEBLA
Ediciones "NO MUERDEN"  Rosario 1991.





UN MISMO PERRO. UN MISMO LIBRO. UN MISMO ÁRBOL...





La madre y la mujer publicitarias*



 *Por Sandra Russo


Somos peligrosos bichos de consumo, aunque ese desvío de la especie está tan sólidamente cristalizado en nuestras percepciones, que cargamos con nuestros tics de consumidores con la misma resignación con la que se carga la estatura o la neurosis. Y la cuestión más jodida no es que estemos empujados
todo el tiempo a comprar algo, sino la puesta en sentido de valores publicitarios dentro de nuestra subjetividad.
Pasan cosas raras entre la ficción y la realidad. Es más, cada uno tiene su propia idea de lo que es ficción y lo que es realidad. Y a eso debe sumársele que vivimos rodeados de una realidad superpuesta a otra (la realidad mediática sobre la vida real), que desenfoca permanentemente nuestras percepciones e ideas para reenfocarlas hacia donde ella las orienta. La realidad mediática, por otra parte, está compuesta por capas que por ejemplo, en la actualidad, hacen que dentro de todas las ficciones
televisivas diarias se haya incorporado la publicidad no tradicional, de modo que personajes de ficción consumen papas fritas de verdad o se toman un analgésico de venta libre.
Los deseos son reales, forman parte de nuestras vidas reales, igual que las frustraciones y los miedos. Pero incluso ese entramado de sustancia nuestra, de sustancia esencial, eso que somos antes que mujeres u hombres, antes que altos o bajos o lindos o feos, adquiere formas ficcionales proporcionadas por la realidad mediática. De acuerdo con esa imaginería colectiva impulsada por los medios, por ejemplo, las mujeres deseamos ir a un spa. Se da por hecho. ¿Qué mujer no desearía parar por un día su actividad diaria, para ser masajeada, encremada, hormada en un sauna o enfangada con barro egipcio para salir de allí con un piel de treinta si tiene cincuenta, y de diez si tiene treinta? Pues bien: hay un marketing del bienestar que no tiene en cuenta a la gente fóbica, porque ése debe ser mi caso. Ni loca pasaría un día en un spa, con extrañas hablándome de sus secretos cosmetológicos mientras me refriegan barro por el cuerpo como si fueran enfermeras de nursery y yo un bebé manipulable y sin duda deseoso de ser alzado a upa.
Otro borde curioso entre ficción y realidad se da en la imagen de madres que promueve la publicidad. Para empezar, las madres de la publicidad son en general mujeres en la instancia de usar productos de limpieza y/o de una canasta familiar ampliada con una lista infinita de variedades de postrecitos, flancitos, yogures, leches fortificadas o gelatinas. Las mujeres aparecen casi exclusivamente en las publicidades de cremas antiarrugas, champúes o ropa y perfumería. No son la misma la madre y la
mujer. La madre publicitaria es modosita, sonriente y católica. La mujer siempre que puede tiende a ser fatal.
La madre publicitaria ama que las medias de sus hijos estén blancas. Alcanza con eso. Las medias blancas, eternamente grises o negras en los hijos reales que criamos. Las poníamos con la ropa blanca en el lavarropas, quizá las refregábamos, quizá hasta llegamos a usar algo especial para blanquearlas.
En mi caso, naturalmente, fue lavandina, y así quedaron de agujereadas. En la vida real, muchas mujeres no manejamos como Dios manda una casa, si el parámetro es el comportamiento ficcional de la madre publicitaria. Y las mujeres reales entramos en contradicción con eso. En algún lugar pesa no haber hecho a mano ningún disfraz en la vida escolar de nuestros hijos, o no haber sido esa madre encantadora de la publicidad del postrecito, que el centavo que ahorró durante un año comprando una marca más barata lo usó para comprarle al niño un sacapuntas. ¡Qué mejor ejemplo sobre la administración del dinero que ese centavo que se convirtió gracias a la tenacidad en un vistoso sacapuntas! Bueno, ése es uno de los ejemplos que no hemos dado.
La mujer publicitaria de las cremas, por su parte, es proactiva con su aspecto personal, y tiene la paciencia de hacer el tratamiento completo: por la noche demaquillante y nutrición, por la mañana, hidratación. La mujer publicitaria más arrolladora, la de belleza y determinación más importantes,
hace el tratamiento completo pero con diferentes cremas, ya que hay una variedad de cada paso para los pómulos, otra para el contorno de ojos y una tercera para el contorno de la boca. En la vida real, somos muchas las que nos acordamos de la crema de limpieza cuando vamos por el tercer mate del día siguiente.
La mujer publicitaria sabe caminar con tacos altos, sabe hacerse compresas en los ojos y renovarse en quince minutos, y sobre todo sabe lo que quiere: ¡nada más que un producto! Las mujeres en la vida real muchas veces no sabemos lo que queremos, pero estamos seguras de que ese enigma no es de marca, ni siquiera de primera línea.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-124879-2009-05-14.html






        
  La sombra del tigre*
 
 
 La maga se sacudió las manos, quedé hipnotizada bajo el sonar de esos anillos.
            Ella  dijo:
- Empieza...y lo sabrás.
            Sin querer cerré mis ojos: vi a una gran sombra apuntándome, y luego, escuche su voz:
             -Ahora me perteneces.
                   Por temor empecé a correr, hasta que caí en una telaraña.
Algo sabía bien: No debía romper sus hilos o jamás saldría con vida.
            Por tramos veía a la sombra, a veces estaba sobre mí. La naturaleza me decía que no de pasos falsos, que no desespere, o sería  su siguiente victima.
            Me sacudí de esa presencia al despertar. Fue una pesadilla, nada más, pensé, y  luego escuché a unas manos chasqueando los dedos; otra vez no supe que había  llegado  primero: si el sueño... la maga... o esa turbidez sobrevolando mi cuerpo.

            Ella, - la maga -me tomó la cabeza entre sus manos mirándome fijo, y  habló:
-Deberás decidir, no puedes ser ave y no volar, no puedes ser tigre y no atacar,
no puedes ser pez y no querer nadar. No puedes ser mujer...y no amar.
No puedes ir en contra de ti misma.
            Desde el cielo raso, empolvada de cal e incienso, pendía una enorme telaraña.
Yo la miraba mientras daba vueltas en mi cama.
             El había echado los dados sin esperarme. Su juego había empezado, y me era imposible ver los números, sabía que podía perder.

            Quién querría morir así. Enredado.

            Moví el torso sin romper los hilos; por primera vez dejé de huir y comencé a jugar.
            Entonces lo vi con claridad. Fue aterrador. El había estado allí desde siempre, esperando con su sombra a cuestas, colgándole como una araña.
Se creía imperceptible.

            El quería ganar. Sabía jugar. Su vida era pura trampa...

           Otra vez su sombra completó la noche. Luego, se inclinó hacia mí con una  brillante mirada. El blanco de sus ojos  como campos de azahar, me indujeron a seguirlo.
            Fue una buena jugada.

            Y lo supe allí: me desgarraría la carne lentamente. Por unos segundos quedé inmóvil, pensando una estrategia.

            Su sombra desprendida susurró:
- Serás la última. Y volando  igual que un cuervo, pasó de largo.

            Pero esa negrura no se detuvo, y cuando él  giro, en un descuido, lo atacó.
             Rápida se subió a su espalda, para cabalgarlo...y reírse. Se convirtió en su propio pasado, y  lo obligó a obedecerle.  Frente a mí lo oprimió, y lo mantuvo esclavo de su propia soledad,  con la que ya no podía, ni podría jugar.

            Entre gemidos él me llamó, de varias maneras. Pero no fui. Sólo la maga conocía mi nombre.

            Corrí, y logré echar los dados una vez más.

            La jugada  decía, que le hubiese dado mis mejores horas de sol.
Era el futuro, uno de los futuros. Con un manotazo, casi un zarpazo, los desparramé sobre la tierra. Pude  jugar bien, o él ignoró mi truco.

            En tres pasos dio la vuelta, soberbio bajó el mentón, y creyó que había ganado.
            Hasta entonces yo no lo sabía, pero él jugaba por placer, por hábito. Y con la sombra, ahora sierva,  volvió a atacar.  Remate.
            Necesitaba  seguir jugando
           Afirmé mis uñas en la tierra, una corriente  primitiva tensó mi lomo igual que un látigo, y di un grito; ya  no merecía soportarlo. Ni a él ni a su dolor. Levanté mis ojos.
            ..Y en sus propios ojos un tigre se reflejó. Rugí abriendo la mandíbula, entonces, la sombra arrastrándose regresó. Fue directo a la guarida, su alma.

 -El juego terminó. Dijo alguien. Ambos  sudábamos,  temerosos, desconocidos.
                   Un nuevo chasquido resonó dentro de mi cien y desperté.
La maga se rió, mientras acariciaba pacientemente mi larga cola. Yo descansaba echada a sus pies y me relamía las heridas.
Aunque nadie lo ordenó, decidí: por hoy no seré más mujer.
No miraré sus ojos, lo desconoceré. No sabré de juegos ni de trampas, o de sombras ocultas saliendo del  pasado.
      El, desde un ángulo de la habitación nos observaba, con su sombra colgada. Lo sentía perdido. Desconcertado.
       -¿Cómo un animal se me reveló así? -Preguntó en voz alta. El silencio le respondió por sí mismo.
       Lo presiento.  La próxima  vez,  intentará acercarse con cuidado.
       Era apenas diferente de otros hombres que la maga había traído; pero éste creía  que lo mejor era que yo esté atada, a la cadena de sus manos.
      Y a su sombra.
             Todos tenemos una, cadena o sombra. A veces no las vemos, y suponemos que no existen aunque cargamos el peso.
      Por eso: Y esta vez lo supe, ignorarlas es más peligroso que ser tigre, ave, pez... mujer.


*de Silvia C Milos. milossilvia@yahoo.com.ar



*



"El Arte de Amar"*



Es aunque Dios no lo quiera que te amo
o te necesito
Él no lo querrá pero sucede
que te necesito (o te amo)

y te sucede que aunque Dios no lo quiera
-es verificable: ostensible, incordioso-
vos me amás

Me amás (con toda su carga encandilante, enajenante)
o te desborda el metejón
o te "crispa el moño" que pudiera
-en felicidad-
revolcarme con otras

o lo que te pasa
es lo que me pasa
y nos sobrepasa
y no es amor sino engrudo:
susceptibilidad sensorial
determinismo de la pulsión
regionalización de la libido

y todo este entramado de imprecisiones
pero furiosas
y hasta imperiosas
es lo que le jode a Dios

y nos fastidia porque nosotros que también
todo lo vemos
lo vemos a Él trasuntar la desaprobación
y hasta le comprendemos la tesitura
(formación de su asco)

Porque nosotros "sabemos"
aunque Dios
no lo quiera.



*de Rolando Revagliatti.
revadans@yahoo.com.ar




*


 

 "Ícaro, la isla infinita y el mar"*

A propósito de La fuga, una novela portorriqueña de Héctor R. Vallés




*Por Julio Pino Miyar
isla_59_1999@yahoo.com
http://juliopinomiyar.blogspot.com


De un lado la intemperie y el mar, del otro, en el abrigado interior de la Isla, nuestra sensibilidad asediada, reticulada. El mar bordea peligrosamente los flancos de Borinquén; la limita pero le entrega una forma. Una forma precisa aunque pequeña y que sólo se alarga en el tiempo.
Las palabras aparecen entonces como una suerte de ballet intermitente; abajo la olas, encima las nubes, y, en lo más alto deesta visión coreográfica, el arriesgado vuelo de Ícaro sobre el mar. Ícaro debe caer, debe morir, para consagrar el mito, para hacer creíble el incendio de sus alas de cera, para colmar las expectativas de quienes asombrados le contemplan. El poeta José Lezama Lima refiriéndose a su propia
Isla comentaba, "el mito de la insularidad es el que nos falta integrar".
¿En qué consiste ese nuevo Mito? ¿En la leyenda de la isla infinita -en la que cree otro poeta cubano como Cintio Vitier- donde todo cabe? ¿En la extraordinaria posibilidad de abrir un diálogo entre la Isla y el mar, en el que lo finito -peras- sea conjugable con lo foráneo e inconmensurable -ápeiron? ¿No sería acaso el sempiterno Ícaro el mártir de ese nuevo mito, -tan antiguo y universal como el sol? ¿Qué significa ser escritor en Puerto Rico? ¿Cuáles son los peligros que entraña esa tarea?
¿Hacia dónde nos pueden llevar allí las prodigiosas alas de cera del "Ícaro verbal" que no sea al suicidio, a la consabida metáfora del precipicio abisal? El lugar de las palabras es el tiempo, y a ellas condescendemos cuando no podemos hacer otra cosa. Héctor Vallés ha hecho de La fuga "una novela del recuerdo"; contextualizada en los viejos amigos de su barrio de San Juan de los años 60' y 70' del siglo XX. La ha escrito en vías de apresar el tiempo pretérito, el cual -expresado más allá de cualquier figura gramatical- se nos aparece siempre como imperfecto. El escritor ha intentando un discurso que le proveyera de un sentido que pudiera hacer más habitables sus conspicuas relaciones con el tiempo, con la inmodificable geografía de la Isla y con su memoria, la cual, como un foco de luz intermitente, se va cristalizando mediante el arte de narrar los pasajes de su propia vida sentida bajo la angustiosa presencia del límite. ¿Quién es Ícaro? Ícaro es el artista que pretende traspasar el límite, extraviado en el Laberinto de Cnosos que construyó su padre; el gran Arquitecto. ¿Quién es el narrador de La fuga? Alguien a quien la Isla se le viene encima, que la siente como un profundo desgarramiento en la que sus estrechos horizontes geográficos delatan los bordes hasta hora infranqueables de la existencia.
El poeta cubano Virgilio Piñera nos afirma en uno de sus poemas, pensando en la tragedia de su propia Isla (La isla en peso, 1942): "La maldita circunstancia del agua por todas partes/ me obliga asentarme en la mesa del café. /Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer/ hubiera podido dormir a pierna suelta". Por su parte Vallés nos dice por medio de una secuencia narrativa casi testimonial -a la manera de un afortunado parte meteorológico que se nos vuelve francamente irónico- y donde no vale la pena hablar de los restringidos horizontes que leacosan porque eso es evidente:
"Aquella tarde Arnaldo caminó lentamente hasta la Rambla del Almirante. Era el mar revuelto de los meses de invierno. Las olas golpeaban contra la Peña de los Pájaros. Acá, desde la verja encalada, tenía una buena vista de la costa. Vio los hombres pasar corriendo por las dunas de arena; los titeritos de pelo hirsuto encampanando las chiringas en un cielo plomizo. Pronto caería una fina llovizna sobre el horizonte". Para mí, lector cubano de La fuga, la experiencia de su lectura es como una invitación a la orilla del mar para contemplar el vaivén cíclico de las olas; primero un recuerdo, luego otro que se deshace al final como la espuma. Las olas que llegan a la arena poseen un registro febril pero sincrónico, el cual constantemente se repite en profunda concomitancia intergeográfica con otros textos de
manifiesta insularidad. Porque aquí la geografía opera como fundamento de una forma física, palpable, de intertextualidad. Insisto: la metáfora del mar y de la espuma -la perenne contemplación del océano desde la orilla- es el tema fundamental, aunque elíptico, de la novela. Porque una literatura no es tanto lo que dice sino lo que nos suscita. La obra es así un texto descentrado -que fluye mediante secuencias que provienen indistintamente del oleaje o la memoria- aunque portador de una notable vocación de intemperie.
El personaje principal, Arnaldo, es, sin embargo, el hilo conductor de una trama para un viaje siempre postergado y que, en resumen, nunca se realiza porque es imposible. Héctor Vallés es así un Ulises varado en los predios de su "Borinquén querido"; la Isla encantada. Los personajes de la novela
medran por una geografía desarbolada por la que ronda el mito de una violación originaria; una nación frustrada, como diría una vez nuestro Lezama, "en lo esencial político".A propósito de su novela, ubicada en el contexto socio cultural de Puerto Rico, el mismo Vallés me mencionaba la curiosa petición que le había hecho a sus coterráneos, en un conocido ensayo, un notable escritor del patio: "Sal a la mar y piérdele el miedo al corsario." Toda verdadera literatura posee su Ulises bogavante, del mismo modo que cada pueblo asiste, alguna vez, al nacimiento mítico de Homero. No obstante, el llamado que hiciera el escritor boricua -citado por Vallés- parece guardar consecuencias más severas. Franquear los estrechos límites de la Isla -aventurarse al mar y atreverse a enfrentar al corsario - alude a una actitud existencial dispuesta a superar no sólo los ambiguos límites de una literatura, sino, además, devenir en una experiencia de vida, en una vocación incluso moral. Puerto Rico es una nación donde la historia quedó congelada, desvirtualizada, por la presencia allí de más de un siglo del gran corsario del norte. Nunca sabremos, por tanto, hasta qué punto una literatura -como alusión al arcano poder ritual que poseen las palabras- puede cumplir con esa función hipostática de devolver los valores soslayados a las instituciones humanas y donde lo político recupere su esencia preterida. Porque una nación frustrada en lo "esencial político" a lo que alude es a una soberanía constantemente aplazada la cual no sólo se revela en el marasmo de sus instituciones, sino en las prerrogativas negadas a cada uno de los seres humanos que la componen. La fuga refleja, de algún modo, esa tamaña dispersión geográfica, ese singular desconcierto cultural, que padece la Isla, esa rara ubicuidad que sufren sus habitantes y que convierte
en ambivalentes los términos semánticos hispanos -por lo demás intraducibles al inglés- de ser y estar; "ser" de Puerto Rico, "estar" inscritos en un tecnicismo legal que los reúne a medias como grupo humano, no como nación.
La novela es un discurso por secuencias, entretejido con el oleaje que lame las heridas incurables de la pequeña nación caribeña. La Isla inmóvil y ahistórica. El momento de la narración coincide con la guerra de Vietnam y el comienzo del uso masivo, por un sector de la juventud norteamericana, de los alucinógenos. Para Arnaldo, protagonista de La fuga, situado en ese preciso contexto, llegar a franquear sus propias fronteras existenciales se convierte por tanto, en la empresa imposible, en el vuelo temerario y suicida de Ícaro sobre el mar. Atrás quedaría el infranqueable Laberinto de Cnosos, las ruinas como testimonio de lo que una vez edificara el padre Arquitecto y que sólo sirvió para esquinar al hijo, extraviarlo en la circularidad tenaz de una tradición cultural tronchada e irresuelta; por delante, aquello que la literatura puertorriqueña, insular, pudiera muy bien conquistar por derecho propio: la ardua tarea de construir una nueva forma -una literatura- situada más allá de la noción del límite, o que
hiciera del límite -la isla breve y el mar- sólo una medida -política, ciudadana- que nos agrupara en torno a un significado infinito; es decir, a ese proyecto esencialmente humano, que se prolonga en el tiempo no en la geografía, llamado historia. ¿Es en resumen esta novela un libro de viaje, de tránsito existencial o geográfico; una novela más de aprendizaje? La fuga de Héctor R Vallés fue su primera novela y, como es frecuente en las primeras obras, posee un contenido abiertamente autobiográfico. Pero no es una novela de aprendizaje en el sentido en que sí lo son Damián de Herman Hesse o Retrato del artista adolescente de James Joyce, pues sus personajes no evolucionan en vías de completar un periplo existencial, en franca disposición de acceder a una forma auténtica de conocimiento. Los personajes de La fuga "no aprenden", no se transforman dentro del tempo puro del discurso novelístico -por el contrario, desde el comienzo parecen estar condenados a buscar algo esencial que jamás encuentran- y, reducidos a esa ajena inmovilidad, el único ciclo que se percibe en el texto es el del mar
que los rodea -como un cáncer- en perennidad, poniendo siempre entre paréntesis el destinode la Isla como entidad histórica. Porque estos personajes se encuentran detenidos en el espacio escueto del límite que los encierra y nulifica. Para el protagonista, el vuelo de Ícaro se convierte así en la única respuesta posible frente a un espacio y un tiempo congelados de antemano, donde, a duras penas, hiberna la vida. Por eso superar existencialmente ese país encantado, fetichizado -sumergido en su, alparecer, irreparable agonía histórica; en su particular holocausto cultural- supone intentar recrear otro espacio de mayor hazaña, de inerrable condición humana. Y ese espacio no sería otro que la literatura y su compleja ejecución -sin presunción alguna- nos llevaría toda la vida.





SIGNIFICACIONES SUBJETIVAS DEL EJERCICIO DE LA PROSTITUCION
"Mejor ser puta que limpiar baños de las señoras"*


 
El autor advierte que "la prostitución no tiene el mismo valor y el sentido para todas las mujeres que la ejercen", y presenta el caso de una joven que vivía en una villa del conurbano bonaerense.



 Por Sergio Rodríguez *


Cuando se trabaja en casos extremos, la subjetividad del psicoanalista es fuertemente conmovida en función de sus propias historias. En este caso, se trata de una jovencita de una de las villas grandes del conurbano. Allí la conocí y trabajé con ella. Tenía 18 años, parecía mayor, ya era una belleza, una de esas chicas que no se puede dejar de mirar cuando pasan. Cuando la presenté, en un relato de la práctica en Psyche Anudamientos, la llamé Fermina, debido a una historia de mi propia familia. Mi padre tenía una prima, Fermina, que era corista del Maipo y prostituta de alto nivel. Me acuerdo de las visitas a la casa de ella, era un departamento bien puesto en el centro. Vivía con Marcial, que era un señor imponente. Era el amante de turno. Me llamaba la atención, yo tenía 5 o 6 años, que en mi casa, donde
todos eran gente muy moral, fueran a la casa de ella a reuniones que eran muy cordiales; había una amistad. A veces ella venía a visitarnos en la pensión donde vivíamos. Para mí no existía el oficio más antiguo, yo no tenía idea, para mí era una bailarina del Maipo que yo nunca había visto bailar y que vivía con ese señor que nadie decía que fuera el esposo. Era todo un enigma para mí. Por esa prima de mi padre le puse "Fermina" a esta chica.
Y me sucedió que, cuando quise escribir sobre la chica que llamé Fermina, no podía acordarme del nombre verdadero. Y eso que estuve en relación con ella un año entero, el año pasado. Además, no era una muchacha que pasara desapercibida ante mis ojos. Entonces, ¿por qué no me puedo acordar?, me
pregunté. Sólo pude recordar su nombre cuando me acordé de que es el de otra familiar mía, jovencita también, de 16 años, muy querida. Eso me llevó a pensar en otro caso con el que trabajé en la villa, un muchacho con el que yo me había encariñado mucho, que está tomado por el paco, de vez en cuando
roba, pero es un buen pibe. Y con él también me pasó lo mismo, no podía acordarme de su nombre. Me acordé: se llama Mariano; mi hija se llama Mariana. Me di cuenta de cuánto me cuesta soportar que chicos muy próximos a mí tengan los mismos nombres que estos chicos con destinos tan tristes.
Bueno, me parece importante tener presente cómo nos conmueven estos casos, para discernir en qué se nos facilita o se nos dificulta trabajar.
Mi encuentro con Fermina ocurrió la primera vez que fui a la villa, a una reunión con su familia en la que supuestamente ella hubiera estado: estuvo de un modo muy particular; nos pasamos toda la reunión bajo un griterío infernal desde la calle. Los hermanos, cuñados y la madre salían a cada rato a separar gente que se estaba peleando. Yo, que era novato, no tenía idea de lo que estaba pasando. Le pregunté a mi compañero, el pastor: a él le habían dicho que Fermina, la hermana menor, se estaba peleando.
Fermina no entró a la casa y la única explicación que dieron fue que era "muy peleadora"; que habían pasado unas chicas por la vereda de enfrente y le habían gritado algo que nadie sabía, muy probablemente "puta". En encuentros posteriores ella no se incorporaba al grupo pero entraba y salía
de la casa una y otra vez; era su forma de hacerse ver. Era soberbiamente altiva y despreciativa, desde su reciente belleza adolescente.
En esa casa, la mayor parte de las aberturas no tenían marco, ni qué decir puertas: algunas tenían cortina, otras ni eso. La única puerta era la del baño y la de calle; el resto, agujeros. Paredes descascaradas. Pegadas en las paredes, láminas de River, algún santo, algunas vírgenes. Y, también, una sola foto: la de ella. Una bella foto, aunque desteñida. En una de las reuniones, la madre, quejándose amargamente, dijo, sin que esto sorprendiera a sus otros hijos, que Fermina había sido la única de los cuatro que ella había querido tener. También decía que a los seis años, o sea, un año antes de empezar a cartonear, como Fermina le reclamaba que quería conocer al padre, ella le había dicho quién era.
El padre vivía a una cuadra de la casa. Fermina se había presentado ante él para buscar, sin apelar a legalidades, que la reconociera como hija. El le había contestado que no tenía interés en ser padre de ella y que, además, tampoco estaba seguro de si lo era o no. La madre tenía registrado que el rechazo del padre le había producido a la piba una herida terrible. Y que desde entonces se había hecho tan cocorita y peleadora. En las reuniones de familia, mucho giraba alrededor de acusarla. Lo hacían todos, la madre, los hermanos, las hermanas, los cuñados: que no era colaboradora, que no cocinaba nunca, que no lavaba, que era egoísta, que les robaba algún peso para tarjetas de celular, que se había ido de la primaria sin terminarla.
Los hermanos decían que era la protegida de la madre. La madre decía que el problema era que la chica andaba en malas compañías. Otra acusación era que se quedaba a dormir en la casa del novio: no era una crítica moral, sino que les molestaba que se quedara ahí para eludir las tareas de la casa. Los códigos de la villa no son los mismos que los de otros sectores sociales. El novio de Fermina era estudiante en la Universidad Tecnológica Nacional; venía de una familia de clase media baja, marginal a la villa.
Un día me pidió venir al confesionario. El "confesionario" era el auto del pastor, donde yo los atendía de a uno. Vino después de un día que la habían "gastado mucho", según ella, y tanto el pastor como yo intervinimos para parar la cuestión. Fermina participó de esa reunión que era muy grande, ya que estaba muy acongojada porque el novio la había dejado, ergo, había llegado la hora de la venganza para los hermanos y hermanas que ahora podían burlarse y hostigarla. La categoría de "malos y buenos" no sirve en el intento de entender qué sucede en las villas. Tampoco la de lo justo y lo injusto. Era evidente que en la familia todos la envidiaban porque se mantenía rebelde, linda, y tenía un montón de muchachos cortejándola.
Incluso era evidente -a ojos de quien supiera leer en esas aguas- que el hermano mayor, el preferido de la madre, arrastraba deseos eróticos por la adolescente.
Esa familia está fundada en una historia de incesto. La madre no tiene claro si la hija mayor fue fruto de incesto con el padre o con el hermano: en el campo, donde vivía, tanto el padre como el hermano abusaban sexualmente de ella. Para hablar de esa hija, dice "me la traje de..." y nombra la provincia de donde vino. Nunca nombra al progenitor.
Y aquel hermano mayor le mete los cuernos a Bruma, su compañera embarazada; sigue en esa pareja por el hijo que viene y no porque esté enamorado.
Fermina lo sabe. El también fue algunas veces al confesionario, donde, para explicar por qué no abortar, decía: "Porque soy el padre y me voy a hacer cargo de mi hijo". El padre de él y de otro hermano nunca se había hecho cargo de ellos.

Blasón de putear
Fermina, en su entrevista en el confesionario, en medio de llantos, me cuenta que la vuelven loca los hermanos, con sus acusaciones y burlas. Casi no toca el tema del novio. Cuando lo hace, dice que ella le buscaba pelea todo el tiempo a él, tal como hace con los hermanos y con el resto de la gente del barrio. Cuando habla de la ruptura con el novio, se reconoce peleadora; después, siempre se reafirma inocente. Se hace evidente, y se lo digo, que, tras la parada de que castiga, busca permanentemente hacerse
castigar. Le recuerdo las quejas de la familia sobre su falta de solidaridad y me dice que no es cierto, que ella trabaja de niñera por 150 pesos por mes por cuidar, nueve horas diarias, a los hijos de una vecina que sale a trabajar de mucama.
En ese punto, la sorpresa: me dice que está cansada, que la familia la acusa de que sale a putear -o sea, a trabajar de prostituta-. Defendiéndose, me dice: "¡Prefiero putear que ir a limpiar los baños de las señoras!".
Entonces recordé que su hermano mayor, en una discusión del grupo, cuando el pastor les había dicho que ellos trabajaban mientras los otros salían a robar, replicó: "Sí, ¿sabés cómo nos dicen en la villa a nosotros? Que somos los giles que laburan". Se advierte la relación entre las que van a limpiar baños y los giles que laburan, por un lado, y por otro los delincuentes y las prostitutas. Ahí caí en la cuenta de que ella, de "putear", hacía un blasón.
Para ella, "putear" no es un oficio. Tampoco es básicamente una cuestión de dinero. Le gusta el dinero, pero se trata de otra cosa. Se trata de que prefiere ser puta que ir a lavar los baños de las señoras. Para ella, otras serían giles pero ella no, ya que se animaba a ser puta en vez de limpiar baños.
Le señalé que entre mucama y puta había otras alternativas: mesera, empleada en una tienda, en un supermercado. Me contestó que no la tomaban para esos trabajos, lo cual era cierto. Ahí terminó la única sesión personal; nos separamos muy amistosamente. Siguió manteniendo conmigo un vínculo amable.
Pasaba a mi lado y no me miraba con desprecio, me saludaba amable y respetuosamente. Pero no volvió nunca al confesionario, a pesar de algunas sugerencias mías y de la madre para que lo hiciera. Después pidió entrevista con una colega que actualmente me reemplaza en la villa (yo continúo en funciones de supervisión).
Intentemos una lectura conceptual de lo que se manifestó. Ese dicho y hecho, ser puta, le daba valor fálico, a diferencia de las otras, que quedaban en el lugar de restos, desechos, en el lugar de la mierda de los baños que limpiaban. Para ella, es un signo de distinción que le digan "sos una puta".
Lo descifrado en términos de que ella no quiere ser un resto, como las demás. Por eso pelean. En la villa, un rasgo fálico y de virilidad muy evidente es ser capaz, como ellos dicen, de bancársela. Si les quieren
pegar, hay que defenderse; si no, en la villa se deja de existir, se pasa a ser el maricón del lugar. Dicho de otra manera, donde los bienes materiales escasean para atribuirse valores fálicos, éstos provienen de cómo se ponga en funciones y en riesgo el cuerpo propio. Las zapatillas, las gorras de marca son blasones secundarios cuando se contraponen a otros valores fálicos: por ejemplo, "si tenés o no huevos". Y, en esta piba, si se anima a "putear" o no.
Cuando ella "putea", su cuerpo no es un simple resto: es algo que los hombres desean y pagan. Completamente distinto al de las otras, que lo ponen para limpiar la mierda de las señoras y cobrar unos "pesitos". En consecuencia, no es loco sino tributario de la razón fálica.
Claro, no es que esto sea así en todas las prostitutas. Estos pibes contaban de una, adicta al paco, que había parido una criatura y andaba por las casillas ofreciendo en venta al bebé por cinco pesos, para comprarse paco.
Para esa chica la prostitución no tiene el mismo valor que para Fermina: ella es un desecho y el bebé es otro; nada tiene valor. Otro caso sufría, no por su profesión sino porque le iba mal con la familia. Se había enamorado perdidamente de ella, decía, una persona de mucha plata. Este hombre se quería casar con ella a toda costa, ella no. Quería seguir trabajando con él, pero no casarse. Su papá se enojaba porque no se casaba con ese hombre, ya que lo consideraba la oportunidad de su vida (la de él). Ella me dijo: "¿Se da cuenta? a mi padre lo único que le interesa es la plata". Le dije, demasiado prematuramente: "¿A vos te interesa alguna otra cosa?". Creo que eso la ofendió muchísimo. Mi error fue creerme que ella trabajaba sólo por dinero: ella también se restituía fálicamente haciéndose pagar para gozar con ella, por cadenas de hombres que la deseaban.


*Fundador de la revista Psyché.
-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-124854-2009-05-14.html

 
21/05/2009 20:16 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

información médica

 

 

 

Esto es algo que las mujeres debemos tomar muy seriamente y los hombres también. 
Información médica
 Ella comentó no sentirse bien... Le dolía la espalda... Se iba a recostar un rato hasta que se le pasara...  Un rato más tarde su esposo fue a ver cómo seguía y la encontró sin respiración... No la pudieron revivir. 
Yo sabía que los ataques cardíacos en las mujeres son distintos, pero nunca imaginé nada como esto. Esta, es la mejor descripción que he leído sobre esta terrible experiencia.....
¿Sabías que los ataques cardíacos en las mujeres raramente presentan los mismos síntomas 'dramáticos' que anuncian el infarto en los hombres?   Me refiero al dolor intenso en el pecho, el sudor frío y el desvanecimiento súbito que ellos sufren y que vemos escenificados en muchas películas.
Para que sepan cómo es la versión femenina del infarto, una mujer que experimentó un ataque cardíaco nos va a contar su historia:
'Yo tuve un inesperado ataque al corazón como a las 10:30 p.m., sin haber hecho ningún esfuerzo físico exagerado ni haber sufrido algún trauma emocional que pudiese desencadenarlo.  Estaba sentada muy abrigadita con mi gato en las rodillas. 
Un momento más tarde, sentí una horrible sensación de indigestión, como cuando - estando de prisa - uno se come  un sándwich, tragándolo con un poco de agua y parece que uno tuviese una pelota que baja por el esófago muy despacio, medio atragantándonos.
Es entonces que uno se da cuenta que no debería comer tan de prisa y que debería masticar más despacio y mejor, además de tomarse todo un vaso de agua para ayudar al proceso de digestión.
Esta fue mi sensación inicial... El 'único problema' era que yo NO HABÍA comido NADA desde las 5:00pm...  
'Después, desapareció esta sensación  y sentí como si alguien me apretara la columna vertebral (pensándolo bien, ahora creo que eran los espasmos en mi aorta). Luego, la presión comenzó a avanzar hacia mi esternón (hueso del que nacen las costillas en el pecho). El proceso continuó hasta que la presión me subió a la garganta y la sensación corrió entonces hasta abarcar ambos lados de mi quijada. 
'AJA!!! En ese momento, supe realmente qué estaba pasando conmigo...  Creo que todos hemos leído o escuchado que el dolor en la quijada es señal de un ataque al corazón.
'¡Santo Dios, creo que tengo un ataque al corazón!' le dije al gato. Bajé los pies del futon y traté de dirigirme hacia el teléfono pero caí al suelo.  
Entonces me dije: 'Esto es un ataque al corazón y no debería caminar hasta el teléfono ni a ningún otro lugar, pero... si no le dejo saber a nadie lo que me está pasando, nadie me podrá ayudar... Y si me tardo, quizá no pueda moverme después'. 
Me levanté ayudándome con la silla y caminé despacio hacia el teléfono para llamar a emergencias.  Les dije que creía que me estaba dando un ataque al corazón y describí mis síntomas. Tratando de mantener la calma, informé lo que me ocurría. Ellos dijeron que vendrían de inmediato y me aconsejaron acostarme cerca de la puerta después de haber quitado el seguro para que ellos pudiesen entrar y encontrarme rápidamente.
Seguí sus instrucciones, me acosté en el suelo y casi inmediatamente, perdí el conocimiento. No recuerdo cuándo ni cómo  entraron los médicos ni cuan largo fue el viaje en la ambulancia. Pero vagamente recuerdo haber abierto los ojos al llegar al hospital y ver que el cardiólogo me estaba esperando listo para ingresarme a la sala de operaciones. El médico se acercó y me hizo algunas preguntas (creo que preguntó si había tomado algún medicamento) pero yo  no pude contestar ni entender lo que me decía porque volví a perder el conocimiento.  Me desperté cuando el cardiólogo -como me enteré al cabo de unas horas- había ensartado un pequeño balón en mi arteria femoral para instalarme dos 'stents' que mantuviesen abierta mi arteria coronaria del lado derecho. 
Sé que parece que todo lo que hice antes de llamar a la ambulancia hubiese tomado unos 20-30 minutos, pero en realidad apenas me tomó 4-5 minutos...  Y, gracias a mis explicaciones precisas, los médicos ya estaban esperándome listos para atenderme adecuadamente cuando llegué al hospital. 
Ustedes se preguntarán por qué les cuento todo esto con tanto detalle 'engorroso'... Es simplemente, porque quiero que todos sepan lo que yo aprendí después de esta terrible experiencia.
Paso, entonces a resumirles algunos puntos: 
1.    Tengan en cuenta que sus síntomas probablemente no se parecerán en nada a los que padecen los hombres. Yo, por ejemplo, sentí el dolor en el esternón y la quijada. 
Se dice que muchas más mujeres que hombres mueren en su primer (y último) ataque cardíaco porque no identifican los síntomas y/o los confunden con los de una indigestión. Entonces, toman un digestivo y luego se van a la cama esperando que la molestia desaparezca durante la noche.  También, porque -por razones culturales- las mujeres estamos acostumbradas a tolerar el dolor y la incomodidad más que los hombres. Queridas amigas: Quizá sus síntomas no sean iguales a los míos, pero, por favor, no pierdan el tiempo. LLAMEN a la AMBULANCIA, si sienten que su cuerpo experimenta algo 'extraño'. Cada quien conoce el estado natural (normal) de su cuerpo. Más vale una 'falsa emergencia' a no atreverse a llamar y perder la vida... 
2.    Noten que dije 'llamen a los Paramédicos/Ambulancia'.  AMIGAS, el tiempo es importante, no traten de manejar ustedes ni dejen que sus esposos o familiares las lleven al hospital. Además de que nadie está en condiciones de manejar sin que los nervios lo traicionen, sus síntomas pueden agravarse camino al hospital y complicar las cosas. Tampoco es recomendable Llamar AL DOCTOR para que venga a la casa. Además de perder minutos preciosos, pocos médicos llevan en su carro el equipo 'salvavidas' necesario en estos casos; la ambulancia, sí está totalmente equipada. Principalmente, tienen el oxígeno que necesitarás de inmediato. En todo caso, el hospital notificará a tu doctor después. 
3.    No crean que no pueden padecer un ataque cardíaco  porque su colesterol es normal o 'nunca han tenido problemas cardíacos'. Se ha descubierto que el colesterol por sí solo (a menos que sea excesivo) raramente es la causa de un ataque cardíaco.  Los ataques al corazón son el resultado de un stress prolongado que hace que nuestro sistema segregue toda clase de hormonas dañinas que inflaman las arterias y tejido cardíaco.
Por otro lado, las mujeres que están entrando en la menopausia o ya la pasaron, pierden la protección que les brindaban los estrógenos, por lo que corren igual riesgo de padecer problemas cardíacos que los hombres.
Un cardiólogo dijo que si todas las que recibimos este mail lo enviamos a 10 mujeres más, podemos estar seguras de que al menos UNA vida se salvará.  Por lo tanto, sé buena amiga y envía este artículo a todas las mujeres que te son tan queridas...

 
 

enviado por inrternet  por silvia cacitti

 

14/04/2009 22:14 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

paradise / lienzo juan carlos gayoso.

miércoles 25 de marzo de 2009

"Paradise"






http://terrec.stumbleupon.com/


http://www.gayosoart.com/

miércoles 25 de marzo de 2009

"Paradise"






"Paradise"




Paradise is a world
where wishes can come true
spend time in this haven
and banish the blues
peace and tranquilty
you will find in this place
open your heart
and welcome the embrace

Sparkling raindrops fall
in a steady stream
this paradise a reality
not seen in a dream
glistening leaves where
the sun makes her mark
shining brightly from
daytime until nightly dark

Cascading water flows
on down to the rocks
jewel coloured flowers
worthy of pandora's box
evergreen trees stand
so proudly and tall
a haven of protection
for creatures great and small

By TM

http://terrec.stumbleupon.com/
07/04/2009 19:51 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

Ciclo de Poesía

Ciclo de Poesía y Prosa Breve
"Nicolás Olivari" - 1999

 

 

Rolando Revagliatti, Cristian De Nápoli y Ruben Del Grosso presentaron en treinta y un encuentros de frecuencia semanal: 13.5.1999 a 9.12.1999: Evocación de la poética de Nicolás Olivari (Buenos Aires, 1900-1966) + Lecturas Programadas de autores invitados + Lecturas No Programadas de escritores asistentes + Breves presentaciones de revistas, talleres y grupos literarios + Obsequio de libros y publicaciones periódicas. Participaron poetas y narradores de Perú, Cuba, República Dominicana, Uruguay, Italia, Alemania, y también residentes en provincias de la Argentina. Aconteció en "El Aleph Café/Arte" de la ciudad de Buenos Aires.

 

SONETO BIEN INSPIRADO Y MAL MEDIDO

Esta muchachita de labios pintados,
melena, vestido vistoso, sombrero castor,
es cajera en una casa de peinados
y conoce el neologismo trágico: ¡control!

Cumple su horario como una hormiguita,
con los de la Casa es perfectamente casta,
y ciérrales el escote con dos cintitas
y tiene en su media una raya de: ¡basta!

Pero sabemos que visita casas sospechosas,
hace unos días que está muy ojerosa
y esta mañana... ¡vino tan tarde!

Ella es honesta en su Caja, pero resulta una ganga
hacerle un recordatorio corte de manga...
...¡Pst!... todo macho es un cobarde.

NICOLÁS OLIVARI
(de su poemario "El Gato Escaldado")

 

1°: Edgardo Pígoli, Juan Carlos Rivera Quintana, Susana Cattaneo, Carlos Barbarito.
2°: Pablo Becker, Roberto Goijman, Paula Salmoiraghi, Oscar Pablo Baldomá.
3°: Daniel Horacio Grad, Ricardo Rubio, Rosana María Ortelli, Juan Domingo Torchiaro.
4°: Alicia Gallegos, Juan Carlos Pellanda, Cristina Pizarro, Adalberto Polti.
5°: Horacio Preler, Cristina Carranza, Julio César Diaco, Silvia Noemí Pastrana.
6°: Alejandra Pultrone, Pablo Montanaro, Florencia Fragasso, Carlos Enrique Berbeglia.
7°: Marcos Silber, Raúl Brasca, Javier Robledo, Santiago Espel.
8°: Daniel Barros, Laura Kropff, Carlos Pensa, María Paz Levinson, Carlos Kuraiem, Celia Fontán.
9°: Germán González Arquati, Marcelo di Marco, Elsa Copati, Carlos Battilana, Patricia Díaz Bialet, Rodolfo Edwards, Ricardo Giménez.
10°: Clara Fernández Moreno, Rubén Chihade, Olga Drennen, Melina Brufman, Héctor Dengis, Paola Balboa.
11°: Federico Pedrido, Juan Desiderio, Daniel Rubén Mourelle, Patricia Verón, Jorge Paolantonio, Roberto Cignoni, Wenceslao Maldonado, Félix Carlos Lucas, Carlos Paz.
12°: Silvio Javier De Gracia, Julio Bepré, David Birenbaum, Ida Julia Casella, Fabián San Miguel, Carlos Alberto Ramponelli.
13°: Darío Canton, Eduardo Dalter, Hilda Mans, Fernando Molle, Martha Goldin, Héctor Urruspuru, Eva Aizemberg, Iaque Iagust.
14°: Antonio Moro, Fernando Kofman, María Medrano, Ernesto Vázquez Rivera, Daniel Quintero, Andrea Gagliardi, Sergio Kisielewsky, Gerardo Diego, Ilda Delgado.
15°: Manrique Fernández Moreno, Manuel Ruano, Walter Iannelli, Silvia Manzini, Martín Micharvegas, Rafael Alberto Vásquez.

 

 

16°: Ángel Nuñez, Liliana Aguilar, Daniel Amiano, Cristina Siri, Amadeo Gravino.
17°: Héctor Miguel Ángeli, Silvia Mazar, Maximiliano González Jewkes, Magdalena Martín, Luis Alberto Juárez.
18°: Jorge Ariel Madrazo, Leonor García Hernando, Juan Terranova.
19°: Marta Braier, Simón S. Esain, Norma Menassa, Graciela Perosio.
20°: Amalia Sato, Clara Vasco, Néstor Latrónico, Nina Thürler.
21°: María del Carmen Colombo, Cayetano Zemborain, Ana Guillot, José Villa, Zoraida Laveglia, Martín Rodríguez.
22°: Hartmut Sörgel, Pablo Quevedo, Miguel Ángel González, Nira Etchenique, Juan García Gayo, Emiliano Bustos.
23°: Laura Wittner, Enrique Puccia, Sandra López Jachú, Pedro Grieco, Mabel Pan.
24°: Karina Macció, Marta Cwielong, Rubén H. Zorrilla, Ximena Espeche, Leonor Bonfanti, Alejandro Manrique, Romina Freschi, Adriana Maggio.
25°: Liliana Guaragno, Angélica Barletta, Luis Thonis, Lilian Escobar, Ayelén Correa.
26°: Miguel Gaya, Alejandro Sosa Días, Elvira Otero, Carlos Juárez Aldazabal, Eduardo Espósito, María Cristina Santiago, Norberto Barleand.
27°: César Cantoni, Osvaldo Bossi, Delia Lavedán, Roberto Sánchez, Jorge Luis Estrella, Walter Cassara.
28°: Anahí Abeledo, Beatriz Basile, Daniel Battilana, Laura Yasán, Mónica Efron, Jorge Nonini.
29°: Leopoldo Real de Azúa, Natividad Acosta, León David, Nora Alicia Perusin, Walter Ch. Viegas.
30°: Eugenio Mandrini, María de los Ángeles Lescano, Debrick Ankudovich, Paula Brudny, Adolfo Marino Ponti, Marcela Giacobbo.
31°: Marta Miranda, Julio Salgado, Lilia Argañaráz, Héctor Freire, María Dolores Lucero.

 

"La poesía es ahora la cordialidad permanente de la inteligencia y el soporte más grande de las únicas y verdaderas acciones humanas."

Jorge Enrique Móbili

 

Además de las presentaciones del Grupo "Con-Versando", el Taller de Poesía "Papemor", etc., se realizó, con Mario Moscoso, Ariel Varone y Diego Moroni, el breve espectáculo poético-musical "El Sueño del Eterno Regreso".
 

En las presentaciones de las revistas "Patagonia / Poesía", "Plagio", "La Bota Literaria", "Papirolas", "Bardo", "La Guillotina", "Damo", "León en el Bidet", "Ques Quesé", "La Pluma en el Ojo Ajeno", "Andrógina", "El Perseguidor", "Extranjera a la Intemperie", participaron, entre otros, Noemí I. Aranguren, Juan Carlos Navarro, Irene Miraglia, Néstor A. Sánchez, Ana Passarelli, Estela Kallay, Carlos Perazzi, Norma Padra, Jorge Cambiaso, Milagros Rodríguez, Gabriela Delgado, Verónica Pérez Arango, Mariana D'Agostino, Florencia Castellano, Elizabeth Lerner, Araceli D'Amico, Jorge Omar Groba, Susana D'Agostino, Graciela Carbonero, Diego Viniarsky, Sergio Daniel Mercado, Rita Kratsman, Marcelo Colombini, Norma Fumero, Jorge Claverié, Daniel Gayoso, Natalia Fortuni, Marcelo Svartman, María Carolina Berduque, Lautaro Brunatti, Javier Aduriz, Claudio González Baeza.

"La realidad de la poesía está en la amistad de los poetas."

Alberto Vanasco

 

Agradecemos a Osvaldo Verón, Ernesto D. Buezas de la Torre, Alejandro Luis Gabba, Nacha Ríos, Carlos F. Arnedo, Juan José Vieytes, Garita del Mar, Matilde López Camelo, Esther Kaplan, Elba D'Onofrio, Leticia Hernando, Beatriz Freijo, Leandro Sardi, Enrique Mario Saporiti, Carlos Elliff, Cristian Gil Fuster, Luis Jorge García, Alejandro Humberto Álvarez, Analía Rodríguez, Eduardo Méndez, Silvia Arzac, Néstor Ventaja, Paula Passarelli, Leonardo Torres, Fernando Ruiz Moreno, Toto, Flavio Crescenzi, Sergio Pesce, Jorge Wassouf, Betty Córdoba, Ana Santoandré, Cristina Ottonello, Federico Docampo, y a todo el público en general, así como a los programas radiales, publicaciones periódicas, ciclos de poesía y cafés culturales, etc., que apoyaron este espacio de resistencia poética.
 

Ciclo de Poesía y Prosa Breve "Nicolás Olivari": Autores de muy diversas trayectorias y proyección pública confluyeron con sus diferentes propuestas estéticas en una sostenida muestra de pluralidad de voces.

http://www.revagliatti.com.ar

 

01/04/2009 20:21 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

arte maya

De las imágenes obtenidas en dos grandes museos The Metropolitan Museum of Art Helbrunn Timeline of Art History y British Museum les he preparado esta entrada donde veremos 18 piezas del arte Mesoamericano, especialmente Maya, aunque también Olmeca y Azteca.

Cada imagen lleva un texto explicativo corto, para que puedan hacerse una idea de lo que están viendo. En general tienen Copyright, se exponen aquí a titulo pedagógico y en ningún caso pueden ser comercializadas sin autorización de los respectivos museos.

Para ampliar las imágenes pulsen sobre ellas.

001- Jarra para beber- siglo I aC- México o Guatemala

01-Jarra para beber- siglo I aC- México o Guatemala

El diseño complejo de esta jarra incluye jeroglíficos por ambos lados, la identificación de los cuales es un tanto incierta, figuran los correspondientes a “viento” y “maíz”. Esta tallada en piedra caliza. Las excepcionales obras en piedra de este tipo se ubican generalmente en las tierras altas de Guatemala y México y se corresponden con el florecimiento de Izapa y Kaminaljuyú.


002-Incensario representando a una figura sentada- Siglo IV- México o Guatemala

002-Incensario representando a una figura sentada- Siglo IV- México o Guatemala

Este incensario se utilizaba para hacer ofrendas llevadas por el humo a los espíritus y deidades del mundo sobrenatural, los gobernantes están representados en el arte maya como comunicadores o enlaces con la vida sobrenatural. La pieza se compone de dos partes, una base donde se quemaba el incienso y la figura en sí que servía de chimenea para el humo y está decorada con un tocado ricamente ornamentado, en sus manos vemos lo que puede ser un emblema real.

003 - Jarra con forma de yugo-siglo V-Cerámica- Guatemala

003-detalle Jarra con forma de jugo

003 - Jarra con forma de yugo-siglo V-Cerámica- Guatemala

Esta jarra en forma de U era considerada un elemento asociado al juego de pelota antigua en Mesoamérica. En la superficie de la parte cilíndrica y la tapa figuran cuatro jeroglíficos que representan a cuatro jugadores, llevan grandes tocados de plumas y cada uno de ellos se enfrenta a una gran bola cubierta de plumas. En los extremos de la U se encuentran dos cabezas con los ojos cerrados representando a la muerte.

004  -Deidad de jade-siglos III al VI Honduras

004 -Deidad de jade-siglos III al VI Honduras

Esta figura de jade verde está asociada al lugar maya de Copán en el valle del mismo nombre en el occidente de Honduras, muestra un bajo relieve de una deidad con las manos en el pecho, los pulgares visibles en la parte superior de los puños cerrados indican pensamientos altos o sagrados.

005 - Incensario con forma de figura sentada-siglos V-VI Guatemala

005 - Incensario con forma de figura sentada-siglos V-VI Guatemala

Incensarios de cerámica como este se han descubierto en varios lugares, desde los escalones de los templos hasta en cuevas interiores lo que indica la importancia de la quema de incienso en los rituales de la antigua Mesoamérica. Se cree que la nube de humo producida por la quema de incienso de copal acompañaba cada una de las principales ceremonias mayas. El incensario representa una figura sentada tal vez un gobernante rodeado de criaturas mitológicas que se apilan sobre su cabeza y en los flancos, a su alrededor.

006 -Bol Tallado cerámica siglo VI -México o Guatemala

006 -Bol Tallado cerámica siglo VI -México o Guatemala

Este magnífico cuenco está decorado con serpientes de cabeza humana, los cuerpos de las serpientes ondulan con regularidad en torno a la circunferencia de la pieza. En la parte interior de esta obra hay una serie de barras y puntos que parece ser una fecha maya que se corresponde con el año 539 dC.

007-  Figura de cerámica-siglos VII al VIII México

007- Figura de cerámica-siglos VII al VIII México

Jaina una pequeña isla ubicada frente a la costa occidental de la península del Yucatán, fue creada cuando los mayas volcaron sobre el promontorio existente entonces toneladas de tierra y escombros. Como parte de las prácticas funerarias llevadas a cabo en esta isla, figuras de cerámica a menudo en forma de silbatos y sonajas se incluían en los enterramientos. Los primeros enterramientos tenían pocas figuras y estas eran de gran calidad como esta pieza.

El vestido que observamos en esta obra representa la armadura usada por los guerreros y la elaboración del traje y sus pertrechos sugieren un alto status social de noble condición.

008 –Vaso cerámica con escena del Trono-siglo VIII Guatemala

008 –Vaso cerámica con escena del Trono-siglo VIII Guatemala

Los recipientes de cerámica policromada maya no son solo objetos de gran belleza, sino que sus decoraciones que reflejan los mitos y la vida cortesana sirven también como documentos históricos. Una escena de tribunal de justicia se representa en este vaso, un joven señor sentado en su trono lleva un gran tocado de plumas y un collar de perlas, dos figuras masculinas de menor rango se enfrentan a él y entre ellos un vaso muy similar a esta pieza está lleno de un líquido probablemente miel o cacao.

009- Plato cerámica con Trompetero-siglo VIII México o Guatemala

009- Plato cerámica con Trompetero-siglo VIII México o Guatemala

Existen gran variedad de vasos y platos policromados mayas que están decorados con una figura central enmarcada por una banda de motivos repetidos. Esta pieza muestra un músico con un traje muy elaborado y una trompeta de madera, las numerosas representaciones de músicos y la supervivencia de muchos tipos de instrumentos musicales indica que la música jugó un papel importante en las celebraciones y ceremonias mayas. El glifo en forma de L delante de la cara del personaje es ilegible, parece haber servido solamente a un propósito simbólico o decorativo.


010 - Vaso de cerámica de doble cámara-siglo V México o Guatemala

010 - Vaso de cerámica de doble cámara-siglo V México o Guatemala

La forma cilíndrica y los pies del pedestal de este doble vaso maya podría ser el resultado de la influencia estilística de Teotihuacan, La ciudad más poderosa de Mesoamérica en el momento en que este objeto fue creado. Sin embargo la iconografía y la forma son puramente mayas. Esta pieza se encontró en una tumba las figuras que lo adornan parecen estar relacionadas con el reino sobrenatural. El jaguar que se estira entre los dos vasos gemelos fue considerado una criatura de poder sobrenatural y relacionado con el poder y la fertilidad. Las figuras que coronan las tapas son difíciles de identificar debido a la falta de información textual de la época, sin embargo la especie de ave mitológica de la izquierda parece estar referenciada en el Popol Vuh un texto maya del siglo XVI, como Vucub Caquix.


011 –Colgante de jade-siglos VI al IX México o Guatemala

011 –Colgante de jade-siglos VI al IX México o Guatemala

Los mayas tenían predilección por el jade brillante de tono verde manzana que es notablemente diferente al de color azul-verdoso preferido por los primeros pueblos olmecas. Esa pieza representa una cara con tocado.

012 -Mascara de jade-siglos X al VI BC-Olmeca- México

012 -Mascara de jade-siglos X al VI BC-Olmeca- México

Esta pieza representa una máscara de los pueblos olmecas del sur de México, una obra no posterior a la primera mitad del primer milenio antes de Cristo, de difícil tallado en una piedra de jadeíta trabajada con increíble sutileza, los carnosos labios están abiertos para revelar las encías de una persona muy joven a cada lado del labio inferior están representados los emblemas olmecas para el maíz. Para los olmecas el color verde y el maíz se asociaban con el crecimiento, la renovación y en definitiva el rejuvenecimiento después de la muerte. Es difícil determinar la función que pudiera tener en su momento ya que no posee agujeros para los ojos y la nariz, sin embargo los agujeros que presentan dan a entender que pudo ser usada como complemento del vestuario de una momia.

013 -Cetro de pedernal con figuras-siglos VII al VIII Guatemala

013 -Cetro de pedernal con figuras-siglos VII al VIII Guatemala

Los artistas mayas trabajaban hábilmente el pedernal un material muy frágil y astillable creando con él figuras imaginativas y formas geométricas. Esta pieza decorada con figuras parece ser un cetro, se supone que los mayas asociaban la producción del fuego mediante pedernal y silex al rayo, lo que daba al material un poder sobrenatural, esta pieza puede representar ese poder.

014-Pectoral de Jade Olmeca- 1000-600 aC- México -© Trustees of the British Museum

014-Pectoral de Jade Olmeca- 1000-600 aC- México- © Trustees of the British Museum

Este pectoral fue tallado por un artista olmeca y reutilizado por los mayas como lo demuestra los dos glifos mayas en el lado izquierdo. Objetos de jade de estilo olmeca se han encontrado en toda Mesoamérica hasta Costa Rica, los que se encuentran en las zonas de México, Belice, Guatemala y Honduras están decorados con motivos y formas diferentes a los que se encuentran en lo que fue el corazón del reino olmeca lo que actualmente es Veracruz y Tabasco.

015 -Colgante de oro-Mixteco AD 900-1521 De Tehuantepec-México- © Trustees of the British Museum

015 -Colgante de oro-Mixteco AD 900-1521 De Tehuantepec-México-© Trustees of the British Museum

Este colgante representa a un noble que lleva un collar y pendientes, del labio le cuelga una máscara con tres campanas suspendidas. Lleva un cetro en su mano derecha y un escudo en la izquierda. El colgante fue encontrado junto a otros tres objetos de oro, en Tehuantepec, mientras se realizaban obras de construcción en una casa privada en la década de 1870.

En Oaxaca en Monte Albán, fueron encontrados 121 objetos de oro en una tumba de un hombre acomodado. Colgantes similares a este, anillos, aretes para las orejas y labios y otros tipos de joyas, eran colocados como ofrendas en los enterramientos junto a objetos de obsidiana, jade, cristal de roca, tecali (una piedra translucida) y otros objetos de preciados materiales.

016-Colgante de oro con retrato en miniatura -AD 600-1521 Palenque-México-© Trustees of the British Museum

016-Colgante de oro con retrato en miniatura -AD 600-1521 Palenque-México-© Trustees of the British Museum

Este colgante de oro representa a un gobernante maya, fue presuntamente encontrado en Palenque por Frederick Waldeck, un viajero francés y uno de los primeros europeos en visitar la antigua ciudad a principios del siglo XIX.

La tecnología de la metalurgia se introdujo en el sur de Mesoamérica, desde Panamá y Costa Rica. La evidencia parece indicar que la tecnología, que se introdujo en la zona al final del Periodo Clásico (600-800 dC), se utilizó para crear los objetos que se ajustaba a los cánones estéticos mayas y su visión del mundo.

017- Busto de piedra de Quetzalcóatl- Azteca- AD 1325-1521-Mexico-© Trustees of the British Museum

017- Busto de piedra de Quetzalcóatl- Azteca- AD 1325-1521-Mexico-© Trustees of the British Museum

Esta escultura representa al dios azteca Quetzalcóatl. Su nombre en náhuatl, el idioma hablado por los aztecas, significa serpiente emplumada. Las serpientes de la escultura están cubiertas de plumas y el rostro del dios (o una suplantación) surge de sus orejas curvas características de las representaciones de este dios.

El culto de Quetzalcóatl fue generalizado en toda Mesoamérica, aunque es conocido por distintos nombres en diferentes períodos. Sus diversos aspectos y orígenes están lejos de haber sido aclarados, Quetzalcóatl se dice que ha sido uno de los dioses creadores de los aztecas.

018- cráneo de cristal de roca-Probablemente de Europa-siglo 19 dC-© Trustees of the British Museum

018- cráneo de cristal de roca-Probablemente de Europa-siglo 19 dC-© Trustees of the British Museum

Las grandes calaveras de cristal de cuarzo generaron gran interés y fascinación desde que comenzaron a aparecer en colecciones públicas y privadas, durante la segunda mitad del siglo XIX. Algunos de ellos se han atribuido a la labor de los antiguos aztecas, mixtecos o mayas trabajadores de la piedra en México. Otros se dice que son ejemplos de arte colonial de México, para su uso en las iglesias, tal vez como bases de crucifijos.

Los científicos del British Museum estudiaron las huellas de marcas de herramientas bien conservadas en el pulido de las superficies de este cráneo de cristal. Estas, muestran que fueron ampliamente utilizadas las ruedas de corte rotativo, desconocidas en México antes de la llegada de los españoles en 1519. Además, el análisis de inclusiones en el cristal de cuarzo indica que el gran bloque de material se obtuvo en el siglo XIX de una fuente no accesible a través de los vínculos comerciales del México antiguo, probablemente Brasil o Madagascar.

A pesar de que el cráneo de cristal se dice que procede del antiguo México, de hecho, fue adquirido poco antes de 1881 por el comerciante de antigüedades francés, Eugène Boban, cuando tuvo su sede en París. Cinco años más tarde, al no haber venta de la talla ni en París ni en la Ciudad de México, Boban vendió la calavera a la joyería Tiffany en Nueva York, de los cuales más de una década más tarde, fue adquirido por el Museo Británico.

El acceso a las galerías de imágenes es el siguiente:

The Metropolitan Museum of Art Helbrunn Timeline of Art History ENLACE

British Museum ENLACE

Saludos.
24/03/2009 22:28 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. Hay 1 comentario.

mujer, erotismo y una rosa galante / mora torres

Mujer, erotismo y una rosa galante

11 de Marzo de 2009

Nunca guardo, nunca guardé, flores que me regalan, pero ésta sí (Ikebana: el camino de las flores).  Me la dieron el domingo pasado y está a punto de secarse y de ingresar a las páginas de un libro.

En el arte del Feng Shui una premisa reza que no debemos adornar los espacios de la casa con flores, ya que están muertas y nada debe recordarnos la muerte en el sagrado ámbito del hogar -en mi juventud escribí un poema en donde comparaba unas florecitas con cabezas de niñas (El superaprendizaje)

Pero discrepo con lo de sagrado; discrepo con la premisa de olvidar a la muerte: si la tuviéramos más presente, les pondríamos a todas las cosas su justo precio.

No obstante, como dije, jamás guardó flores no sé por cuál de mis instintos; no atesoro esos “monumentos de una tarde sin duda inolvidable y ya olvidada” (Ciudades y tesoros perdidos).

Pero a esta rosa la guardé.

No me la dio ningún enamorado, ninguna amiga, ningún hijo (Trilogía del amor: el amor, el odio, los celos); me la entregaron en la calle y casi no recuerdo el rostro del que me la ofreció.

Y es más, en realidad la tengo no para recordar (La memoria) sino para no olvidar que debo decir o pensar dos o tres cosas en contra de esa flor -para develar la incógnita, me regalaron esta rosa en la calle, por el pomposo Día Internacional de la Mujer.

Y yo me opongo a la proliferación de “días de…”, y en especial de éste.

El día de la mujer y otra cuestión sagrada

Creo que la mujer no necesita “día”. Como de cualquier persona, de ella son los 365 del año, y alguno que otro más. ¡Que me cuelguen si no es discriminatorio el día!

Aunque tanto día, tanta mujer y tanta rosa despertaron en mí asociaciones.

La rosa de la que hablé es roja, pura pasión (El gen homicida y atavismos que matan).

Pensé en la mujer discriminada y en sus pasiones absolutas (La discriminación).

Pensé en las mujeres escritoras, y de entre ellas elegí a las más extremas: las antiguas mujeres cuyo tema de escritura era el erotismo.

Las admiro honestamente; debieron enfrentar muchas batallas y dejaron caer muchas máscaras.

Fueron sinceras hasta la locura; entre mil casos de éstos menciono uno: el de la uruguaya Delmira Agustini (La descripción: huérfana literaria).

Bastante poco se la recuerda hoy a Delmira, aunque su historia es fascinante vista en perspectiva, además de la gloria de su poesía llena de órganos y besos y metáforas eficaces.

Delmira vivió hasta los 28 años, si no recuerdo mal, y fue alabada por todos los poetas de su tiempo -Darío la idolatraba- y murió asesinada en un cuarto de hotel en Montevideo -búsquenla en Internet, les prometo emociones.

Las iluminadoras de la sexualidad femenina

Este subtítulo se lo robé a Alexandrian, quien dice en su Historia de la Literatura  que “la falta de testimonios acerca de la sexualidad femenina incitó a los hombres a fabricarlos. La superchería de más éxito fue Memorias de una Cantante Alemana, cuya primera parte vio la luz en 1868, ocho años después de la muerte de la cantante Wilhelmine Schroeder Devrient, que había desatado la crónica escandalosa por sus relaciones con hombres y mujeres; la segunda parte fue publicada en 1875. El autor de esas ‘memorias’ fue el propio editor, August Linz. La traduccion francesa debida a Blaise Cendrars estaba ilustrada con un retrato de Wilhelmine, estafa que no se permitió en la edicion alemana…”.

Yo tengo la teoría, en contra de Alexandrian, de que desde mucho antes hubo testimonios de la sexualidad y en especial de la sensualidad redactados por mujeres auténticas. El Libro de la Almohada, de Sei Shonagon,  por ejemplo, en los albores de la narrativa japonesa, es uno de ellos.

Pero el citado autor -Alexandrian, digo- continúa con que “La primera novelista original de la literatura erótica fue la marquesa Mannoury d’Ectot. En tiempos del Segundo Imperio en Francia vivió en una casa de campo cerca de Argentan, donde recibía a poetas y artistas. En tiempos de la III República, viuda y arruinada por gigolós sucesivos, abrió una agencia matrimonial y escribió tres novelas en las que expone las depravaciones de las grandes damas. Las Memorias Secretas de un Sastre de Damas (1880) fueron escritas dice ella misma según historias de salones y cervecerías. Por la boca de un sastre narra allí veintiséis anécdotas picantes, y revela a una marquesa que merece el mote de Marranilla y a una baronesa que tiene siete amantes y casa a sus hijas con tres de ellos”.

Indudablemente Alexandrian, además de eximio escritor surrealista y crítico literario, es “hombre”.

Envío

Les pido disculpas por la brevedad, amigos y amigas míos: estoy pasando unos días algo frenéticos. Vine a Santa Fe, “mi país”; visité, acompañé y estuve con mis hermanos y mi madre, que tiene 87 años. Rememoré melancólicamente mi infancia y juventud y hasta recorrí la casa donde transcurrí mi primera década de vida; es inútil contarles, porque ya lo imaginan, que cada escalón, cada baldosa de la casa me hablaban.

Les pido que opinen sobre “mi” rosa del día de la mujer, sobre literatura erótica masculina o femenina, o que me cuenten historias de “haber vuelto”… a un lugar encantado cuya puerta está cerrada para siempre. Besos

Mora Torres

21/03/2009 23:38 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

Réplica de Simón Royo a "Filosofía para una nieta" (de Manuel Rojo). Simón Royo- La Caverna de Platón

Comentarios a las opiniones del sr. Manuel Rojo acerca de la Filosofía.

I.

Lo primero que se aprende en la escuela la primera vez que se reciben unas clases de Historia de la Filosofía es que Platón distinguía entre ideas y opiniones, entre doxa y episteme, así como entre apariencia y realidad. El señor Rojo aporta humildemente sus opiniones, solicitando el parecer de otros al respecto, y sin embargo, en lo que sigue, procuraré responderle no ya tanto con mis opiniones, sino también con algunas ideas, no adoctrinando a nadie, sino realizando un diagnóstico de un problema, una cartografía, un mapa imperfecto que podrá servir de orientación a quien no conozca directamente y mejor que la topografía presente los caminos que ésta traza; aun a sabiendas de que ningún mapa más que el que propiamente se trace tras familiarizarse con tal arte podrá ser de utilidad.

Es un problema muy difícil y complejo el responder a la pregunta ¿qué es la filosofía? Proporcionar una respuesta teórica resulta una tarea titánica porque se trata de un asunto que se lleva discutiendo durante alrededor de dos mil quinientos años y no voy a abordarlo sino, colateralmente, en la presente ocasión. Porque si nos fijamos en su dimensión y delimitación ya no teorética sino pragmática, eso nos puede arrojar bastante luz. Al abordar el problema desde la pregunta ¿qué es filosofar?, y no ¿qué es la filosofía?, encontramos algo más que dificultades insoslayables. Esta pregunta colateral nos lleva, inmediatamente, a contestar que filosofar es aquello que hacen los filósofos, que filosofar es hacer filosofía y que filósofo es quien hace filosofía. Dimensión práctica tratada someramente por Wittgenstein y relacionada, como veremos, con la producción de conceptos o ideas: "Die Philosophie ist Keine Lehre, sondern eine Tätigkeit" (Tractatus Logico-Philosophicus 4.112). Si hacer filosofía es lo que, indudablemente, han hecho gentes como, por ejemplo: Platón[i][i], Aristóteles[ii][ii], Tomás de Aquino[iii][iii], Spinoza[iv][iv], Kant[v][v], Hegel[vi][vi], Husserl[vii][vii], Sartre[viii][viii], Wittgenstein[ix][ix] o Heidegger[x][x], por poner unos nombres de los que nadie discutiría el calificativo de "Filósofos", entonces quienes queramos "hacer filosofía", aun sin responder a la pregunta "¿qué es la filosofía?", lo que tendremos que hacer es tomar como modelos a los grandes filósofos y encaminarnos hasta llegar a hacer lo que ellos han hecho, hasta llegar a la filosofía pura y al manejo de conceptos al más alto grado de abstracción, que es el núcleo de lo que han hecho y sobre lo que gira el resto de su producción literaria. De ahí que la familiaridad con al menos un filósofo, el convertirse en especialista del mismo y, al tiempo, el hacerse su amigo tomándolo por maestro socrático, pueda ayudar a comprender cómo se hace la filosofía. Esto es, a partir de un modelo preclaro, junto a otros requisitos, podría llevarnos esa mímesis y ese empeño, con el tiempo, la disciplina y el esfuerzo, a convertirnos en filósofos nosotros mismos.

A causa de que la frontera entre la filosofía y la literatura sea a veces confusa, (pues existe la literatura filosófica: Voltaire, Séneca, Sartre en sus obras literarias, Rousseau, etc, lo que Unamuno llamaba nivolas para distinguirlo de las novelas); y de que exista algún rudimento de filosofía en la mejor literatura, pues los mitos homéricos y hesíodeos contienen ya el germen de la filosofía. Y además, como en las distintas disciplinas científicas también se aprecia la configuración de un saber racionalmente ordenado, ya en la geometría, la física o la biología, pero también en la historiografía, la filología (o incluso la música y el deporte), parece, por todo ello, que todo es filosofía y que todo homo sapiens sapiens es filósofo. Pero no debemos confundir la cuestión de la génesis de la filosofía con la cuestión de la estructura y quehacer propiamente filosóficos, aunque responder a la pregunta ¿cómo se llega a ser filósofo? tiene algo que ver con responder a la pregunta ¿cómo surgió la filosofía?

Como Platón y Aristóteles no tenían más filósofos anteriores a ellos que los presocráticos, tuvieron la suerte de no tener que estudiar demasiada historia de la filosofía. Ambos, mucho más el segundo, sin embargo, estaban familiarizados con todo el saber de su tiempo. Los griegos no padecieron hasta la época del helenismo la enfermedad histórica o vicio del eruditismo extremo, sin embargo, todos estaban familiarizados, al menos, con la poesía homérica y con las obras de teatro (épica, tragedia y comedia), lo cual les proporcionaba una sólida formación de base, unos cimientos nobles sobre los que asentar el edificio de la filosofía.

El filósofo Friedrich Nietzsche nos puede orientar en nuestra disquisición actual, pues criticó duramente a la llamada filosofía académica o universitaria[xi][xi], que no es, en sentido estricto, más que la profesión de profesor e historiógrafo de las ideas filosóficas, aunque como cualquier otra profesión o circunstancia vital que lo permitan, es una profesión plenamente compatible con la posibilidad de llegar a hacer filosofía. No hay que olvidar que, respecto a las profesiones o circunstancias vitales y materiales, los filósofos no vivían del aire sino que eran: Platón y Aristóteles (terrateniente el primero y el segundo preceptor); Epicteto (esclavo); Marco Aurelio (emperador romano); San Agustín y Santo Tomás (eclesiásticos); Spinoza (pulidor de lentes); Descartes (mercenario); Maquiavelo (secretario de la cancillería de Florencia); Leibniz (diplomático); Bacon (canciller de Inglaterra); John Locke (médico); Rousseau (copista de música); Marx (pensionado de Engels y periodista), Stuart Mill (diputado del parlamento británico y comerciante), Nietzsche (profesor y rentista con una baja permanente por enfermedad proporcionada por el Estado prusiano), etcétera, etcétera. Aunque a partir de la modernidad, la profesión de profesor universitario se haya impuesto como la más frecuente en los filósofos, Schopenhauer, Kant, Fichte, Hegel, Heidegger, Habermas, Gadamer, Derrida, Foucault, Deleuze, etcétera; que en raras ocasiones logran dedicarse exclusivamente de la investigación, estudio, reflexión y producción de pensamiento.

Como hemos visto con el ejemplo de Nietzsche, el filósofo condena al erudito y su febril detallismo historiográfico, pues la proximidad de los árboles le impiden a menudo ver el bosque, motivo por el cual Schopenhauer dijera que no le importaba morir y ser devorado por una miríada de gusanos, pero que le horrorizaba que cuando muriese una miríada de catedráticos de universidad se pusieran a roer su obra. Y desde luego que, de los aficionados no se preocupaba, pues no los consideraba capaces de hincarle el diente a su Die Welt als Wille und Vorstellung[xii][xii]. Pero si bien vemos que hay que tener cuidado con que la cercanía del árbol te impida ver el bosque, también habrá que tener cuidado también con lo contrario, con que la distancia del bosque no deje ver la fauna y la flora que lo habitan Pero el propio Nietzsche no sólo era un gran erudito en la filosofía clásica sino que se familiarizo enormemente con una serie de pensadores, con los que llegaría a dialogar y discutir: "Cuatro parejas de hombres no han rechazado mis sacrificios: Epicuro y Montaigne, Goethe y Spinoza, Platón y Rousseau, Pascal y Schopenhauer" (Nietzsche Humano demasiado humano II. Miscelánea de opiniones y sentencias, §408).

II.

Respecto a la Filosofía se puede ser autodidacta y lector procaz o tardío, erudito o/y profesional, especialista o generalista, e incluso Filósofo. En sí mismas todas esas formas de relacionarse con la filosofía nada tienen de indigno y mucho de meritorio. Un gran erudito como Werner Jaeger, escritor de la monumental Paideia, merece los más grandes respetos, elogios y agradecimientos, también el aficionado o el joven cuando se inician en la reflexión y se encaminan sinceramente hacia la filosofía, realizando entonces ejercicios que pueden compartir con los demás y que son como una antesala más de la filosofía, pero no creemos que nadie discuta que Platón, el filósofo, es más estimable que John Burnet, el gran especialista en Platón (aunque el segundo sea muy respetable también), que Hegel, el filósofo, es más estimable que Jean Hyppolite, el gran especialista en Hegel, o que Nietzsche, el filósofo, sea más estimable que Andrés Sánchez Pascual, el gran especialista en Nietzsche. Los especialistas en un autor suelen ser, además, traductores del mismo, como los citados con anterioridad, e incluso hay muchos casos en los que los trabajos de especialista y la condición de filósofo coexisten, ya que por poner un ejemplo clarísimo, el filósofo Heidegger era un especialista magnífico en el filósofo Nietzsche, aunque no lo leyera sólo como especialista sino también como pensador que dialoga con otro pensador para desarrollar su propio pensamiento. En España el filósofo Agustín García Calvo es, además o previamente, un gran erudito y filólogo, y vive de dar clases de latín en la Universidad.

Por todo lo antedicho, vemos que el interés por decantar la reflexión de estilo filosófico del lado del amateur en contraposición a la fiebre erudita del profesional parece ser siempre, tan sólo, una necesidad psicológica de quien quiere hacer filosofía y nunca ha podido poner los medios formativos necesarios para su ejercicio. Pero en tales casos un estudio sistemático de alguno de los autores que les interesan a los aficionados o amateurs no estaría nada mal, para orientarse en el pensamiento y poder darse cuenta de que no todo es relacionable con todo, que Russell y Hesse apenas en ciertos aspectos políticos se podrían conjuntar, mientras que el autor de: ¿Por qué no soy cristiano?, no puede ser más que enemigo y antagonista, en la guerra (pólemos) no sangrienta pero también decisiva de las ideas, respecto del autor de Siddharta.

Célebre autodidácta es, por ejemplo, el lucidísimo Rafael Sánchez Ferlosio, eso si entendemos por autodidácta quien nunca ha cursado unos estudios oficiales ni obtenido unos títulos académicos, pero el caso que mentamos no es en absoluto el de alguien que no haya pasado por la disciplina de la sistematicidad, erudición, rigor kantiano, de un modo mucho más firme que muchos académicos, simplemente lo ha pasado por su cuenta, transitando por otras vías los mismos caminos y adquiriendo por otros medios las mismas aptitudes y capacidades. Luego el señor mayor que nos interpela con su escritura tiene razón en que no es absolutamente imprescindible el paso por unos cursos y titulaciones, pero carece de ella cuando minusvalora o desprecia lo que unos estudios en regla pueden aportar, no mostrándose dispuesto a adquirirlo por otros medios, o lo que es peor, pensando que eso no tiene importancia. O que cualquiera que tenga mucho corazón y se ponga frente a un libro será capaz de entenderlo y cualquiera que se ponga frente a una página en blanco será capaz de escribir. Hace falta como mínimo estar alfabetizado para poder leer y escribir, pero mucho más que estar alfabetizado para poder leer y escribir filosofía. No es lo mismo leer el Marca que leer a Aristóteles y la diferencia entre ambos lectores estriba en que no todo lector del Marca puede entender a Aristóteles, mientras que todo lector de Aristóteles, no tendrá ninguna dificultad en entender el Marca. En fin, ¡qué gran ocasión nos brinda el sr.Rojo para el debate y la reflexión! (al menos en eso le tendremos que estar agradecidos).

Respecto al texto que nos brinda Manuel Rojo el problema es que no ejemplifica lo que critica, como hace un texto de Séneca, aquél en el que el sabio estoico criticaba la erudición, pero demostrando dominarla y hallarse, por así decirlo, por encima de ella[xiii][xiii], (como hiciera Nietzsche en su juventud al criticar a los filólogos); pero el sr. Rojo no está por encima de lo que condena y su filosofía es mundana sin sobrepasar ni superar a la académica, con lo cual su crítica no viene desde arriba sino desde abajo y carece de fuerza, aunque tenga motivación e ilusión.

M.Rojo dice que es aficionado a la filosofía como lo es a la Astronomía. Distingue entre aficionados y profesionales, pero no establece mayores distinciones. Aficionado a la astronomía soy yo, profesional, quien trabaja en el observatorio de Tenerife, pero astrónomo, astrónomo sólo lo son gentes como Copernico, Kepler y Galileo. Yo también soy aficionado a la astronomía, de pequeño me compré una carta celeste y un pequeño telescopio porque quería ser astrónomo, pero luego descubrí que para ser astrónomo había que aprender muchas matemáticas y, con el absurdo modelo de ciencias o letras (en lugar de ambas) me decanté finalmente por las humanidades, donde acabé aprendiendo que si para ser astrónomo hacen falta las matemáticas para ser filósofo hacen falta también algunas cosas especializadas, aunque no lo parezca, como conocimientos en ciertas lenguas, familiaridad con la historia de la filosofía, corrientes, autores y doctrinas, así como un largo ejercicio de las reglas del razonamiento lógico. A quien no haya tenido tiempo hasta el momento de adquirir tales medios sólo puede recomendársele que sin tardanza los adquiera, bien mediante unos estudios reglados, bien mediante otras vías más personalizadas, pero no podremos alentar el que se los desprecie por no poseerlos.

En mi caso particular, respecto a lo de convertirme en filósofo, sólo puedo decir que sigo en ello (que mis estudios y escritos son ejercicios encaminados a convertirme en Filósofo) pero que, con todo ello, se puede convertir uno en un erudito, no en un filósofo; siendo cierto que precisamente eso mismo necesario para llegar a hacer filosofía puede llegar a ser lo que más la entorpezca, pero siendo igualmente cierto también, que sin ello, sin pasar por ello e intentar ir más allá de ello, no hay filosofía que valga.

La visión del señor Rojo de la Filosofía es muy frecuente y está muy extendida y por eso es muy digna de atención. Da la pauta de un sentir general, en la línea de El Mundo de Sofía, aunque quedarse allí y no ir más allá no me motiva mucho, por más que pueda llegar a entender, si me esfuerzo un poco, su relevancia social y cultural como medio de divulgación.

Esa visión es un signo, no obstante lo antedicho, de la lectura y el estudio encaminado a justificar nuestros propios prejuicios (creemos verdadero lo que nos place y falso lo que nos duele), en lugar de la lectura y el estudio encaminados a arrancar de raíz nuestros prejuicios. Spinoza insta a pensar sin dejarse influir por las pasiones, y lo cree posible; Nietzsche, sin embargo, considerará eso imposible y nos advertirá contra el embrujo hedonista del conocimiento, instándonos a buscar las verdades duras, dolorosas, como prueba de que no sea el placer el que nos influya en el asentimiento. Pero no basta sentir dolor (o placer) leyendo un libro de filosofía para ser filósofo, filosofar no es sentir, tampoco el sólo razonar (algo más amplio y que es propio de todos los seres racionales). Luego algo distinto a sentir y razonar ha de ser el filosofar.

El título de la Carta: "Filosofía para una Nieta", es muy bonito, pero es el de aquel que se considera Filósofo (sin seguramente ser capaz de dar la referencia de las citas que pone, ni distinguir entre conceptos como los de sentir, razonar, filosofar: no es lo mismo comprender a Séneca que disfrutar leyendo a Séneca, (y no es lo mismo leerlo en español que leerlo en latín) pues muchas personas disfrutan leyendo la Biblia pero ¿la comprenden?), la Carta habría mejor que titularse: "Carta a una Nieta sobre la Filosofía", lo cual no daría lugar al equívoco de una concepción tan laxa de lo que es la filosofía y lo que es filosofar.

Lo que Voltaire dijese de Platón siempre será irónico, como en su cuento Le songe de Platon, pero en la cita que se nos propone en la Carta da la impresión errónea de que Voltaire estaría de acuerdo con la inmortalidad del alma, cosa falsa, luego el abuelo engaña a la nieta si es que llega a sugerir tales cosas. Respecto a algunas recomendaciones a la Nieta, también dejan mucho que desear, al menos pedagógicamente, como la de que: "Tú tienes que estar siempre satisfecha de ti. Si no es así es que no actúas de acuerdo con tus deseos, y eso no debes hacerlo jamás". (Con razón luego en clase no se les puede enseñar nada, pues es "contra sus deseos"). Y que conste que ya no trabajo como profesor, sino como vigilante nocturno (mi profesión, de lo que me alimento y pago el alquiler) y que poca gente hay tan crítica como yo con las instituciones de enseñanza secundarias o terciarias[xiv][xiv]. Sin embargo, siempre he estado en contacto con esas instituciones y con quienes las frecuentan. ¿Por qué? Pues porque pese a todos sus defectos es en esas instituciones donde se puede encontrar a otros ciudadanos con los mismos intereses que los tocados por el afán de la reflexión. Porque pese a la corrupción de la universidad o la locura de la secundaria, en la primera se pueden llegar a adquirir unos conocimientos propedéuticos indispensables para la filosofía y en la segunda se puede llegar a enseñar el amor a una disciplina pese a lo aburrido y pesado que pueda ser el absorber sus rudimentos.

Si Fidias es escultor y arquitecto y no albañil, Séneca es filósofo y no charlatán y Galileo es astrónomo y no contable, ya sabemos de algún modo lo que sería ser escultor, filósofo o astrónomo, sería ser como Fídias, como Séneca o como Galileo. Luego estoy de acuerdo con el sr. Rojo en que "la capacidad de expresar la belleza y la verdad son solo el privilegio de algunos", aunque bien pudiera ser el privilegio de muchos, o no ser siquiera un privilegio, sino un derecho y una necesidad social, explicación a mi juicio de lo que se ha llamado el milagro griego y que no tiene nada de milagroso, pues depende tan sólo del ocio, renta y formación con que cuenten los ciudadanos[xv][xv].

En lugar de la metafora griega de "ver" para conocer, el sr. Rojo emplea la semítica de "oir, escuchar", otorgando a su texto un aire más mesiánico que filosófico. Tras lo que sigue la minusvaloración propia: "Los demás no somos capaces de captar tanta grandiosidad como no sea a través de sus palabras". ¿Y entonces? ¿Para qué leer a Séneca si no es para convertirse en un Séneca? ¿Las palabras del sr. Rojo son incapaces? ¿Es falsa modestia? ¿A través de las suyas, qué pretende?.

Ahora sí que ejemplifica lo que critica, pues así como Séneca ejemplificaba la virtud de la erudición al tiempo que la criticaba al haber llegado más allá, el señor Rojo ejemplifica el vicio del doctrinarismo al tiempo que condena todo adoctrinamiento.

En su texto, como en toda aquella parte del estoicismo que alimentó al cristianismo, alienta la soteriología y el mesianismo salvífico. Pero su texto, pese a emular en el plano formal (Carta dirigida al lector) la escritura del príncipe del estoicismo, finalmente no está muy lejos del Más Platón y menos Prozack o de los manuales de autoayuda.

Al final nos encontramos realizando una réplica al Sr. Rojo, cuyo único delito parece ser el de haber realizado una bonita carta para su pequeña nieta y hacer gala de una bondad que carece de espinas (Nieta que espero que se trate de alguien de ocho o diez años y no de dieciocho, porque si le habla en ese tono y le explica de esa manera a alguien de 18, el infantilismo crónico que puede provocar es de espanto). Pero la réplica nos viene exigida por su noción de Filosofía, su crítica al profesional y la pretensión contradictoria de emular a Séneca en forma y contenido (logrando la fácil forma pero no alcanzando el difícil contenido) mientras se mantiene, al mismo tiempo, que emular a Séneca no es posible, pues ya lo ha dicho todo. ¡No señor! Séneca no lo ha dicho todo, sus textos, como los de Voltaire y tantos otros son sin duda magníficos, pero nadie lo ha dicho ya todo y, es más, todos los textos son discutibles y criticables, al menos en alguna de sus partes. El seguir ciega y absolutamente a un autor u otro no es propio de quien reflexiona sino de quien se deja manipular, como el religioso, como quien necesita sacerdotes, directores espirituales, adoctrinadores. El buen brahmín podría enseñar a la vieja ignorante a dudar, pero para esa enseñanza no habría estado nada mal que le hiciese aprenderse lo de la duda metódica cartesiana o el significado de la palabra griega epoché en el escepticismo. Distinguimos por tanto, aquí, entre aficionado a la filosofía, profesional de la historia de la filosofía y filósofo. Pues ya decía Heráclito que: "Una gran erudición (polimathes) no enseña (didasko) la inteligencia (nous)" (22DK40). Pero como no todo está dicho allí, en el fragmento citado de Heráclito, habría que añadir: no, no la enseña, pero puede ayudar a desarrollarla. ¿O acaso se desarrolla por ciencia infusa o aparición del espíritu santo?

Finalmente, respecto a este apartado, recomendar a todo aficionado que se especialice en cierta medida y se interdisciplinarice en lo posible, al menos lo suficiente como para poder subir la escalera que lleva del aficionado, pasando por el especialista polivalente, hasta llegar al maestro ya filósofo. Pues hay inevitable y generalmente que pasar del filo-sophos al mathematicus y de éste, al sophos. Aunque puedan haber excepciones de forma extraordinaria.

III.

Tonio Kröger, el escritor trasunto del propio Thomas Mann y reflejo biográfico de todo auténtico pensador, nos explica muy bien el problema cuyo diagnóstico intentamos aquí pronosticar. El artista, el creador, el filósofo, lo es en la medida en que su vida está primordialmente orientada hacia el arte, la creación y la filosofía. Su anomalía, su locura[xvi][xvi] le sitúa en una espantosa soledad, en un aislamiento insoportable que rompe cuando se integra entre las personas, en la normalidad, porque ¡también él es una persona!, aunque haya llegado a ser algo más terrible y extraño, un engendro al que ya no se le puede denominar persona. El filósofo se ha esforzado por quitarse las máscaras y lo ha logrado en mayor medida que los oi polloi, y, sobre todo, se ha quitado esa máscara de los muchos, si bien a veces descansa, al ponérsela, de la tensión de afrontar el viento con su cara desnuda. No se puede ser artista, creador o filósofo los fines de semana. No es un pasatiempo ni una cuestión al alcance inmediato de la mano. El sentimiento de las personas lleva, en el mejor de los casos, a la empalagosa, inoportuna y trivial filosofía, propia del aficionado: "Nosotros los artistas no desdeñamos a nadie tanto como al aficionado, al ser viviente que cree que por encima de todo puede llegar a ser ocasionalmente un artista. Le aseguro, Lisaveta, que esta clase de desdén corresponde a mi temperamento más íntimo. Me encuentro en una sociedad de gentes de buena familia; comemos, bebemos y conversamos; reina la máxima compenetración y me siento muy contento de poder pasar inadvertido durante un rato en medio de un grupo de personas sin importancia y completamente «normales» como si fuese uno de los suyos. De repente (esto ya me ha ocurrido más de una vez) se levanta un oficial del Ejército, un teniente, por ejemplo, un muchacho guapo y apuesto, al que nadie hubiera sospechado nunca capaz con su uniforme de proceder sin serenidad, y con palabras humildes solicita permiso para leernos unos cuantos versos que ha compuesto (…). Su trabajo trata de música y de amor; en una palabra, unas líneas tan profundamente sentidas cuanto desprovistas de interés (…). Lo primero que impresiona mi conciencia es sentirme partícipe en la responsabilidad que a todos nos atañe, por la perturbación que aquel joven poco reflexivo ha provocado en la reunión, y ¡qué duda cabe!, también en mí, puesto que ha osado tocar mi oficio con sus manos de chapucero para mejor atormentarme. Y lo segundo, que aquel hombre, ante cuya personalidad y ante cuya existencia yo sentía momentos antes el más profundo respeto, se hunde de repente ante mis ojos, se rebaja y se envilece. Me invade entonces cierta benevolencia compasiva. Me acerco a él, tal como lo hacen otros caballeros de buen corazón y harto complacientes, y le dirijo la palabra. <Le felicito -me oigo decir-, señor teniente… ¡Qué gran talento! Realmente ha sido maravilloso…>. Y falta muy poco para que le dé unos golpecitos en el hombro (…). ¡Su culpa! Allí estaba (…) el error de suponer que está permitido coger una hojita, una sola hojita, del laurel del arte sin pagar por ella con toda su vida" (Thomas Mann Tonio Kröger. Editorial Plaza & Janés. Barcelona 1984, cap.IV,  pp.174-176).

Pero consagrar la vida entera al estudio no es, sin más, equivalente a consagrar la vida a la filosofía: "Un gran erudito y una gran cabeza vacía -son cosas que más fácilmente pueden encontrarse bajo un mismo sombrero" (Friedrich Nietzsche De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida. Cap.6). ¡Hace falta algo más que técnica! Lo cual puede constatarse muy claramente en el mundo de la música. Hay entre los músicos muy buenos ejecutantes, personas que dominan, por ejemplo, la técnica de tocar el piano al máximo nivel. Pero no son más que ejecutantes y de entre ellos, destaca un Horowitz, porque además de dominar también la técnica a la perfección tiene algo más, algo propio y de lo que carecen los otros, tiene estilo. La construcción del estilo es lo más difícil y surge siempre tras el dominio de la técnica, nunca antes. El gran estilo es lo propio de los creadores, artístas y filósofos, valgan aquí las redundancias. No vale nada el pintor que realiza arte abstracto por su incapacidad y falta de dominio del arte figurativo sino aquel que dominando a la perfección el arte figurativo experimenta las imposibilidades y limitaciones que tal medio de expresión conlleva, volcándose entonces sobre la transgresión de tales impedimentos y abriendo nuevos caminos. Por eso, en la filosofía igualmente, para pensar en filosofía contemporánea es imprescindible haber pasado por la filosofía clásica, no siendo el que quiere estar a la última y no lee ningún libro que no se acabe de publicar sino el seguidor de una moda.

El erudito, el profesor, el doctor, el hombre cultivado o docto, es a menudo un hombre que parece sabio sin serlo, es un fraude y en realidad, un ser mediocre: "El docto tiene también, como es obvio, las enfermedades y defectos de una especie no aristocrática" (Nietzsche Más allá del bien y del mal, §206). ¿No es esquizoide la duplicidad filósofo y funcionario? ¡Si, claro que lo es! Como esquizoides son la mayoría de las circunstancias vitales de la sociedad moderna respecto a la realización de cualquier tarea artística o filosófica. La duplicidad trabajo asalariado vs. trabajo libre nos atrapa hoy a todos, estamos divididos, pero unas duplicidades pueden ser menos onerosas que otras, siendo la consecución del verdadero ocio, de las tres cuartas partes de la jornada para el trabajo activo, libre y en ningún modo perezoso, de la creación, una necesidad para poder llevar a cabo cualquier pensamiento que se pueda ganar tal nombre, más allá de la opinión. Se me dirá que no se ha tenido tiempo pero responderemos con Séneca que no vive más quien vive más largamente o con Epicuro que nunca es pronto ni tarde para hacerse con la filosofía. Pero cuidado con esas hojitas del arte de las que hablaba Kröger: "Mucho se ha conseguido cuando a la gran masa (a los superficiales, a los intestinos veloces de toda especie) se le ha infundido por fin el sentimiento de que a ella no le es lícito tocar todo; de que hay vivencias sagradas ante las cuales tiene que quitarse los zapatos y mantener alejada su sucia mano. A la inversa, respecto a los denominados hombres cultos, en los creyentes de las «ideas modernas», acaso ninguna otra cosa produzca tanta náusea como su falta de pudor, su cómoda insolencia de ojo y de mano, con la que tocan, lamen, palpan todo". (Nietzsche Más allá del bien y del mal, §263). El atrevimiento es necesario pero sin olvidar el pudor y la humildad. No ha de llevar la última al menosprecio ni el primero a la vanidad, sino que con respeto y arrojo al mismo tiempo hay que caminar sin descanso por las escarpadas sendas que conducen a la filosofía.

 

 

Autor:

Simón Royo

siroyo[arroba]rocketmail.com


[i][i] Eminentemente en diálogos como La República; El Sofista; El Parménides; Las Leyes….

[ii][ii] Eminentemente en obras como su Metafísica; el De anima; la ética a Nicómaco….

[iii][iii] Eminentemente en la Summa Theologica

[iv][iv] Eminentemente en su Ethica demostrata more geometrico

[v][v] Eminentemente en sus tres críticas, destacando su Crítica de la razón pura

[vi][vi] Eminentemente en su Fenomenología del Espíritu; en la Ciencia de la Lógica; en su Lógica y en la Enciclopedia

[vii][vii] Eminentemente en sus Investigaciones Lógicas

[viii][viii] Eminentemente en su El Ser y la Nada, y en su Crítica de la razón dialéctica

[ix][ix] Eminentemente en el Tractatus y en las Investigaciones filosóficas

[x][x] Eminentemente en su obra Ser y Tiempo

[xi][xi] Cfr. Friedrich Nietzsche Nachgelassene Fragmente, 1873, 29 [56].

[xii][xii] Libro clásico del que sin embargo no contamos en español con una traducción aceptable.

[xiii][xiii] Séneca Sobre la brevedad de la vida 13.1-7 (y cfr. ss) Trad. Diálogos. Editora Nacional: "13.1. Es largo enumerar uno por uno a aquellos cuya vida consumió el juego de los latrunculi, la pelota o el afán por tostar su cuerpo al sol. No son ociosos aquellos cuyos placeres suponen mucho trabajo. En efecto, nadie duda de que estén atareadísimos aquellos que se entregan al estudio inútil de las letras; éstos son ya ejército nutrido también entre los romanos. 2. Propia de los griegos fue esta enfermedad: investigar qué número de remeros tenía Ulises, si se escribió antes la Ilíada o la Odisea, y además si son del mismo autor; en fin, otras cosas de ese mismo tipo que, en caso de que se guarden para uno mismo, de nada sirven a un conocimiento interior, en caso de que las manifiestes, no pareces más sabio, sino más impertinente. 3. He aquí que también ha invadido a los romanos el afán por aprender cosas superfluas (*).

Estos días he oído a una persona que contaba qué cosas había hecho por primera vez cada uno de los generales romanos: Duilio (**) el primero venció en una batalla naval, Curio Dentato el primero introdujo elefantes en una celebración de triunfo. y todavía estas cosas, aunque no tienden a una gloria verdadera, por lo menos, tratan de ejemplos de cuestiones cívicas. Una ciencia así no va a servir de nada, pero es tal que nos atrae con la vana apariencia de los hechos. 4. Por eso, dejemos en paz también a los que investigan quién convenció por primera vez a los romanos de que subieran a una nave (fue Claudio, llamado Caudex por la siguiente razón, porque la unión de varias tablas antiguamente se llamaba caudex, de ahí que las tablillas oficiales se llaman codices; ahora incluso, las naves que transportan mercancias por el Tíber se llaman codicarae) (***); 5. aceptemos que también esto es importante: que Valerio Corvino sometió el primero Mesana y el primero de la familia de los Valerios fue llamado Mesana por adoptar para él el nombre de la ciudad tomada y, poco a poco, al cambiar las letras el vulgo, se le dijo Mesala. 6. ¿acaso también permitirás a alguien que se preocupe de que L. Sila, el primero, ofreció en el circo leones sin atar (siendo así que en otros lugares se ofrecían atados) y que fueron enviados por el rey Boco flecheros para acabar con ellos?. Dejemos también pasar esto, ¿acaso también va a servir de algo bueno que Pompeyo, el primero, ofreciese en espectáculo en el circo la lucha de dieciocho elefantes contra hombres inocentes, siguiendo la costumbre de las batallas?. El hombre más destacado de la ciudad, y entre los más destacados de la Antigüedad, según cuenta la fama, consideró un tipo de espectáculo destinado a recordar su enorme bondad el acabar con los hombres por un sistema nuevo. ¿Luchan hasta el final? Es poco; ¿se desgarran? Es poco. Que sean aplastados bajo el inmenso cuerpo de los animales. 7. Mejor sería dar esto al olvido, para que ningún hombre poderoso aprendiera después y sintiera envidia ante acción tan poco humana. ¡Qué bruma arroja sobre nuestras inteligencias una gran felicidad! El creyó que estaba por encima de la naturaleza cuando podía arrojar montones de desdichados a fieras nacidas en otros lugares, cuando podía provocar una guerra entre animales tan distintos, cuando podía derramar abundante sangre en presencia del pueblo romano, él, que iba a obligar a derramar luego más. En cambio, él mismo, engañado después por la perfidia alejandrina se ofreció al último de los esclavos para que lo traspasara, dándose cuenta, al fin entonces de la estúpida jactancia de su nombre (****)".

NOTAS DE LA NOTA:

(*) A partir de aquí, con el pretexto de ejemplificar la vaciedad de algunos conocimientos, Séneca hace un verdadero alarde de poseerlos. Que tal pasión por dominar cuestiones futiles estaba de moda, nos lo confirma Suetonio refiriéndose a Tiberio (Tib. 70,3); también hablan de ello Juvenal (7,232 y ss.) Y Aulo Gelio (XIV 6). En este último un capítulo entero está dedicado a ejemplificar esa manía en un personaje concreto, amigo suyo. Al hablar de "si se escribió antes la Ilíada o la Odisea, y además si son del mismo autor" se está enunciando el tema denominado La cuestión homérica, que desde la antigüedad venía debatiéndose. En el siglo XIX surgirían las dos posturas aún vigentes respecto al problema, la de los analíticos y los unitarios, defendiendo el joven Nietzsche la segunda, en su disertación inaugural como catedrático de Basilea, desde unos postulados románticos y al estar contra la erudición (filológica e historiográfica); pero precisamente, al igual que Séneca, estando en contra de la erudición por haberla rebasado con mucho, y ejemplificando poseerla en cada momento de criticarla, (lo que se refleja también en la segunda de sus Consideraciones Intempestivas). Sobre la "cuestión homérica" cfr. Web Ideasapiens: Las fuentes escritas de Grecia.

http://www.ideasapiens.com/antropologia/fuentesescritas_%20degrecia.htm

(Diciembre de 2001).

(**) Cesón Duilio Nepote fue efectivamente el primer general romano que venció en una batalla naval (Mylae) a loscartagineses, en el año 260 a. C. La columna rostral, llamada de Duilio, nos da cuenta precisamente de esa batalla (CIL 1225). Cicerón lo cita (Orator 153) a propósito de la transición fonética Duellium > Bellium.

(***) Apio Claudio Caudice (cónsul 264 a. C.), hijo de Apio Claudio el Ciego. Venció a Hierón II ya los cartagineses en los inicios de la primera guerra pÚnica. La intervención tuvo como pretexto el acudir en ayuda de los mercenarios mamertinos que estaban bloqueados en Mesina por cartagineses y griegos, estos últimos al mando de Hierón II, rey de Siracusa. Suetonio (Tib. 2,1) lo cita como el primero que cruzó el estrecho con una flota y expulsó a los cartagineses de Sicilia.

(****) Magno.

[xiv][xiv] Educación contra mercado: La filosofía y la formación política de la ciudadanía. http://www.filosofia.net/materiales/num/num11/num11s1.htm

[xv][xv] GLOBALIZACIÓN. Revista Web Mensual de Economía, Sociedad y Cultura http://www.rcci.net/globalizacion/index.htm

FEBRERO DE 2001: Comunidades de hombres frente a sociedades de mercancías: http://www.rcci.net/globalizacion/2001/fg160.htm

[xvi][xvi] Platón Fedro 245a: "El tercer grado de locura y de posesión viene de las Musas, cuando se hacen con un alma tierna e implacable, despertándola y alentándola hacia cantos y toda clase de poesía, que al ensalzar mil hechos de los antiguos, educa a los que han de venir. Aquel, pues, que sin la locura de las Musas acude a las puertas de la poesía, persuadido de que, como por arte, va a hacerse un verdadero poeta, lo será imperfecto, y la obra que sea capaz de crear, estando en su sano juicio, quedará eclipsada por la de los inspirados y posesos".

 

21/03/2009 23:34 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

féretro

féretro

Proviene del vocablo latino pheretrum, derivado del griego pheretron. Ambas palabras procedían del verbo griego pherein, y servían para designar cualquier aparato que fuera usado para transportar personas o imágenes religiosas, tales como camillas, andas, literas o, incluso, el ataúd o caja en que se transporta un cadáver.

Al llegar al castellano, el vocablo adoptó la forma féretro, además de limitar su significado al cajón en que se transportan los cadáveres, como vemos en este texto de 1507 de Antonio Pigafetta en Primer viaje alrededor del mundo (1507):

En primer término, todas las mujeres principales del lugar acuden a casa del difunto; en medio de ella aparece en su féretro el tal, bajo una especie de entrecruzado de cuerdas en el que enredaran un sinfín de ramas de árboles.

Por Ricardo Soca

http://www.elcastellano.org/palabra.php

14/03/2009 13:36 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

you needed me 7 canción

YOU NEEDED ME

 
 
 
 

I cried a tear,

Yo llore una lágrima,  

you wiped it dry.

Tu la secaste, 

I was confused,

Yo estaba confundido, 

you cleared my mind.

Tu esclareciste mi mente. 

I sold my soul,

Yo vendí mi alma,  

you bought it back for me.

Tu la compraste de vuelta para mi.  

And held me up

Y me levantaste, 

and gave me dignity.

Y me diste dignidad. 

Somehow you needed me.

De alguna manera Tu me necesitabas.

 
 
 
 

You gave me strength

Tu me diste fuerza, 

to stand alone again.

para ponerme de pie.  

To face the world

Para encarar el mundo,  

out on my own again.

de frente otra vez.  

You put me high

Tu me colocaste en lo alto,  

upon a pedestal.

sobre un pedestal.  

So high that I could almost see eternity.

Tan alto que casi pude ver la eternidad.  

You needed me,

Tu me necesitabas,  

you needed me.

Tu me necesitabas.

 
 
 
 

And I can't believe it's you.. I can't believe it's true.

Yo no puedo creer que seas Tu. No puedo creer que sea verdad.  

I needed you

Yo necesitaba de Ti. 

and you were there.

Y Tu estabas allí.  

And I'll never leave; why should I leave? I'd be a fool.

Y Yo jamás partiré; por que me iría? Seria un tonto.  

'cause I finally found someone who really cares.

porque finalmente encontré alguien que realmente importa.

 
 
 
 

You held my hand

Tu sostuviste mi mano, 

when it was cold.

cuando estaba fría.  

When I was lost,

Cuando Yo estaba perdido,  

you took me home.

Tu me llevaste a casa. 

You gave me hope

Tu me diste esperanza  

when I was at the end.

cuando estaba perdido 

And turned my lies

Y transformaste mis mentiras  

You even called me friend.

Tu hasta me llamaste Amigo.  

back into truth again.

en verdades otra vez.

 
 
 
 

You gave me strength

Tu me diste fuerza  

to stand alone again.

para ponerme de pie.  

To face the world

Para encarar el mundo  

out on my own again.

de frente otra vez.  

You put me high

Tu me colocaste en lo alto  

upon a pedestal.

sobre un pedestal.  

So high that I could almost see eternity.

Tan alto que casi pude ver la eternidad.  

You needed me,

Tu me necesitabas,  

you needed me.

Tu me necesitabas.

 
 
enviada por colaboraci{on de Ambar Herrera

14/03/2009 13:08 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. Hay 2 comentarios.

cuento / wakefield

Wakefield
[Cuento. Texto completo]

Nathaniel Hawthorne

Recuerdo haber leído en alguna revista o periódico viejo la historia, relatada como verdadera, de un hombre -llamémoslo Wakefield- que abandonó a su mujer durante un largo tiempo. El hecho, expuesto así en abstracto, no es muy infrecuente, ni tampoco -sin una adecuada discriminación de las circunstancias- debe ser censurado por díscolo o absurdo. Sea como fuere, este, aunque lejos de ser el más grave, es tal vez el caso más extraño de delincuencia marital de que haya noticia. Y es, además, la más notable extravagancia de las que puedan encontrarse en la lista completa de las rarezas de los hombres. La pareja en cuestión vivía en Londres. El marido, bajo el pretexto de un viaje, dejó su casa, alquiló habitaciones en la calle siguiente y allí, sin que supieran de él la esposa o los amigos y sin que hubiera ni sombra de razón para semejante autodestierro, vivió durante más de veinte años. En el transcurso de este tiempo todos los días contempló la casa y con frecuencia atisbó a la desamparada esposa. Y después de tan largo paréntesis en su felicidad matrimonial cuando su muerte era dada ya por cierta, su herencia había sido repartida y su nombre borrado de todas las memorias; cuando hacía tantísimo tiempo que su mujer se había resignado a una viudez otoñal -una noche él entró tranquilamente por la puerta, como si hubiera estado afuera sólo durante el día, y fue un amante esposo hasta la muerte.

Este resumen es todo lo que recuerdo. Pero pienso que el incidente, aunque manifiesta una absoluta originalidad sin precedentes y es probable que jamás se repita, es de esos que despiertan las simpatías del género humano. Cada uno de nosotros sabe que, por su propia cuenta, no cometería semejante locura; y, sin embargo, intuye que cualquier otro podría hacerlo. En mis meditaciones, por lo menos, este caso aparece insistentemente, asombrándome siempre y siempre acompañado por la sensación de que la historia tiene que ser verídica y por una idea general sobre el carácter de su héroe. Cuando quiera que un tema afecta la mente de modo tan forzoso, vale la pena destinar algún tiempo para pensar en él. A este respecto, el lector que así lo quiera puede entregarse a sus propias meditaciones. Mas si prefiere divagar en mi compañía a lo largo de estos veinte años del capricho de Wakefield, le doy la bienvenida, confiando en que habrá un sentido latente y una moraleja, así no logremos descubrirlos, trazados pulcramente y condensados en la frase final. El pensamiento posee siempre su eficacia; y todo incidente llamativo, su enseñanza.

¿Qué clase de hombre era Wakefield? Somos libres de formarnos nuestra propia idea y darle su apellido. En ese entonces se encontraba en el meridiano de la vida. Sus sentimientos conyugales, nunca violentos, se habían ido serenando hasta tomar la forma de un cariño tranquilo y consuetudinario. De todos los maridos, es posible que fuera el más constante, pues una especie de pereza mantenía en reposo a su corazón dondequiera que lo hubiera asentado. Era intelectual, pero no en forma activa. Su mente se perdía en largas y ociosas especulaciones que carecían de propósito o del vigor necesario para alcanzarlo. Sus pensamientos rara vez poseían suficientes ímpetus como para plasmarse en palabras. La imaginación, en el sentido correcto del vocablo, no figuraba entre las dotes de Wakefield. Dueño de un corazón frío, pero no depravado o errabundo, y de una mente jamás afectada por la calentura de ideas turbulentas ni aturdida por la originalidad, ¿quién se hubiera imaginado que nuestro amigo habría de ganarse un lugar prominente entre los autores de proezas excéntricas? Si se hubiera preguntado a sus conocidos cuál era el hombre que con seguridad no haría hoy nada digno de recordarse mañana, habrían pensado en Wakefield. Únicamente su esposa del alma podría haber titubeado. Ella, sin haber analizado su carácter, era medio consciente de la existencia de un pasivo egoísmo, anquilosado en su mente inactiva; de una suerte de vanidad, su más incómodo atributo; de cierta tendencia a la astucia, la cual rara vez había producido efectos más positivos que el mantenimiento de secretos triviales que ni valía la pena confesar; y, finalmente, de lo que ella llamaba "algo raro" en el buen hombre. Esta última cualidad es indefinible y puede que no exista.

Ahora imaginémonos a Wakefield despidiéndose de su mujer. Cae el crepúsculo en un día de octubre. Componen su equipaje un sobretodo deslustrado, un sombrero cubierto con un hule, botas altas, un paraguas en una mano y un maletín en la otra. Le ha comunicado a la señora de Wakefield que debe partir en el coche nocturno para el campo. De buena gana ella le preguntaría por la duración y objetivo del viaje, por la fecha probable del regreso, pero, dándole gusto a su inofensivo amor por el misterio, se limita a interrogarlo con la mirada. Él le dice que de ningún modo lo espere en el coche de vuelta y que no se alarme si tarda tres o cuatro días, pero que en todo caso cuente con él para la cena el viernes por la noche. El propio Wakefield, tengámoslo presente, no sospecha lo que se viene. Le ofrece ambas manos. Ella tiende las suyas y recibe el beso de partida a la manera rutinaria de un matrimonio de diez años. Y parte el señor Wakefield, en plena edad madura, casi resuelto a confundir a su mujer mediante una semana completa de ausencia. Cierra la puerta. Pero ella advierte que la entreabre de nuevo y percibe la cara del marido sonriendo a través de la abertura antes de esfumarse en un instante. De momento no le presta atención a este detalle. Pero, tiempo después, cuando lleva más años de viuda que de esposa, aquella sonrisa vuelve una y otra vez, y flota en todos sus recuerdos del semblante de Wakefield. En sus copiosas cavilaciones incorpora la sonrisa original en una multitud de fantasías que la hacen extraña y horrible. Por ejemplo, si se lo imagina en un ataúd, aquel gesto de despedida aparece helado en sus facciones; o si lo sueña en el cielo, su alma bendita ostenta una sonrisa serena y astuta. Empero, gracias a ella, cuando todo el mundo se ha resignado a darlo ya por muerto, ella a veces duda que de veras sea viuda.

Pero quien nos incumbe es su marido. Tenemos que correr tras él por las calles, antes de que pierda la individualidad y se confunda en la gran masa de la vida londinense. En vano lo buscaríamos allí. Por tanto, sigámoslo pisando sus talones hasta que, después de dar algunas vueltas y rodeos superfluos, lo tengamos cómodamente instalado al pie de la chimenea en un pequeño alojamiento alquilado de antemano. Nuestro hombre se encuentra en la calle vecina y al final de su viaje. Difícilmente puede agradecerle a la buena suerte el haber llegado allí sin ser visto. Recuerda que en algún momento la muchedumbre lo detuvo precisamente bajo la luz de un farol encendido; que una vez sintió pasos que parecían seguir los suyos, claramente distinguibles entre el multitudinario pisoteo que lo rodeaba; y que luego escuchó una voz que gritaba a lo lejos y le pareció que pronunciaba su nombre. Sin duda alguna una docena de fisgones lo habían estado espiando y habían corrido a contárselo todo a su mujer. ¡Pobre Wakefield! ¡Qué poco sabes de tu propia insignificancia en este mundo inmenso! Ningún ojo mortal fuera del mío te ha seguido las huellas. Acuéstate tranquilo, hombre necio; y en la mañana, si eres sabio, vuelve a tu casa y dile la verdad a la buena señora de Wakefield. No te alejes, ni siquiera por una corta semana, del lugar que ocupas en su casto corazón. Si por un momento te creyera muerto o perdido, o definitivamente separado de ella, para tu desdicha notarías un cambio irreversible en tu fiel esposa. Es peligroso abrir grietas en los afectos humanos. No porque rompan mucho a lo largo y ancho, sino porque se cierran con mucha rapidez.

Casi arrepentido de su travesura, o como quiera que se pueda llamar, Wakefield se acuesta temprano. Y, despertando después de un primer sueño, extiende los brazos en el amplio desierto solitario del desacostumbrado lecho.

-No -piensa, mientras se arropa en las cobijas-, no dormiré otra noche solo.

Por la mañana madruga más que de costumbre y se dispone a considerar lo que en realidad quiere hacer. Su modo de pensar es tan deshilvanado y vagaroso, que ha dado este paso con un propósito en mente, claro está, pero sin ser capaz de definirlo con suficiente nitidez para su propia reflexión. La vaguedad del proyecto y el esfuerzo convulsivo con que se precipita a ejecutarlo son igualmente típicos de una persona débil de carácter. No obstante, Wakefield escudriña sus ideas tan minuciosamente como puede y descubre que está curioso por saber cómo marchan las cosas por su casa: cómo soportará su mujer ejemplar la viudez de una semana y, en resumen, cómo se afectará con su ausencia la reducida esfera de criaturas y de acontecimientos en la que él era objeto central. Una morbosa vanidad, por lo tanto, está muy cerca del fondo del asunto. Pero, ¿cómo realizar sus intenciones? No, desde luego, quedándose encerrado en este confortable alojamiento donde, aunque durmió y despertó en la calle siguiente, está efectivamente tan lejos de casa como si hubiera rodado toda la noche en la diligencia. Sin embargo, si reapareciera echaría a perder todo el proyecto. Con el pobre cerebro embrollado sin remedio por este dilema, al fin se atreve a salir, resuelto en parte a cruzar la bocacalle y echarle una mirada presurosa al domicilio desertado. La costumbre -pues es un hombre de costumbres- lo toma de la mano y lo conduce, sin que él se percate en lo más mínimo, hasta su propia puerta; y allí, en el momento decisivo, el roce de su pie contra el peldaño lo hace volver en sí. ¡Wakefield! ¿Adónde vas?

En ese preciso instante su destino viraba en redondo. Sin sospechar siquiera en la fatalidad a la que lo condena el primer paso atrás, parte de prisa, jadeando en una agitación que hasta la fecha nunca había sentido, y apenas sí se atreve a mirar atrás desde la esquina lejana. ¿Será que nadie lo ha visto? ¿No armarán un alboroto todos los de la casa -la recatada señora de Wakefield, la avispada sirvienta y el sucio pajecito- persiguiendo por las calles de Londres a su fugitivo amo y señor? ¡Escape milagroso! Cobra coraje para detenerse y mirar a la casa, pero lo desconcierta la sensación de un cambio en aquel edificio familiar, igual a las que nos afectan cuando, después de una separación de meses o años, volvemos a ver una colina o un lago o una obra de arte de los cuales éramos viejos amigos. ¡En los casos ordinarios esta impresión indescriptible se debe a la comparación y al contraste entre nuestros recuerdos imperfectos y la realidad. En Wakefield, la magia de una sola noche ha operado una transformación similar, puesto que en este breve lapso ha padecido un gran cambio moral, aunque él no lo sabe. Antes de marcharse del lugar alcanza a entrever la figura lejana de su esposa, que pasa por la ventana dirigiendo la cara hacia el extremo de la calle. El marrullero ingenuo parte despavorido, asustado de que sus ojos lo hayan distinguido entre un millar de átomos mortales como él. Contento se le pone el corazón, aunque el cerebro está algo confuso, cuando se ve junto a las brasas de la chimenea en su nuevo aposento.

Eso en cuanto al comienzo de este largo capricho. Después de la concepción inicial y de haberse activado el lerdo carácter de este hombre para ponerlo en práctica, todo el asunto sigue un curso natural. Podemos suponerlo, como resultado de profundas reflexiones, comprando una nueva peluca de pelo rojizo y escogiendo diversas prendas del baúl de un ropavejero judío, de un estilo distinto al de su habitual traje marrón. Ya está hecho: Wakefield es otro hombre. Una vez establecido el nuevo sistema, un movimiento retrógrado hacia el antiguo sería casi tan difícil como el paso que lo colocó en esta situación sin paralelo. Además, ahora lo está volviendo testarudo cierto resentimiento del que adolece a veces su carácter, en este caso motivado por la reacción incorrecta que, a su parecer, se ha producido en el corazón de la señora de Wakefield. No piensa regresar hasta que ella no esté medio muerta de miedo. Bueno, ella ha pasado dos o tres veces ante sus ojos, con un andar cada vez más agobiado, las mejillas más pálidas y más marcada de ansiedad la frente. A la tercera semana de su desaparición, divisa un heraldo del mal que entra en la casa bajo el perfil de un boticario. Al día siguiente la aldaba aparece envuelta en trapos que amortigüen el ruido. Al caer la noche llega el carruaje de un médico y deposita su empelucado y solemne cargamento a la puerta de la casa de Wakefield, de la cual emerge después de una visita de un cuarto de hora, anuncio acaso de un funeral. ¡Mujer querida! ¿Irá a morir? A estas alturas Wakefield se ha excitado hasta provocarse algo así como una efervescencia de los sentimientos, pero se mantiene alejado del lecho de su esposa, justificándose ante su conciencia con el argumento de que no debe ser molestada en semejante coyuntura. Si algo más lo detiene, él no lo sabe. En el transcurso de unas cuantas semanas ella se va recuperando. Ha pasado la crisis. Su corazón se siente triste, acaso, pero está tranquilo. Y, así el hombre regrese tarde o temprano, ya no arderá por él jamás. Estas ideas fulguran cual relámpagos en las nieblas de la mente de Wakefield y le hacen entrever que una brecha casi infranqueable se abre entre su apartamento de alquiler y su antiguo hogar.

-¡Pero si sólo está en la calle del lado! -se dice a veces.

¡Insensato! Está en otro mundo. Hasta ahora él ha aplazado el regreso de un día en particular a otro. En adelante, deja abierta la fecha precisa. Mañana no... probablemente la semana que viene... muy pronto. ¡Pobre hombre! Los muertos tienen casi tantas posibilidades de volver a visitar sus moradas terrestres como el autodesterrado Wakefield.

¡Ojalá yo tuviera que escribir un libro en lugar de un artículo de una docena de páginas! Entonces podría ilustrar cómo una influencia que escapa a nuestro control pone su poderosa mano en cada uno de nuestros actos y cómo urde con sus consecuencias un férreo tejido de necesidad. Wakefield está hechizado. Tenemos que dejarlo que ronde por su casa durante unos diez años sin cruzar el umbral ni una vez, y que le sea fiel a su mujer, con todo el afecto de que es capaz su corazón, mientras él poco a poco se va apagando en el de ella. Hace mucho, debemos subrayarlo, que perdió la noción de singularidad de su conducta.

Ahora contemplemos una escena. Entre el gentío de una calle de Londres distinguimos a un hombre entrado en años, con pocos rasgos característicos que atraigan la atención de un transeúnte descuidado, pero cuya figura ostenta, para quienes posean la destreza de leerla, la escritura de un destino poco común. Su frente estrecha y abatida está cubierta de profundas arrugas. Sus pequeños ojos apagados a veces vagan con recelo en derredor, pero más a menudo parecen mirar adentro. Agacha la cabeza y se mueve con un indescriptible sesgo en el andar, como si no quisiera mostrarse de frente entero al mundo. Obsérvelo el tiempo suficiente para comprobar lo que hemos descrito y estará de acuerdo con que las circunstancias, que con frecuencia producen hombres notables a partir de la obra ordinaria de la naturaleza, han producido aquí uno de estos. A continuación, dejando que prosiga furtivo por la acera, dirija su mirada en dirección opuesta, por donde una mujer de cierto porte, ya en el declive de la vida, se dirige a la iglesia con un libro de oraciones en la mano. Exhibe el plácido semblante de la viudez establecida. Sus pesares o se han apagado o se han vuelto tan indispensables para su corazón que sería un mal trato cambiarlos por la dicha. Precisamente cuando el hombre enjuto y la mujer robusta van a cruzarse, se presenta un embotellamiento momentáneo que pone a las dos figuras en contacto directo. Sus manos se tocan. El empuje de la muchedumbre presiona el pecho de ella contra el hombro del otro. Se encuentran cara a cara. Se miran a los ojos. Tras diez años de separación, es así como Wakefield tropieza con su esposa.

Vuelve a fluir el río humano y se los lleva a cada uno por su lado. La grave viuda recupera el paso y sigue hacia la iglesia, pero en el atrio se detiene y lanza una mirada atónita a la calle. Sin embargo, pasa al interior mientras va abriendo el libro de oraciones. ¡Y el hombre! Con el rostro tan descompuesto que el Londres atareado y egoísta se detiene a verlo pasar, huye a sus habitaciones, cierra la puerta con cerrojo y se tira en la cama. Los sentimientos que por años estuvieron latentes se desbordan y le confieren un vigor efímero a su mente endeble. La miserable anomalía de su vida se le revela de golpe. Y grita exaltado:

-¡Wakefield, Wakefield, estás loco!

Quizás lo estaba. De tal modo debía de haberse amoldado a la singularidad de su situación que, examinándolo con referencia a sus semejantes y a las tareas de la vida, no se podría afirmar que estuviera en su sano juicio. Se las había ingeniado (o, más bien, las cosas habían venido a parar en esto) para separarse del mundo, hacerse humo, renunciar a su sitio y privilegios entre los vivos, sin que fuera admitido entre los muertos. La vida de un ermitaño no tiene paralelo con la suya. Seguía inmerso en el tráfago de la ciudad como en los viejos tiempos, pero las multitudes pasaban de largo sin advertirlo. Se encontraba -digámoslo en sentido figurado- a todas horas junto a su mujer y al pie del fuego, y sin embargo nunca podía sentir la tibieza del uno ni el amor de la otra. El insólito destino de Wakefield fue el de conservar la cuota original de afectos humanos y verse todavía involucrado en los intereses de los hombres, mientras que había perdido su respectiva influencia sobre unos y otros. Sería un ejercicio muy curioso determinar los efectos de tales circunstancias sobre su corazón y su intelecto, tanto por separado como al unísono. No obstante, cambiado como estaba, rara vez era consciente de ello y más bien se consideraba el mismo de siempre. En verdad, a veces lo asaltaban vislumbres de la realidad, pero sólo por momentos. Y aun así, insistía en decir "pronto regresaré", sin darse cuenta de que había pasado veinte años diciéndose lo mismo.

Imagino también que, mirando hacia el pasado, estos veinte años le parecerían apenas más largos que la semana por la que en un principio había proyectado su ausencia. Wakefield consideraría la aventura como poco más que un interludio en el tema principal de su existencia. Cuando, pasado otro ratito, juzgara que ya era hora de volver a entrar a su salón, su mujer aplaudiría de dicha al ver al veterano señor Wakefield. ¡Qué triste equivocación! Si el tiempo esperara hasta el final de nuestras locuras favoritas, todos seríamos jóvenes hasta el día del juicio.

Cierta vez, pasados veinte años desde su desaparición, Wakefield se encuentra dando el paseo habitual hasta la residencia que sigue llamando suya. Es una borrascosa noche de otoño. Caen chubascos que golpetean en el pavimento y que escampan antes de que uno tenga tiempo de abrir el paraguas. Deteniéndose cerca de la casa, Wakefield distingue a través de las ventanas de la sala del segundo piso el resplandor rojizo y oscilante y los destellos caprichosos de un confortable fuego. En el techo aparece la sombra grotesca de la buena señora de Wakefield. La gorra, la nariz, la barbilla y la gruesa cintura dibujan una caricatura admirable que, además, baila al ritmo ascendiente y decreciente de las llamas, de un modo casi en exceso alegre para la sombra de una viuda entrada en años. En ese instante cae otro chaparrón que, dirigido por el viento inculto, pega de lleno contra el pecho y la cara de Wakefield. El frío otoñal le cala hasta la médula. ¿Va a quedarse parado en ese sitio, mojado y tiritando, cuando en su propio hogar arde un buen fuego que puede calentarlo, cuando su propia esposa correría a buscarle la chaqueta gris y los calzones que con seguridad conserva con esmero en el armario de la alcoba? ¡No! Wakefield no es tan tonto. Sube los escalones, con trabajo. Los veinte años pasados desde que los bajó le han entumecido las piernas, pero él no se da cuenta. ¡Detente, Wakefield! ¿Vas a ir al único hogar que te queda? Pisa tu tumba, entonces. La puerta se abre. Mientras entra, alcanzamos a echarle una mirada de despedida a su semblante y reconocemos la sonrisa de astucia que fuera precursora de la pequeña broma que desde entonces ha estado jugando a costa de su esposa. ¡Cuán despiadadamente se ha burlado de la pobre mujer! En fin, deseémosle a Wakefield buenas noches.

El suceso feliz -suponiendo que lo fuera- sólo puede haber ocurrido en un momento impremeditado. No seguiremos a nuestro amigo a través del umbral. Nos ha dejado ya bastante sustento para la reflexión, una porción del cual puede prestar su sabiduría para una moraleja y tomar la forma de una imagen. En la aparente confusión de nuestro mundo misterioso los individuos se ajustan con tanta perfección a un sistema, y los sistemas unos a otros, y a un todo, de tal modo que con sólo dar un paso a un lado cualquier hombre se expone al pavoroso riesgo de perder para siempre su lugar. Como Wakefield, se puede convertir, por así decirlo, en el Paria del Universo.

 

 

Helena de Cervantes
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05/03/2009 19:48 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

carta de una madre ... humor

 

 

http://blog.laopinioncoruna.es/laserinias/2008/11/05/juego-de-frases-__/

CARTA DE UNA MADRE ...............    A SU HIJO.
 
Querido hijo:

Te pongo estas líneas para que sepas que estoy viva.
 
Te escribo despacio porque sé que no sabes leer muy rapido .
Si recibes esta carta es porque te llegó, si no avísame y te la mando de nuevo. Tu padre leyó que según las encuestas, la mayoría de los accidentes ocurren a 1 kilómetro de la casa,  así que nos hemos mudado mucho más lejos; no vas a reconocer la casa. El lugar es lindo; tiene una lavadora que no estoy segura si funciona o no. Ayer metí una ropita, tiré de la cadena y no he vuelto a ver la ropa desde entonces. El clima no es tan malo; la semana pasada sólo llovió 2 veces. La primera vez por 3 días y la segunda por 4 días. Con respecto a la chaqueta que querías, tu tío Emilio dijo que si la mandábamos con los botones puestos, pesaría demasiado y el envío seria muy costoso, así que le quitamos los botones y los pusimos en el bolsillo. Al fin enterramos a tu abuelo; encontramos su cadáver con lo de la mudanza. Estaba en el armario desde el día en que nos ganó jugando al escondite. El médico vino a la casa y me puso un tubito de vidrio en la boca y me dijo que no la abriera por 10 minutos; tu  padre ofreció comprarle el tubito. Tu hermana Julia, la que se casó con su marido, está un poco embarazada, pero como todavía no se sabe de qué sexo es, no te se decir si eres tío o tía. Si el bebé es una niña, tu hermana va a nombrarla como yo. Qué raro que quiera llamar a su hija 'Mamá'. Tu primo Mauricio se casó y resulta que le reza todas las noches a la esposa, porque es virgen. A quién nunca hemos visto más por acá es al tío Venancio, el que murió el año pasado. Imagínate que tu hermano Juancho cerró el carro y dejó las llaves adentro. Tuvo que ir hasta la casa por el duplicado para poder sacarnos a todos del auto. Bueno hijo, no te pongo mi dirección en la carta, porque no la sé. Resulta que la última familia de paisanos que vivió aquí era de chejende y se llevó los números para no tener que aprenderse su nueva dirección. Si hablas con Doña Remedios, dale saludos de mi parte; si no la ves, no le digas nada no se vaya a molestar.

Tu madre que te quiere, Josefa.

P.D. Te iba a mandar 100 bolivaritos, pero ya cerré el sobre

22/02/2009 20:26 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

serie por nuestros cerros -kukenam- edilia de borges

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KUKENÁN–MATAVITEPUY (AGUA SUCIA) en dialecto indígena Pemón. Diciembre 2008
 
De nuevo con  nuestro morrales a la espalda mis amigas  y yo decidimos realizar la última excursión del año seleccionando para ello el Escudo Guayanés en la Gran Sabana, específicamente El Kukenán. Ante todo requeríamos un permiso especial  de Inparques  para la visita,  que por  ser un ecosistema muy  frágil está restringido. Con éste en mano ya en la noche del  sábado 13 subimos al autobús que desde Caracas  nos dejaría  exactamente en el poblado de San Francisco de Yuaruaní, en el Edo. Bolívar donde  nos esperaban nuestro guía y porteadores. Era temprano en la mañana y en la casa de Carlos ultimamos los detalles de todo el equipaje que necesitaríamos (alimentos, enseres de cocina, cuerdas, mosquetones, ropa, medicinas, combustible, cámaras fotográficas y toda la parafernalia inherente para tener una cómoda, segura y tranquila excursión).
Pasado el mediodía  llegó el camión que nos trasladó desde allí hasta la Comunidad  Pemón de “Paratepuy”, me instalé en la cabina delantera y atrás todos los compañeros de viaje más el voluminoso equipaje.
 

Transitamos una larga carretera  de tierra roja, que por estar seca, levanta una densa polvareda y mojada es una trampa para los cauchos, por ello sólo vehículos de doble tracción o animales de carga se aventuran en ella. Está sumamente accidentada y en proceso de erosión por la estratificación de rocas de arenisca de formación primera.  Su uso y abuso sirve de base para que en algunas partes se hayan abierto anchas y profundas grietas. Las bases de un puente instalado sobre un riachuelo de frías y tormentosas aguas están siendo socavadas. En velocidad moderada llegamos a “Paratepuy” en 45 minutos, es una Comunidad indígena y puerta de entrada para los visitantes de la Gran Sabana, acá encontramos la Oficina de Inparques donde se controla  el número de visitantes, se revisa el equipaje (a  fin de impedir que se trasladen animales, plantas, armas  o cualquier otra cosa que pueda afectar los sitios a visitar). Una vez cumplido con todos los reglamentos y con la buena pro del Guardaparques comenzamos la caminata.

 
La Gran Sabana es de relieve  variado, está formada por altas mesetas aisladas separadas entre sí  y con alturas desde 200 m.s.n.m, en las márgenes del  río Orinoco hasta los tepuyes  de paredes escarpadas y abruptas con elevaciones que superan los 2.800m.s.n.m. 
En el suroeste de la Gran Sabana muy cerca del tepuy Roraima (2.810 m.s.n.m.) que sirve de vértice fronterizo entre Vzla., Brasil y Guyana (Zona en reclamación) se yergue el  tepuy Kukenán, un monumento natural cuya formación se remonta a 400 millones de años, sus rocas son de las más antiguas del planeta (Período Pre-Cambríco).
De su cima (2.800 m.s.n.m.) se desprende un salto de agua de 610 m., considerado uno de los 4 más altos del mundo en caída libre.
Es un día especial y  despejado, el magnificente Kukenán visto desde el camino me abruma y asombra. Un día claro con sol intenso y ardiente me permite distinguir en una primera visión allá a lo lejos, una ancha y alta muralla de múltiples colores formada por la erosión de miles de años. Caminaremos hacia allá 9 km hasta el río Teck. Camino entusiasmada por un sendero  de tierra apisonada por miles de pisadas anteriores entre indígenas, lugareños y turistas, es como una cinta marrón rojiza de arenisca que a veces se rodea de piedras altas redondas, que serpentea por un mar de hierba abierta, cruzada a veces por riachuelos, bordeadas por selvas de galerías y bosques ribereños.

Caminamos  5 horas hasta el río Teck, éste es el sitio “medio” de la caminata donde casi todos se detienen a pernoctar antes de seguir camino. Hay allí unas precarias instalaciones con techo de moriche sin paredes, un largo mesón y varios bancos, es un abrigo para dormir. Sin embargo nosotros abrimos nuestras carpas a la intemperie bajo una fastidiosa llovizna, estaba anocheciendo y  en la oscuridad mientras nos preparaban la cena, bajamos una cuesta hasta el río donde el agua helada renovó nuestras energías, los fastidiosos “Puri-pur” nos hicieron huir. Esta primera noche nos acostamos temprano.
El amanecer está frío y neblinoso pero igual de encantador, con sigilo para no despertar a mi dormilona amiga salgo de la carpa con mi cámara para fotos en la mano, no es cosa de desperdiciar  el hermoso paisaje que me rodea.  Al comenzar a olerse el café recién “colao” se levantan los demás, los sordos gruñidos de mi estómago me recuerda que es hora del desayuno. Terminado éste se recogen los “peroles” y nos ponemos en camino. Hasta la cima del  Kukenán hay 25 km de caminata, pero no lo vamos hacer todo de una vez.
Por lo pronto iremos hasta nuestro primer campamento bajo techo: “La Cueva”, el camino a veces está “tapado”, pero la intuición y conocimiento de nuestro guía nos lleva con seguridad, después de subir una cuesta se ve el camino que a la derecha sigue hacia el Roraima,
nosotros nos desviamos  desde allí, la sabana va subiendo en mesetas poco a poco, la vegetación es de hierba corta enmarañada, hay profusión de árboles quemados aún en pié que semejan negras estatuas mudas y mágicas.
 
Atravesamos varios ríos bravíos que bajan del tepuy,  lo hacemos saltando a veces sobre piedras y con ayuda del bastón y de la mano del compañero, aún así en uno de ellos me caí sentada en la corriente, bueno no me importó porque el frío en mi parte trasera
me estimuló a caminar con mayor entusiasmo (deseando que se secara pronto). Piedras grandes y negras están  por doquier diseminadas, después de un buen rato nos volvemos a desviar en busca de nuestro refugio.
Llegamos. Es una especie de cueva en verdad sólo techo y profundidad hacia la pared trasera, espaciosa. Nos instalamos cómodamente  para  dormir  bajo la pertinaz lluviecita con placidez.

Un despertar tempranero con la idea de captar imágenes de todo aquél  paisaje que la naturaleza me brinda. Dejamos acá bien guardadas parte de las provisiones que no necesitaríamos  en la cima. Reanudamos nuestra caminata hacia el norte, calmados llegamos a “la base”, espacio arenoso rodeado de rocas y un pequeño  riachuelo que corre en un lado. Será la última oportunidad para acarrear agua hasta llegar a la intrincada selva lluviosa que es la “falda” del Kukenán.
El paisaje comienza a cambiar, sabemos que el tepuy está allí adelante,  pero no lo vemos porqué está cubierto de nubes, que cuando se abren los rayos del sol directo me recuerdan que estoy en una zona tropical con 27º C a la sombra. La  radiación ultravioleta es intensa. Más tarde surge  la neblina envolviendo todo de nuevo o grandes nubes que se deshacen en lluvia torrencial, bajo ella penetramos en la selva que permanece en la sombra buena  parte del día, por tanto es un hábitat húmedo muy fresco donde proliferan muchas especies de criptógamas y epífitas.

Son abundantes los grandes helechos, bromelias y diversas palmas. El aguacero me empapa y dificulta el paso, una espesa selva de troncos rectos se esfuerzan en alcanzar la luz, la enhiesta arboleda arraigada y las frondosas copas de los árboles que la cubren me impiden ver el cielo. Salto charcos de suelo barroso, rocas húmedas y resbalosas bañadas por las aguas atomizadas  de pequeñas caídas de agua desde el  vértice del tepuy  y  que semejan blancos velos mecidos por el viento, son obstáculos que hay que rodear para poder continuar el sendero que no es tal. Carlos machetea y desbroza las lianas y ramas que se interponen, aunque la temperatura es de 22º el calor y el sudor merman mis fuerzas. Subo, bajo, subo  aquél  maravilloso mundo donde no hay jejenes ni zancudos. Raíces y  troncos se ramifican en éste humedísimo ambiente. Fuertes declives y pendientes  donde los pies no pueden aferrarse bien teniendo que hacer uso  también de las manos para asirnos a los árboles y epífitas. Con la lluvia el suelo se ha vuelto un jabón y donde ha habido desprendimientos de la capa terrestre por ausencia de árboles el paso es difícil. Una apretada red de bejucos cubiertos de musgo impiden el paso. Penosamente Carlos nos abre el paso hasta que salimos de allí.
Ahora nos encontramos frente  la muralla de piedra limpia de vegetación a no ser por grupitos de líquenes y musgos adheridos a ella, la vista en picada es espectacular, la copa de los árboles abajo de la misma parece una alfombra verde muy distante, la pared que tengo enfrente chorrea  agua, la piedra tiene un matiz de color ocre impactante. El silencio es sólido. Levanto la vista y me deleito con  la  asombrosa  cascada que desciende toda la pared del tepuy  cayendo desde la cima, el desnivel del chorro de agua se pulveriza en el aire antes de alcanzar el fondo y las demás  se infiltran en la base para luego correr gloriosas convertidas en brioso río que inundará la sabana.
Una cuerda inserta a la pared sirve de apoyo para comenzar el ascenso, un impulso suave y con ayuda y ya estoy en la primera cornisa, desde acá para mi comienza lo “pelúo”, respiro hondo y profundo y subo, bajo, salto, me agarro de donde y como puedo por aquél camino rocoso con intensa fractura de los bordes. Vamos internándonos en áreas de grandes depresiones, cañones y grietas de gran magnitud. Las orillas de las paredes son muy accidentadas  y fragmentan su superficie en monolitos y torres de roca.
Llevamos horas caminando y llueve, llueve mucho. Las rocas de cuarcita duras y compactas pertenecientes al Grupo Roraima tienen un color rosado, aunque a veces meteorizan a tonos desde blancos a naranja y negros. Oscurece rápido y justamente cuando atravesamos un área peligrosa. No es prudente que continuemos. El guía decide “montar las carpas”, mientras lo hace yo con la espalda a la pared, tirito de frío, estoy aterrada pues no veo nada, no atino a encender mi  linterna, ni comimos caliente esta noche, rápido entro a la carpa, visto ropa seca, comí algo dulce, creo, y a dormir.
Y menos mal que no ví, porque al día siguiente  ¡Oh Dios! Cuando necesariamente salgo de la carpa, me “quedo helada” del miedo.

La misma estaba montada en un estrecho saledizo de piedra donde se apoya una parte y la otra parte en la orilla de la saliente limitando con un abismo. ¡Susto!  Ni sé como me aparté de allí, no sé lo que desayuné, lo que vestí,  me arrimé hacia una partecita más segura y me puse a fotografiar como loca, y faltaba
lo peor para poder continuar habría que a gatas arrastrarse por el borde angosto de la pared.
Pero a nadie le falta Dios. Carlos consiguió obviar este paso, pasamos por encima  del vértice que aún siendo peligroso también, lo era menos.

Y así comenzó otro día lleno de sorpresitas que me pusieron la piel “de gallina”. Luego de caminar otro accidentado trecho tenemos  mi “primera vertical”, subir una pared, no era muy alta (yo la vi altísima) pero mejor ayudarse con cuerda. Afortunadamente tenemos un arnés y unos compañeros solidarios.

Intimidante, con los ojos cerrados yo forcejeaba, sudaba, rezaba, mientras los demás fotografiaban y filmaban  divertidos.
“Por las barbas del Peloponeso” la verdad que tengo  unos amigos graciosos y oportunos. Superado este escollo ahora nos internamos en una especie de cueva o túnel rocoso donde fue difícil el desplazamiento por las  grietas  y piedras altas y sin apoyo.
 
 
Respiré profundo cuando salimos de allí, alegría breve. Ahora  tenemos otra pared enfrente, se sube primero el equipaje de todos, luego me toca a mí con mi reciente experiencia, aquí  casi me suben como “un paquete”.
Todos en la cima. Que sensación increíble y pletórica de felicidad, aunque llovía nos fundimos todos en un apretado abrazo por el éxito alcanzado.

Mi primera impresión de lo que veía fue de perplejidad. La zona está surcada por grandes sistemas de fracturas, la superficie fragmentada en bloques altos y bajos de grietas entrecruzadas. El suelo es impermeable y sobre él se forman ciénagas extensas y de poco fondo.

La roca es abrasiva y cortante. No veo nada verde. Jirones de niebla empiezan a rodearnos y nos apresuramos a buscar nuestro “hotel” que no está lejos.       Chapoteando nuestros pies nos llevan hacia una torre pétrea con una saliente que nos sirve de acogedor techo. 
 
Se instala nuestro campamento, mientras se prepara la cena el mismo efervesce de  actividad. Se acomodan los morrales y equipos mientras se intercambian opiniones sobre las perspectivas de lo que vamos a hacer ahora. 
El contenido de los morrales desplegado sobre el suelo rocoso da una nota colorida e insólita al lugar ahora tan lejano de la civilización. Dejamos todo el “reguero” y vistiendo trajes de baño bajamos casi con desespero al cercano río, el primer toque de agua es helado pero luego mi cuerpo se “aclimata” y agradece la frescura y caricia con que rodea mi entumida anatomía. Solaz, silencio, paisaje, el sabor único del líquido de los dioses en esta agua cristalina, la grata compañía de las amigas, todo ello se resume en una oleada de emoción que humedece mis ojos y agradecida elevo una oración de gracias a nuestro Creador. De alguna parte surge un delicioso vino y allí sentadas dentro del agua, brindamos. Brindamos por la amistad y por nuestra interesante aventura. 
Esa noche la emoción de lo vivido ese día me impide conciliar el sueño , mi mente repite la película de las emociones  de esta vivencia, dentro de mi saco en el arenisco suelo y viendo las miles y titilantes luces de las estrellas en el cielo me quedo dormida.
El trino de algún pajarillo me da los “buenos días”, el despertar es glorioso. Parecía que toda la luz del mundo se centrara diluida ante mis ojos, refulgen las charcas de agua, bullen las ígneas rocas. Es un escenario que para mi abre el telón.  En compañía de Carlos exploramos el lugar. Se presenta a la vista con todo el encanto de sus múltiples caras. Hay aguas entintadas en todos los colores-azules, son verdes, son blanquísimas, son doradas. Ningún color ni matiz falta, hasta el común marrón. Saltan sobre pétreos escalones, o se deslizan suavemente por canales rocosos. Peñascos graníticos y negros enormes, otros de arenisca con incrustaciones de minerales.
Aquí  la naturaleza se impone plenamente. Preciosas flores orgullosas de su colorido, un pequeño arbusto de florecillas rojas, margaritas amarillas. Caminamos sobre lajas de piedra planas, pozos de agua  por todos lados, dentro de ellos resplandecen los guijarros de nítido cuarzo dándoles un matiz  brillante y las plateadas laminillas de mica semejan estrellas sumergidas en el agua.

En esa extensa superficie (la que pudimos abarcar  ese día) veo a lo lejos  el perfil de enormes rocas que  moldeadas  por el agua y el viento  conforman  esculturas sub-realistas (me recordaron al Roraima).
Recogidas nuestras cosas y a pasos lentos caminamos hacia el borde del  tepuy  por donde subimos anteriormente, el descenso se efectúa con rapell, ahora es más fácil, sin embargo bajar estas paredes  merecieron mi  profundo respeto.

El transitar de vuelta  sabiendo ya lo que encontraremos  ahora es más tranquilo, llueve a intervalos, cautela y prudencia, sin apuro teniendo tiempo de sobra bajamos  las piedras y salimos de la selva  entrando en la sabana donde el sol nos castiga con fuerza. Llegamos de nuevo a “La Cueva” para dormir allí, no queríamos que el viaje se terminase, queríamos prolongarlo lo más posible. Al día siguiente llegamos al río Teck lloviendo a mares lo que no impidió que nos bañáramos en el río.
Al día siguiente después de desayunar caminamos hasta “Paratepuy”

 
donde nos esperaba el transporte regresándonos hasta San Fco. De nuevo. A todos nos fue muy bien.    
 
En la tarde subí a un autobús que me devolvió a Caracas, mis amigas se quedaron un día más para conocer la ciudad de Santa Helena de Uairén, donde les  fue muy bien.
Nos vemos en la próxima,
 
Edilia C. de Borges                                                                                                                                                             
Participantes: Marta Matos, Adriana López, Lucy Rincón y quien suscribe
Fotografías: Marta Matos y Edilia C. de Borges
Guía: Carlos Lombasto
 


 

 

13/02/2009 12:43 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. Hay 1 comentario.

maría josé mures poesía

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No es mío

 

 

Las palabras no hablan

si queremos amar sin palabras.

Contemplarte es empezar a amarte,

así empezó el fin…

te busco por calles de puerto

para tocarte, recobrar fuerzas como Anteo.

 

Puede que no tenga corazón

porque ya no es mío.

 

 

Diario

 

 

Pedí colaboración para un diario íntimo

pedí esclavo y escriba.

 

 

Sirena muda

 

 

Nadie acompaña

los días saltan con sus alarmas

una mano abierta

acalla sirenas demasiado mudas,

 

sin trapos atrapada

sin garras agarrará

el día queda sin horas.

 

 

 

Mª José Mures

Nace en Fernán Núñez, Córdoba, el 4 de abril de 1970. Es diplomada en Educación Especial por la Universidad de Córdoba y habilitada en Educación Infantil por la UNED. Es Máster en logopedia en Rehabilitación de los trastornos del lenguaje y el habla por la Universitat Politècnica de Catalunya.
Fue directora adjunta de Revista de Feria de su localidad durante dos años y después formó parte del grupo de redacción. Sus versos aparecen en Revistas Literarias como Alhucema, Caños Dorados, Pan de Trigo y otras de soporte digital. Tiene publicados tres libros: Antes del Amor, Zahorí y Cambalache este último prologado por Aimée G. Bolaños. Está incluida en la Antología de poetas de Fernán Núñez, 2006. Ha sido colaboradora en la edición del libro de Romances y canciones de Amor II, 2006, de la Diputación Provincial de Ciudad Real. En ese mismo año el Ateneo de Almagro la nombra Socia de Honor.
Fue merecedora del segundo Premio de Poesía en Alfafar, Valencia, con su poemario Zahira y en 2007 fue premiado su poemario Entre la espada y tú, amor en el V Concurso Nacional de Poesía “Caños Dorados”.

 

 

10/02/2009 19:32 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

arroyo

arroyo

Es uno de los pocos vocablos hispánicos prerromanos, que sobrevivieron a la latinización de la Península Ibérica. En su origen, se refería a un 'canal artificial para el paso del agua' y más tarde las 'largas galerías de las minas', generalmente túneles muy estrechos por los que apenas podían pasar los mineros y con esa denotación fue acogido por los romanos y empleado por Plinio.

La palabra castellana se extendió al portugués arroio y se mantuvo en el vasco arroil (foso, desfiladero entre montes). En varios dialectos italianos aparecen formas como ruga, roggia, con el sentido de 'acequia' o 'canal'.

Sin embargo, Covarrubias supone en su diccionario (1611) que la palabra está formada por el artículo árabe al antepuesto a la voz latina rivus, o a su diminutivo rivulus o, tal vez, el griego ryo (yo fluyo). Esta hipótesis se descarta actualmente
leonis ungue calamus est plus noxius
La pluma es más dañina que la uña del león
24/01/2009 13:01 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

amigos humor

¿¿¿ AMIGOS ???
 
AMIGOS FALSOS: Nunca piden comida
AMIGOS DE VERDAD: son la razón por la cual no tienes comida
AMIGOS FALSOS: le dicen a tus papas Sr. /Sra.
AMIGOS DE VERDAD: le dicen a tus papa Papa/Mama
AMIGOS FALSOS: nunca te han visto llorar
AMIGOS DE VERDAD: lloran contigo
AMIGOS FALSOS: te piden prestado las cosas y te las devuelven después de unos días
AMIGOS DE VERDAD: se quedan con tus cosas por tanto tiempo
que se olvidan que son tuyos
AMIGOS FALSOS: saben pocas cosas de ti.
AMIGOS DE VERDAD: podrían escribir unos libros con las frases que siempre usas
AMIGOS FALSOS: te dejarían botado si la multitud los separa
AMIGOS DE VERDAD: dejaría todo por encontrarte
AMIGOS FALSOS: tocan la puerta de la casa
AMIGOS DE VERDAD: entran solos y abren el refrigerador
AMIGOS FALSOS: están ahí por un rato
AMIGOS DE VERDAD: están ahí por toda la vida
AMIGOS FALSOS: hablan mal de la persona que habla mal de ti.
AMIGOS DE VERDAD: le sacarían la mierrr... a la persona que
hablo mal de ti.
AMIGOS FALSO: Ignorarían esto
AMIGOS DE VERDAD: se lo mandarían a todos sus verdaderos amigos y esperara que le llegue de vuelta ...(Pobre de ti si no me llega)
AMIGO FALSO: se entera de q estas mal cuando te ve llorar.
AMIGO VERDADERO: se da cuenta antes q vos... Si te matan hoy, perdón pero no podría estar en tu funeral, porque estaría en cárcel por haber matado a la persona que lo hizo

24/01/2009 12:46 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.

Inglés... aprender a hablarlo ( humor)

Web us come ham on

(Huevos con jamón)

Wub us come toss see no

(Huevos con tocino)

Web us tea be us

(Huevos Tibios)

Web us come shore is so

(huevos con chorizo)

Does Staks kit toes door add it toes did Pol Joe

(Dos taquitos doraditos de pollo)

Does stak kit toes did car neat as

(Dos taquitos de carnitas)

 

24/01/2009 12:44 Autor: vocessusurrosrumorygritos. #. No hay comentarios. Comentar.


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